Agosto
¡Interminable, eterno, insoportable agosto! Agosto se encoge, se oculta, se agazapa lo suficiente para el envión de septiembre. Y es aún tan invierno, muerde tanto el frío, que parece equivocarse el calendario. No viene septiembre, el tiempo se detuvo en este interludio opaco, gris, donde el cambio climático parecería haberle birlado al Valle ese sol de cielo azul maravilloso. Entonces, el invierno se elonga. Grávido agosto, en realidad. Porque la sensación térmica, la mía, de techo gris nuboso y árboles desnudos, es desmentida, bien que tímidamente, por los primeros brotes, las hacendosas manos podando rosales, revolviendo césped… Grávido agosto en historia, en simbología, debo también reconocer, ante un indignado mes que me reprocha: no tendré la fama de los idus de marzo, pero… Pero sí, resulta que en esos pueblos latinos de la antigüedad –aún no tocados por la culpa judeocristiana– agosto era muy importante. Según cuentan, el 13 se celebraba la fiesta a Diana, deidad de los montes, bosques, de la naturaleza toda. Considerada diosa de la Luna y reina del Cielo, se celebraban en su honor y por su favor ceremonias purificadoras (todavía no averigüé de qué se purificaban) y donde mujeres con antorchas iluminaban los bosques, agradeciendo a la Diosa su asistencia en el parto. *** La otra historia –la nuestra– ha reducido esta festividad eminentemente femenina a una mujer cazadora, que esperaba favores sangrientos, productos de la muerte de los hijos del bosque. La otra historia, también la nuestra, en la tradición católica, dice que el 15 de agosto se celebra la asunción de María Virgen. Como era inmaculada, su cuerpo no fue corrompido por la muerte, y allá a lo lejos y a lo alto, fue coronada como Reina del Cielo. Como fue su costumbre, la Iglesia combinó el combate al paganismo de forma violenta, con la impostación de sus festividades superpuestas a las antiguas. Por eso la notable coincidencia de días y personajes en este agosto agazapado, preñado de futuro y de pasado. Y como aún el calendario oficial no se ha despegado de la religión predilecta, ni ha dejado el Estado de pagar sueldos a jerarquías varias, tuvimos el 15 de agosto en rojo furioso hasta hace poco. Ahora, otras liturgias resisten la secularización de nuestra sociedad, para bien o para mal, no sé. Días hay que absuelvo, días hay que condeno. Agosto sigue enrostrándome su enorme importancia, aunque para mí ya debería terminar, y recién empezó su tarea preprimaveral. Contiene el aniversario del general José de San Martín el 17, y cruzada la mitad del mes, estaremos en tiempo de descuento. Y agosto me reserva el impacto final: me dice que recuerde, que convoque aquel feriado del 15, ese año 1.972, esa cárcel en Rawson. Que me vea, parte de una fuga que aprovechó el feriado católico para concretarse, con suerte diversa –la mayoría tuvimos que quedarnos– y trágico final, con lo mejor de la militancia fusilada. Okey, agosto. Grávido, imponente agosto. Transitaré tus días aún cortos y tus noches aún largas con más respeto. Lo prometo.
MARíA EMILIA SALTO bebasalto@hotmail.com
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