EE. UU.: será Trump vs. Clinton

Redacción

Por Redacción

Tanto Hillary Rodham Clinton como Donald Trump fueron, tal como se esperaba, los grandes ganadores del histórico “supermartes”. El “New York Times” titulaba en la madrugada del miércoles argentino: “Trump abruma al resto de los candidatos republicanos”. Y no se quedaba corto. El magnate nacido en Queens ganó siete de once estados y, pese a no poder llevarse Texas, que ofrecía un total de 155 delegados para el partido republicano, se llevó 234 delegados en un solo día, llegando a 316 delegados totales (se necesitan 1.237 para garantizar la nominación). Su perseguidor Ted Cruz –y no Marco Rubio, como esperaba el establishment republicano– tiene casi 100 delegados menos que Trump y su futuro electoral es realmente muy complejo. Los estados que vienen por delante aparecen con un claro liderazgo de Trump, con un agravante para sus competidores como Cruz. Varios de esos estados importantes por delante son con circunscripciones uninominales. Es decir: el que gana el Estado se queda con todo. Por ejemplo, si tal como señalan las encuestas Trump gana Florida, se llevará él solo 99 delegados. Es una diferencia sustantiva si pensamos por ejemplo que, en los estados en donde este martes Trump no ganó, sí se llevó en cambio delegados. Como pasó en Texas, Oklahoma o Alaska, donde la diferencia fue mínima: Cruz apenas se llevó un delegado más. Es decir: el supermartes ha sido consagratorio para Trump, en tanto cruzó el Rubicón de los 300 delegados en sus primeros cinco días de elecciones. De los 1.237 que necesita para acceder a la nominación, ya alcanzó el 25%, además de triunfos en diez distritos. Algunos de ellos muy contundentes. La victoria, por otro lado, de Clinton es casi tan aplastante como la de Trump, aunque al final de la noche el senador Bernie Sanders obtuvo mejor resultado para lo que resta de la campaña y las primarias. Al igual que Trump, la candidata demócrata eligió el estado de Florida para instalar su búnker de campaña. Allí, con muchísima energía y cuando Sanders solo tenía un estado a su favor de los cuatro que terminó ganando, salió a nacionalizar con todo la campaña. Hillary saludó brevemente a su competidor demócrata por su, hasta ese momento, única victoria –Vermont– e inmediatamente pasó a discutir con Trump. Por sobre cualquier análisis, este es el síntoma más contundente de quién será el candidato a vencer en noviembre. Cuando Clinton dice: “No tenemos que hacer a Estados Unidos grande de nuevo” (“Make America Great Again”, el eslogan de campaña de Donald Trump) sino “hacer un solo Estados Unidos”, está sacando de la cancha ya no solo a Sanders, sino también a Cruz y Rubio. El fenómeno Sanders, sin embargo, no parece haber tocado su techo. El senador demócrata socialista de Vermont no solo ganó su estado por casi el 90% sino que obtuvo victorias importantes en Colorado, por casi 20 puntos, y Minnesota por casi 25 puntos. Massachusetts fue una derrota dignísima para el outsider demócrata, porque fue un final de 51 a 49 a favor de Clinton. La elección fue tan ajustada que la agencia AP llegó a publicar que el estado vinculado históricamente a la familia Kennedy había quedado en manos de Sanders. Con cuatro estados ganados, cinco en total si contamos New Hampshire, Sanders no parece estar para nada retirado de la campaña y este domingo, a diferencia de lo que acaba de anunciar el neurocirujano Ben Carson para el debate de este jueves, irá a Michigan, donde todavía faltan hacerse las primarias, a debatir una vez más con Hillary Clinton. Los debates, para una campaña con menos recursos como la de Sanders, son el momento más esperado para seguir creciendo y mejorando sus posibilidades. Y un mal momento para Hillary, que ya no ve la hora de discutir con Trump más que con un competidor como Sanders, que se mostró consistente discursivamente y con muchas posibilidades para incomodarla. Mientras los republicanos piden que Hillary sea procesada, Sanders la corre por izquierda y la incomoda por los acuerdos y el financiamiento de la campaña que tiene la exsenadora por Nueva York. Clinton ha desarrollado una marca a lo largo de los años. Esa marca a veces, como en el 2008, le jugó en contra. Y si bien debe tener presente las palabras del propio Sanders, que en uno de los últimos debates le dijo: “Señora, usted todavía no está en la Casa Blanca”, el “supermartes” fue un gran test aprobado por Hillary Clinton. En sus primeros comicios a escala nacional, por mucho la elección más importante hasta noviembre, Hillary mostró contundencia en distritos claves como Texas, donde puede pensar que pasa con tranquilidad las críticas recurrentes a su desempeño en el Departamento de Estado, que tantas primeras planas de diarios ocuparon. Sin embargo Hillary en algún sentido baila con la más fea: tiene ocho años de presidencia demócrata en sus espaldas. Eso normalmente empuja a los votantes norteamericanos naturalmente al cambio, por la cultura de que la democracia es un poco también alternancia. Al mismo tiempo en los procesos electorales siempre prende un poco la idea de cambio. Es lo que entusiasma a los electorados y Hillary tiene que hablar bien de la presidencia de Obama y vender un poco de mejoras para intentar retener la Casa Blanca cuatro años más en manos del Partido Demócrata. Es en ese sentido donde Sanders corre con más ventaja, además de su carisma, puesto que tiene una historia que respalda lo que vende: avanzar hacia un sistema más equitativo, siempre en el contexto de un capitalismo desarrollado como es el norteamericano. Por eso es frecuente escuchar en las exposiciones del senador por Vermont comparaciones con los países desarrollados en donde el bienestar está, desde su punto de vista, más y mejor asegurado que en el norteamericano donde, según Sanders, el capitalismo funciona fundamentalmente a favor de los que lo obsesionan: los multimillonarios. En los últimos días el presidente Obama, desde California, habló de la interna republicana y aceptó lo interesante y divertido de la prédica de Trump, pero afirmó que su confianza en el pueblo norteamericano le hace, “todavía”, creer que Donald Trump no será el presidente de Estados Unidos . Pero los números lucen claros. Será, casi con seguridad, Hillary contra Trump desde agosto para ver quien en noviembre consigue los electores suficientes para ser elegido el 45º presidente de Estados Unidos. El “supermartes” fue una confirmación importantísima para ambos candidatos de lo que se espera en los próximos dos meses.

Opiniones

Franco Rinaldi


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