Ahora, a esperar lo que manden las urnas

A 2 DIAS DE LAS ELECCIONES

Jugados a todo o nada, como debe ser, llegan a la elección del domingo los principales aspirantes a la gobernación. Una encrucijada de esas que la política les presenta cada tanto y que los mismos protagonistas suelen esperar ansiosos por poner en juego su legítima vocación de poder. Arrebatados, sensibles, contradictorios. Como debe ser.

Por algún incómodo desacople, la sociedad civil no marcha al convite con el entusiasmo de antaño. El rionegrino medio dejó a los actos y caravanas huérfanos de espontaneísmo y no pudo reprimir algún gesto de alivio con los cierres de campaña.

Ajenos a esa minucia, peronistas y radicales van a las urnas con sus espadas afiladas y el convencimiento de que confrontarán en un mano a mano con terceros a prudente distancia.

El oficialismo consiguió construir en torno a la moderación de Miguel Saiz su propuesta, un mérito nada menor a juzgar por el lastre de ocho años de veranismo que le toca arrastrar.

Como un fisiculturista que infla los bíceps, la UCR sacó a relucir su intimidante stock de punteros y recursos en el último tramo de campaña, sin cuidado ninguno por el rechazo que supuestamente genera en la gente la red clientelar.

Otro dato saliente es que el partido de gobierno dejó a un costado los símbolos de su historia centenaria y eligió abroquelarse en su nuevo perfil de fuerza provincial, sin apelar a ningún acompañamiento de referentes nacionales.

Bien distinto es el planteo del PJ. Carlos Soria caminó por la cornisa de negarse a si mismo para conseguir la bendición del presidente Kirchner, convencido de que será su carta de triunfo.

Pero también recorrió la provincia sin mezquinar kilómetros y elaboró un corpus de propuestas en la que sobresalen unas cuantas audacias. Prometió, por ejemplo, eliminar la emergencia económica, reducir impuestos en un 33 por ciento y liquidar la coparticipación en forma diaria y automática.

La aspiración del líder del Frente Grande Julio Arriaga por meter cuña en el bipartidismo tiene cimiento respetable en la adhesión masiva que cosecha en Cipolletti, pero es una incógnita qué tan bien puede irle en el resto de la provincia.

Y el MARA, con el timón de Eduardo Rosso, también cosecha un buen número de descontentos que pueden garantizarle, en el mejor de los casos, un espacio de influencia legislativa.

Con la adrenalina contenida de hoy y mañana, se impone la reflexión sobre el futuro que se abre para la provincia. Cualquiera sea el resultado, puede darse por seguro que la hegemonía radical de estos años ya no será tal y que la Legislatura quedará repartida en no menos de tres bloques de relativo equilibrio, más un cuarto que también hará valer su peso.

Si el radicalismo consigue postergar su otoño y retiene el Ejecutivo, se verá forzado a buscar consensos. Experiencia nueva.

El PJ, o eventualmente Arriaga, también tendrán que equilibrar la necesidad de lograr acompañamiento opositor con la obligación de no defraudar las esperanzas generadas.

Claro que en la convivencia parlamentaria pueden aparecer las rispideces cuando llegue el momento de atender la demanda social de transparencia y de revisión de los casos de corrupción acumulados durante la larga administración radical.

Si hay una sensación que seguramente no pasa en estos días por la mente los candidatos es la del paseo triunfal. Se imaginan un domingo de estómago agarrotado. Vigilia larga. Emociones fuertes. y emociones fuertes Porque así también es la política (AB/AR)


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