Las abejas me salvaron la vida

Isabel es un productor agrícola de Jujuy, trabaja con yuyos y semillas de la Quebrada, los Valles y la Puna. También produce miel, la misma que le salvó la vida.

22 nov 2017 - 07:30

En la punta de una línea de puestos del mercado de productores en la feria Masticar de Buenos Aires está Bioconexión. Un cartel, una linda decoración norteña y los productos acomodados en la mesa te hacen ir inevitablemente hacia ahí. Bioconexión es una red de productores de Jujuy en la cual se busca vincular esa actividad ancestral y sus productos con la gastronomía y los mercados regionales anclando con una boca de expendio en Buenos Aires. No importa el dinero, importa la tierra cuando se habla de alimentos. Juan, uno de los dueños de Bioconexión me presentó a Isabel, uno de los once productores jujeños que viajaron a la feria a mostrar sus cosas. Bioconexión es un capítulo que profundizaremos en breve, prometo, porque es un proyecto hermoso y clave en esta historia.

Isabel tiene la sonrisa tallada. Las arrugas de la vida marcadas en ese recorrido feliz que es reírse. “Isabel es un nombre común en Jujuy. Acá se sorprenden que un hombre se llame así, yo me río” cuenta este señor de cara y manos curtidas.

Las abejas me salvaron la vida

“Los productos que traemos son de todas partes de Jujuy. De los Valles, Quebrada y Puna. Hay productos como el poroto y algunos maíces que no dan en la zona de la Puna pero si lo hacen en los Valles. Las mieles de los Valles que recién se están elaborando son muy secas y se cristalizan rápido, antes nadie creía que en la puna se hacían mieles. Estamos hablando de 2700 a 3000 metros sobre el nivel del mar”.

Isabel tiene una oratoria increíble, me va contando sobre los yuyos de la puna, Rica Rica, Suico, Arca y otros más. También produce dulce de cayote en la zona de los valles y me muestra un panalcito de miel y un vinito.

“Hace 17 años que estoy con mieles y siembro. Huerta familiar. Casi todos somos productores chicos. Siempre intercambiamos conocimientos en los carnavales, en las ferias, vamos probando nuestros productos entre todos e intercambiamos experiencias. Al norteño generalmente le gusta colaborar , hacemos la minga que es donde trabaja mucha gente. Ahí se come pero no se cobra y ahí estamos tratando de volver a nuestras costumbres ancestrales ya que nuestros abuelos lo hacían mucho y nosotros durante un buen tiempo no lo hicimos y olvidamos y ahora estamos volviendo”, cuenta Isabel mientras le brillan los ojos.

Cuando le preguntó por su familia me cuenta : “De mis abuelos recuerdo mucho, ellos no eran grandes productores pero no les faltaba nada. Sembraban lo justo para ellos y si sobraba quedaba para algún vecino que le iba mal en la cosecha en el año. Se araba con bueyes o con caballos, últimamente con burros, porque ya los animales están cambiando la raza, hay razas que están trayendo que no son los criollos que tenían las astas grandes que se podía poner el yugo, la yuguera, los arados. La cosa cambió un poco, están poniendo tractor los grandes. Los pequeños estamos con pala y pico y tenemos arados a caballo y burro. Yo soy de Puerta Del Zenta, a 55 km camino a Santa Ana, antes de la cordillera del Zenta, entre Jujuy y Salta. Luego bajé al pueblo por trabajo y ahora estoy volviendo a mis pagos”.

Las abejas me salvaron la vida

Isabel Condorí es su nombre y apellido. En medio del bullicio de la feria el es un oasis. Buenos Aires es un hormiguero movido por el calor e Isabel inmutable le pone fichas al futuro reflexionando: “Fueron muchos años de algo que nos quisieron cambiar en nuestra mentalidad. Antes la gente bajaba al pueblo y no se querían poner las ojotas ni el sombrero. Ahora mucha gente sobre todo maestros, están ayudando a que esa tradición vuelva. Hay algunos que hacen festival de la Minga donde se juntan los docentes y los pueblos originarios a sembrar el alimento y compartirlo, otros el festival de la copla, de a poquito se está volviendo. Uno que es de allá se siente orgulloso”.

Cuenta Isabel: “ Yo empecé con la miel por una necesidad. Yo era asmático y ya me ponían vacunas desde pequeño, ventolín, nebulizadores, corticoides, he tomado todos, me los conozco a todos. Cada vez necesitaba una dosis mayor si no me sentía mal, hasta que un día quise morirme, ya estaba cansado, es difícil convivir con el asma, te falta el aire y no sabes qué hacer”.

Lo veo a Isabel, entero y orgulloso. Elaborando miel, la misma que le salvó la vida.

“Mi señora me dijo que había un señor que era naturista, que curaba con yuyos, ¿ y si lo vamos a ver?, ¿Qué pierdo? No pierdo nada. Le dije a este señor que tenía asma y me pregunto. ¿Te vas a curar o no? Yo le dije que no, yo estaba pesimista y el me dijo – no chango, si vos crees en mí y hacés lo que yo te digo te vas a curar-. Bueno dije , ya tenia como 25 años de corticoides, no pierdo nada con probar. Me llevé unos yuyos, 5 o 6 clases de yuyos, me dijo que los tome con miel y que si conseguía propóleo los tome con propóleo y si podía cambiar el ventolin y el puff por un atomizador de propóleo que lo haga. Así que empecé de a poco con los yuyos, y miel y la miel me salía cara, lo poco que ganaba no me alcanzaba para comprar miel. Y me dije, ¿Y qué tal si criamos abejas y hacemos miel.? Empezamos a criar abejas, empecé a tomar miel, fui a hacer cursos sobre propóleo y sus propiedades, cambié algunos hábitos, deje totalmente el azúcar y cambie el puff por un atomizador de propóleo, al final me curé, dejé todos los corticoides y estoy sano. Las abejas son mis salvadoras y hoy puedo ganar unos pesos con ellas. Para mi las abejas son mágicas.”

Un relato mágico de un trabajador de la tierra en uno de los puntos más al norte de nuestro país.

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