En la calle y por la vida

Redacción

Por Redacción

Cargada de años y dolores.

Pequeña. Tanto que no superaba en mucho la baranda del palco que tenía por delante. Enclenque. De modo que el sindicalista Víctor De Gennaro tuvo que ayudarla a llegar y a mantenerse en pie. Pero con la misma convicción y fuerza con que a lo largo de 31años está instalada en la escena pública.

Así, a las 12:45, Nora Cortiñas, Madre de Plaza de Mayo, definió por qué para esa hora una parte de la Argentina estaba movilizada a lo largo y ancho del país:

¡Se trata de la vida, de defender la vida! ¡Se trata de insistir e insistir: nunca más! ¡Nunca será poca esa insistencia mientras nos sigan asesinando! ¡Carlos Fuentealba luchó en favor de la vida! ¡Luchó por una mejor educación, por mejores condiciones de vida para sus alumnos: sigamos su ejemplo, que es de vida plena! fue en síntesis la reflexión de Nora Cortiñas ante una diagonal Norte convertida en espacio público de protesta por el asesinato del docente neuquino.

Desde el bellísimo edificio de los Tribunales del Trabajo, miles de papelitos se descargaban sobre la compacta ocupación de la tradicional arteria. A sus flancos, los pisos de empresas privadas mantenían muy cerradas sus ventanas.

La movilización fue compacta. Militancia, sí. Pero mucha clase baja y clase media ligadas a la docencia. Un pibe rubio de ojos tan claros que parecen no existir, bate sin furia un bombo, un pegar y pegar ajeno a aspiraciones revolucionarias. Simplemente sumado en respetuosa regla al orden y disciplina que impera en las columnas que convergen.

Aníbal Ibarra cruza la diagonal antes de la llegada de la cabeza de la CTA al palco instalado en la intersección con Maipú. Alguna gente lo saluda. Otros, emiten gestos de acordarse mal de él, pero respetan el cuadro de situación.

En un claro de la vereda, junto a la entrada del Hotel Continental, irrumpe una columna con la consigna: «Olé, olé / olé, olá/ como a los nazis / los iremos a buscar». Jorge Sobisch y el cabo Poblete colocados a modo de sinónimos de nazis de pura madera.

Un setentista norteamericano no aguanta asistir a tanto ruido y color sin meterse en él. Cámara en mano saca fotos y pregunta. Una joven le explica en inglés académico. «Viví mucho en Europa, mi padre era diplomático», dice. El turista entiende y se queda hasta el final.

Y llegó el turno del discurso de Hugo Yasky, líder de CTERA. Bajo el influjo de emociones a raudales, la moto se le dispara hacia distintos lados. Habla incluso de tener en «claro quiénes son los enemigos de clase».

Luego, la endeble y valiente Nora Cortiñas. «Se trata de defender la vida, nada más ni nada menos que de eso», dice. (ABA)


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