El “Lobo suelto” de Jorgela Argañarás
Hasta el 30 se exponen en el Centro Cultural Borges las obras de la artista plástica rionegrina
“Creo que la pintura me salva de la locura”, dice la creativa viedmense.
Con la intervención de la curadora Maggie de Koenigsberg, la artista plástica viedmense Jorgela Argañarás expone sus últimas y apasionadas pinturas, “Lobo suelto” en el Centro Cultural Borges de Buenos Aires. Una hermosa oportunidad para conocer la magnífica capacidad creativa de una mujer imparable que fue bailarina, instructora de yoga, y comenzó a pintar sin ningún tipo de soporte o formación, hasta que en el 2000 inició su aprendizaje. En el taller de Nora Corradetti, primero, y la continuó con Juan Astica. Estudió dibujo con Roberto Páez y pintura, también con modelo vivo, con Ariel Mlynarzewicz. Además, tiene hijos y desde hace veinte años es agente de prensa de muy destacadas figuras nacionales e internacionales de la música y el espectáculo.
“Pintar es una necesidad expresiva, sin duda. Creo que la pintura me salva de la locura”, dice ella a “Río Negro”.
“De alguna manera, toda mi vida estuvo ligada al arte. Desde muy chiquita y hasta los treinta y tantos, de la mano de la danza. Fui bailarina durante años, trabajé, viví de eso, y cuando dejé de bailar, empecé a buscar un camino más vinculado a la filosofía oriental. Hice un instructorado en yoga, en eutonía, en yogaterapia. Hasta que me agotó y arranqué con la agencia de prensa. Paralelamente ya estaba en producción de espectáculos de música, arte muy vinculada a mí. Hice algunos laburos como coreógrafa en cine y cuando largo todo ese espacio expresivo, comienzo a pintar sola, en casa.
– ¿Cómo fue el proceso, la búsqueda, hasta conformar lo que ahora estás exponiendo?
–Lo que está en la muestra del Borges, “Lobo suelto”, surgió después de mucho laburo, de series tras series, de muchas muestras que salieron a la luz y otras quedaron en casa. Cuando terminé de armar lo que iba a al Borges, me puse a pintar con una libertad que nunca tuve. Y probando cosas nuevas, aparecieron los lobos. “Lobo suelto” está relacionado con una canción de Lisandro Aristimuño, “Lobofobia”, escrita en un momento que no estuvo bien, bastante encerrado, con ataque de pánico. Y el lobo me simboliza el cuco, todo lo que nos impide salir adelante, animarnos, hacer cosas, una muestra de pintura, ser felices, ser libres. No sé. Es una canción que todo el tiempo estoy cantando, tarareando. Y es impresionante porque comencé a pintar unos bosques con mucha profundidad, también mares, alguna ciudad perdida y un lobo agazapado, presente. En cualquier momento te pega una mordida, un zarpazo. Entonces, hay que estar atentos… Y salió una serie delirante que es la que ahora expongo.
–¿En cuántos de esos personajes anónimos estás vos?
–Y… en muchos. Vos sabés que Roger (Haloua), el director del Borges, me dijo: son autorretratos.
EDuardo Rouillet
erouillet@rionegro.com.ar
“Creo que la pintura me salva de la locura”, dice la creativa viedmense.
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