¡Y que pase el mejor!

Newell’s y Boca, en 90’ a todo o nada en el “Marcelo Bielsa”.



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El domingo, en el polémico horario de las 21:30, Newell’s le dio una verdadera paliza futbolística al Boca ‘B’ que ni siquiera fue de Carlos Bianchi (dirigió José Castro). ¿Puede darse algo similar esta noche en el Parque de la Independencia? Todos los protagonistas coinciden: la historia que se escribirá en esta vuelta de los cuartos de final de la Copa Libertadores será diametralmente diferente. La ida en La Bombonera se cerró 0-0, por lo que en el estadio Marcelo Bielsa podría pasar cualquier cosa. Los dos equipos se juegan demasiado en este cotejo que comenzará a las 19:30 y será arbitrado por Germán Delfino. Para saber lo que ‘apuestan’ uno y otro en este trascendental partido es necesario hacer algo de historia. Newell’s nunca ganó el título continental, fue dos veces subcampeón (en 1988 le ganó Nacional y en 1992 el recordado San Pablo de Tele Santana) y, por eso, para sus hinchas es una obsesión. Vive un gran momento, porque hace apenas un par de torneos penaba en las últimas colocaciones y lo acechaba el fantasmas del descenso en el torneo local, y ahora es líder del campeonato Final, tiene serias aspiraciones en la Libertadores y se mantiene entre los mejores de la Copa Argentina. El gran hacedor de este triunfal momento es Gerardo Martino, figura de aquellos planteles de 1988 y 1992, que llegó al club que ama y rubricó su carácter de leyenda, ahora desde el banco de los suplentes. El Tata armó un equipo con aspiraciones, que presiona, juega bien, ofrece buenos espectáculos y mejores resultados. La historia, desde ya, le hace un mejor guiño a Boca, ganador de seis copas y dueño de una mística que lo hace siempre un rival de temer. La actualidad del xeneize es una paradoja en sí misma. Atraviesa por unos de los peores torneos locales de su historia (penúltimo en la tabla) y la Libertadores se abre no sólo como el único objetivo, también como la única posibilidad para salvar el semestre. Con un mago en el banco (Bianchi) y otro en la cancha (Riquelme), más una base de jugadores que aporta cierta confiabilidad, el xeneize intentará otro golpe continental, como ha dado tantos en este milenio. Las realidad son diferentes, está claro, pero las historias generales y particulares pesan. La prueba fehaciente fue lo visto el jueves pasado en La Bombonera. Newell’s se mostró como un equipo sumiso y atado en el primer tiempo, avasallado por la presión asfixiante que le impuso Boca. La contracara se experimentó el domingo en el Marcelo Bielsa, entre un equipo que necesitaba sí o sí la victoria y otro que, además de alternativo, se jugaba no mucho más que el honor. En el leproso no hay once confirmado, aunque se espera que en la mitad de la cancha el capitán Lucas Bernardi reemplace al peruano Rinaldo Cruzado (sufrió una lesión muscular) y Martín Tonso salga desde el arranque en lugar de Víctor Figueroa. El Virrey tampoco dio el equipo, pero se prevé que haya cambio de sistema táctico y de algunos nombres. El xeneize saltará a la cancha con un 4-4-1-1, con Riquelme de enganche, Nicolás Blandi como único punta y Sánchez Miño de carrilero, en lugar de Juan Manuel Martínez. La modificación obligada será la de Chiqui Pérez por el expulsado Nicolás Burdisso. Hace seis días igualaron sin abrir el marcador, entonces pasará a semis el que gane en Rosario, mientras que si repiten el resultado de la ida habrá penales y si empatan con goles avanzarán Boca. El ganador del cruce tendrá que esperar hasta los primeros días de julio para volver a jugar ya que habrá un receso por la Copa Confederaciones. Tampoco hay certezas sobre el rival. Es que en principio surgiría del cruce entre Atlético Mineiro y Tijuana, aunque si avanza el equipo brasileño y por la otra llave lo hace Fluminense (rival de Olimpia), entonces se medirán entre sí los equipos del mismo país, y el argentino que clasifique irá contra Garcilaso de Perú o Independiente Santa Fe de Colombia. Sólo para las estadísticas (aunque puede ser una tendencia) hay que decir que el equipo del Tata le costó hacerse fuerte de local en su cancha, porque ganó dos partidos (Olimpia y Deportivo Lara) y perdió el otro par (U de Chile y Vélez), mientras que Boca justamente impuso condiciones de visitante, porque triunfó en Ecuador (Barcelona) y Uruguay (Nacional), empató en Brasil (Corinthians) y perdió sólo en México (Toluca), cuando ya estaba clasificado a octavos.

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