La Revolución del riego VII: La huella silenciosa de los galeses

Un canal construido por colonos galeses a comienzos del siglo XX todavía recorre la Isla Grande de Choele Choel. Una obra discreta que sigue contando su historia.

La construcción del canal de irrigación en la Isla Grande de Choele Choel constituye una de las obras hidráulicas más relevantes del norte patagónico a comienzos del siglo XX. Impulsada por el Estado, pero ejecutada fundamentalmente por colonos galeses, la obra permitió encauzar las aguas del río Negro y sentar las bases para el desarrollo agrícola de la isla.

Desde sus inicios, el proyecto estuvo estrechamente ligado al saber práctico y al esfuerzo de esta comunidad inmigrante, acostumbrada al trabajo de riego en condiciones adversas. Con herramientas simples, trabajo manual y tracción a sangre, los galeses afrontaron una tarea que transformaría de manera definitiva el paisaje y el destino productivo de Choele Choel.

El traslado de los colonos se realizó por vía marítima hasta Bahía Blanca y, desde allí, por ferrocarril hasta Choele Choel, adonde arribaron a la isla el 24 de septiembre de 1902. El espacio previsto para su asentamiento era el lote 22 de la sección II, ubicado en el extremo noroeste de la isla. Sin embargo, aunque ese sector había sido formalmente destinado a tal fin por decreto del 14 de febrero de 1911, y su trazado y subdivisión se resolvieron el 30 de noviembre del mismo año, la disposición no se hizo efectiva sino hasta 1920.

Mapa de la ubicación reserva para el asentamiento de los galeses

Cabe señalar que los colonos galeses no se establecieron en el pueblo de la reserva, sino que ocuparon parcelas agrícolas distribuidas en las secciones I, II, III, IV y V. de la isla.

Una obra dirigida por Edward Owen

Los primeros trabajos comenzaron en 1902, bajo la conducción técnica del ingeniero Edward Owen, de origen galés y profundo conocedor de las obras de irrigación desarrolladas en la Patagonia. Owen tuvo a su cargo el trazado del canal, la organización de las cuadrillas y la gestión de los materiales necesarios para una obra que, en sus primeras etapas, se ejecutó casi en su totalidad a pala y caballo.

Para noviembre de ese año ya se habían excavado 3.300 metros de canal, con un ancho de 9,5 metros y una profundidad de 1,5 metros. El proyecto completo contemplaba además la construcción de 11.500 metros adicionales de canal, 4.600 metros de grandes terraplenes y cerca de 10 kilómetros de defensas menores, destinadas a proteger los campos de las crecidas del río Negro. La pendiente natural del terreno —de 10 centímetros cada 100 metros— favorecía el escurrimiento, aunque la falta de maquinaria moderna y materiales adecuados obligaba a redoblar esfuerzos.

Ante la magnitud de la obra, el gobernador del Territorio Nacional de Río Negro, José Eugenio Tello, gestionó los fondos necesarios para garantizar su continuidad. El 9 de diciembre de 1902, una ley autorizó la inversión de $50.000 moneda nacional para avanzar con la construcción del canal de irrigación en la isla.

La inauguración del canal y su legado

El 24 de septiembre de 1903, Choele Choel vivió una jornada histórica con la inauguración de la primera sección del canal. Ese día se abrieron seis compuertas de madera y, pese a la bajante del río Negro, el agua comenzó a correr a una velocidad aproximada de 6 km/h, confirmando la eficacia del diseño y de los trabajos ejecutados.

Para ese momento, los colonos galeses habían construido 21.430 metros lineales de canal y unos 7.000 metros de terraplenes, en una obra reconocida por su solidez técnica y su eficiencia económica. Meses más tarde, los planos de la segunda sección fueron evaluados por el ingeniero Gunardo Lange, quien tras una inspección detallada destacó la calidad del canal existente, cuya compuerta permitía un desagüe de 10 m³ por segundo.

Con el paso del tiempo, las limitaciones del sistema se hicieron evidentes durante las bajantes estivales del río Negro, lo que motivó nuevas obras a partir de 1942, con la construcción de una bocatoma exterior a la isla. Aun así, amplios tramos del antiguo canal galés continúan hoy integrados al sistema de riego regional, llevando agua a la isla como testimonio del esfuerzo colectivo y de la capacidad técnica de quienes lo construyeron.


La construcción del canal de irrigación en la Isla Grande de Choele Choel constituye una de las obras hidráulicas más relevantes del norte patagónico a comienzos del siglo XX. Impulsada por el Estado, pero ejecutada fundamentalmente por colonos galeses, la obra permitió encauzar las aguas del río Negro y sentar las bases para el desarrollo agrícola de la isla.

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