España toma el control de Cataluña y llama a votar para frenar la secesión
Rajoy contestó disolviendo la Cámara y el gobierno regional y llamando a elecciones en diciembre. Recibió masivo apoyo internacional, incluso de Argentina.
Finalmente, se produjo el temido “choque de trenes” en la crisis abierta por el desafío soberanista catalán. El Parlamento regional en Barcelona aprobó la creación de una república independiente y Madrid respondió disolviendo la Cámara y el gobierno regional y convocando elecciones autonómicas para frenar la secesión. La decisión del gobierno español recibió un apoyo casi unánime de la comunidad internacional, que rechazó el movimiento separatista.
La puja de poderes, inédita en 40 años de democracia en España, abre un capítulo de consecuencias imprevisibles que se extenderá por lo menos hasta el 21 de diciembre, la fecha fijada por el gobierno central de Mariano Rajoy para concurrir a las urnas.
El primer foco de conflicto en una jornada histórica se abrió en Barcelona, donde el Parlamento regional aprobó crear una “república independiente” en un plazo no estipulado: la ruptura total con la que amenazaba el gobierno soberanista de Puigdemont.
“Constituimos la república catalana como Estado independiente y soberano, de derecho, democrático y social”, indica la resolución presentada y respaldada por el grupo Junts pel Sì del “Govern” y el partido antisistema CUP (Candidatura de Unidad Popular).
Mientras, miles de personas en las calles celebraban dando por hecho la nueva república. Por la noche, también hubo marchas a favor de permanecer en España.
El texto se limita a instar al “govern” a iniciar un “proceso constituyente” que acabe en una Constitución catalana, pero no implica una declaración de independencia, porque las fórmulas decisivas figuran en una parte no sometida a votación, para evitar posibles consecuencias penales. Además, el voto fue secreto, por lo que no se puede probar quién dijo “sí” y quién dijo “no” a la iniciativa.
Sin embargo, el voto en el “Parlament” abrió un terremoto político y una catarata de reacciones políticas, judiciales y económicas, comenzando por la más drástica: la aprobación en el Senado de las medidas pedidas por el gobierno de Rajoy para intervenir en la autonomía de Cataluña mediante el artículo 155 de la Constitución.
Tras esa aprobación, un Consejo de Ministros discutió las primeras medidas de la intervención, que fueron más allá de lo previsto por la inesperada convocatoria de elecciones en diciembre .
Además de la destitución del “Govern” y la convocatoria a las urnas, Madrid aprobó disolver las delegaciones del gobierno catalán en el extranjero (excepto la de Bruselas) y diversos organismos autonómicos. “Estamos viviendo hoy una jornada triste en la que la sinrazón se ha impuesto a la ley y ha derribado la democracia en Cataluña”, sostuvo Rajoy . El mandatario conservador insistió en que la intervención en Cataluña no busca suspender su autonomía, sino restaurarla, y anunció por eso las elecciones: “Son las urnas, las de verdad, las que tienen ley, controles y garantías las que pueden sentar las bases de la convivencia”. Además, la Fiscalía General del Estado presentará una querella contra los parlamentarios de Cataluña y del “govern” por rebelión, castigado con 30 años de prisión.
Las reacciones dentro y fuera de España se multiplicaron. El socialista Pedro Sánchez, líder de la oposición dijo: “Estoy convencido de que la unión entre compatriotas prevalecerá. Cataluña seguirá siendo España”. Desde Bruselas, el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, ratificó el apoyo de la Unión Europea (UE) a Rajoy: “España sigue siendo nuestro único interlocutor”, dijo. Socios europeos como Alemania, Italia o Francia, latinoamericanos como Argentina, la ONU o la OTAN cerraron filas con Rajoy y anunciaron que no reconocerían la independencia unilateral de Cataluña. También EE.UU. apoyó a Madrid. “Cataluña es una parte integral” del país, dijo la Casa Blanca.
“Vienen horas en las que tendremos que mantener el pulso de este país, tendremos que mantenerlo en el terreno de la paz, el civismo y la dignidad”.
Carles Puigdemont, jefe del Gobierno catalán.
“No se trata de suspender la autonomía, sino de devolverla a la ley y a la concordia (…) Es urgente devolver la voz a los ciudadanos catalanes”.
Mariano Rajoy, jefe de Gobierno español.
Un escenario complejo e imprevisible
Tras las previsibles decisiones de los gobiernos catalán y español, quedan más interrogantes que certezas. El principal: cómo se materializará la destitución del jefe del gobierno catalán y su gabinete, que se hará efectivo en las próximas horas. Disuelto también el “Parlament”, será difícil que Cataluña continúe su ruta independentista. Sin embargo, tampoco resultará fácil a Madrid implementar su hoja de ruta . Entidades civiles y fuerzas políticas soberanistas tienen un gran poder de convocatoria que volvieron a mostrar ayer . Ya llamaron a responder con “desobediencia civil masiva” a la intervención. El “govern” se negará a obedecer “órdenes de Madrid”, un boicot que dificulta cualquier control de la administración.
Datos
- “Vienen horas en las que tendremos que mantener el pulso de este país, tendremos que mantenerlo en el terreno de la paz, el civismo y la dignidad”.
- “No se trata de suspender la autonomía, sino de devolverla a la ley y a la concordia (…) Es urgente devolver la voz a los ciudadanos catalanes”.
Finalmente, se produjo el temido “choque de trenes” en la crisis abierta por el desafío soberanista catalán. El Parlamento regional en Barcelona aprobó la creación de una república independiente y Madrid respondió disolviendo la Cámara y el gobierno regional y convocando elecciones autonómicas para frenar la secesión. La decisión del gobierno español recibió un apoyo casi unánime de la comunidad internacional, que rechazó el movimiento separatista.
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