El nuevo populismo empresarial
La conexión entre ciertos empresarios y una sociedad saturada con los políticos tradicionales puede permitir candidaturas presidenciales desde el mundo de los negocios

Carga negativa, práctica positiva.
1. El buen populista
La palabra populista no siempre tuvo una carga emotiva negativa. No siempre generó rechazo o se usó para descalificar. Hasta Alberdi tiene varios momentos populistas cuando defiende a los gauchos federales y empieza a trabajar con Urquiza a partir de 1852.
Universidades en apuros
El partido populista en EE.UU tuvo un desarrollo histórico positivo (1892 a 1909) con ecos hasta la actualidad. Barack Obama en 2016 salió en defensa de una lectura positiva del populismo en una conferencia de prensa junto a Peña Nieto y Trudeau en Ottawa, Canadá. El populismo en la historia de EE.UU tiene un pasado olvidado como fuerza contradictoria en tiempos de acumulación y ostentación, la “gilded age” (1870-1900). En aquel 2016, en EEUU, los dos líderes más dinámicos eran Sanders y Trump, dos formas de populismo diferentes.
El populismo puede ser socio del republicanismo pero también puede ser su peor enemigo. Quizás sea inevitable ciertos aspectos populistas en la política de minorías y mayorías. En los hechos todos practican el populismo pero lo usan como adjetivo para denostar a sus adversarios.
Franklin D. Roosevelt en plena década del 30 comenzó la reconstrucción teniendo que enfrentar a otro populista más radical, Huey Long, famoso Gobernador de Luisiana (1928-1932). Ya como Senador, Long fue asesinado antes de presentarse a la elección en la que Roosevelt arrasó en 1936.
Históricamente hasta los Reyes desarrollaban campañas en orfanatos y hospitales para controlar su imagen y “el problema social”. Lo mismo las potencias imperiales con sus colonias, especialmente ante los procesos de liberación nacional.
La demagogia religiosa siempre estuvo presente, en credos mayoritarios y minoritarios, cultos antiguos y nuevos. El papado de Francisco fue su clímax global.
Hasta el FMI y Kristina Georgieva, en su neocolonialismo, tiene un perfil populista cuando baila tango y se saca fotos con la camiseta Argentina cual estrella de rock en pleno concierto.
El populismo judicial de Comodoro Py es conocido. Desde la década del 90 las denuncias prometen acabar con la corrupción pero se han transformado en un espectáculo que genera amnesia y oculta todo en un ciclo de nuevas denuncias. Distracción judicial que Milei consagró con un caso ya olvidado.
La Corte ha dado al populista más intenso que suele hablar de populismo judicial para criticar a sus pares. El populismo es una cultura transversal antes que un adjetivo para denostar rivales.
2. Los empresarios como populistas
El populismo está mutando hace tiempo. En la era del narcisismo desenfrenado es fácil ver cómo cualquier persona o empresa con audiencia tiene que desarrollar una faceta potencialmente populista, demagógica y hasta payasesca.
Lo pop, lo popular y los populismos tienen una estructura en común. Así, lo público y lo publicitario. Como ya dijimos hace un mes, lo nuevo es la llegada de los empresarios nacionales en esa esfera híbrida público-privada que siempre fue la política. No sólo en Trump hay una figura pública que mezcla aspectos empresariales y religiosos.
Los empresarios del fútbol y medios sólo muestran sus músculos. En cambio, los empresarios tecnológicos ofrecen presente y futuro, prestan servicios y construyen un horizonte en las pantallas. Podrían encabezar una fórmula, ser vicepresidentes o ser ministros de áreas estratégicas. Fracasar con Kicillof, reincidir con Massa o arriesgar con Milei en 2027.
Musk o Galperín tienen una conexión directa y real con la sociedad. No sólo la fe en el progreso a través de las plataformas, de la tecnología, esa fantasía participativa. Tienen una acción directa, proveen servicios y dan herramientas. Eso que la política perdió. La dirigencia tradicional renunció a la acción, a reparar y a reconstruir. Sólo espera un colapso que la llame a ocupar un vacío. Y quizás la realidad lo provea. Pero será una oportunidad para regresar al pasado y empeorar un ciclo ya terminado.
Galperín capitalizó el odio social contra los bancos, contra el sistema financiero, de la misma forma que Milei usó el odio contra el sistema político. Muchos no tenían cuenta bancaria, tenían mercado pago y lo preferían siempre. Las familias endeudadas son el lado oscuro de esa hegemonía cultural que en sus consecuencias puede terminar siendo otro populismo autolesivo. Milei es un poco como Mercado Libre. Todos se quejan pero todos lo usan. Todos están usando y seguirán usando la plataforma que Milei creó. Incluso sin Milei.
* Abogado y Profesor de Derecho Constitucional.

Carga negativa, práctica positiva.
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