Cuando comemos por tristezas y alegrías

¿Qué es el apetito emociogénico? Comemos porque estamos tristes, estamos tristes porque comemos. Muchas veces la comida se convierte en una gratificación oral que nos tranquiliza y nos lleva a la zona de confort. Cuidado.

02 jul 2018 - 11:17

Más de 400 especialistas y estudiantes de todo el país se reunieron el fin de semana último en Córdoba, en el marco de las XXI Jornadas de Medicina Nutricional y Obesidadorganizadas por Fundación Diquecito, evento en el que se realizó además el Primer Encuentro Regional Interuniversitario Presencial del Special Interest Group (SIG) de Obesidad, que reunió a investigadores y representantes de universidades de Chile, Ecuador, Brasil y Argentina.

El docgtor Arturo Rolla, Endocrinólogo Senior del Beth Israel Deaconess Medical Center y de la prestigiosa universidad de Harvard, fue el encargado del cierre magistral de este importante evento que crece año tras año. El especialista proveniente de Estados Unidos presentó una radiografía psicológica y conductual de estos tiempos, en los que el estrés y la sobreabundancia de comida a la que vivimos expuestos dentro de hábitos sociales aceptados, se agrega la presencia de otro factor anteriormente desconocido, o poco estudiado al igual que el estrés: “el apetito emociogénico”. Éste sería uno de los culpables de nuestros malos hábitos y conductas que nos llevan a ganar sobrepeso.

“Como porque estoy triste, y estoy triste porque como; esto se convierte en un círculo vicioso”, explicó Rolla, advirtiendo que este es uno de los problemas que llevan a incrementar las estadísticas de obesidad por problemas de ansiedad, depresión, autoestima baja y frustraciones. Es que la comida no es sólo “comida”, sino una gratificación oral que nos tranquiliza y nos lleva a una zona de confort, de manera que, como consecuencia de las emociones, se aumenta el apetito emociogénico y hace que comamos más de lo que debamos comer.

A su vez, la obesidad lleva a las personas a padecer la estigmatización y discriminación y a enfrentar problemas de mala adaptación psico-económico social, que llevan a cerrar el círculo vicioso de obtener gratificación ante estas situaciones a través del deseo de comer para saciar el apetito emociogénico.

“Esto nos aumenta el apetito emociogénico, nos hace comer en exceso y a preferir comidas de alto contenido energético; las grasas dulces como chocolate, cremas heladas, dulce de leche, dan aún mayor confort emocional”, argumentó Rolla ante una atenta audiencia.

Muchas personas comen por estrés, que es un comportamiento aceptado por todos, pero poco estudiado. Según estadísticas brindadas por el especialista, para el 80% de las personas las situaciones estresantes los llevan a comer más, mientras que en el 20% de los casos los hace comer mucho menos.

Cuando comemos por tristezas y alegrías

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