Ajuste y deuda: hasta que…la muerte los separe

Por Redacción

Darío Tropeano (*)

Ajuste es un varón recio, aunque un poco antiguo si se consideran las tendencias mundiales: en los últimos años su “ performance” internacional ha deprimido a señoras viejas y aún a algunas jóvenes del continente europeo, y por cierto durante décadas a países de todo el mundo. Sus resultados más que activar el amor al consumo, empleo y crecimiento han mostrado una táctica de estancamiento y depresión que conspira contra el buen desarrollo de las relaciones. Las actuales damas europeas le temen, dado que sus economías no crecen y si existe alguna excepción es a costa de reducir derechos sociales adquiridos en décadas de batallas, súplicas y sacrificios. En el Viejo Continente, Ajuste se ha impuesto dada la necesidad de salvar a un grupo de amigos, también masculinos: los bancos privados que necesitaron la tarea de él para no quebrar, debilitando al portentoso Estado de bienestar, donde señoras y señores de todo tipo encontraron el consumo necesario que los alimentó durante décadas. Ajuste se valió de una dama excepcional, siempre dispuesta a mantener una relación profunda y carnal con él, dado que la Sra. Deuda es un torrente que impulsa las fuerzas necesarias para que aquél imponga su cometido. A través de ella se han podido primarizar economías enteras a lo largo de los siglos, se han logrado controlar procesos de desarrollo e imponer políticas públicas que condicionan la posibilidad de proyectos estaduales independientes y por cierto, se han provocado grandes crisis que cuesta décadas superar. Deuda es una compañera de vida de Ajuste, dado que la necesidad de retroalimentación de ambos es consecuencia imprescindible en ellos. Para saciar a Deuda él debe imponerse en forma orgánica a través de los diversos caminos de la savia económica: baja del empleo para mantener un porcentaje de necesitados que empujen el valor del salario hacia abajo, reducción de las clases medias para redistribuir mayor ingreso hacia los sectores sociales de más riqueza, menor consumo liberando los mercados para asegurar plena rentabilidad a los sectores del capital más poderosos. Ajuste por otro lado gesticula un discurso habitual que lo hace un varón poco atractivo: despotrica contra el Estado que a todos cobija –incluso a señoras y señoritas que podrían interesarle– repitiendo que debe cumplir sus funciones específicas dirigidas por profesionales: educación, justicia, salud y seguridad, limitando el gasto extraordinario y mayores derechos. Ello en tanto su compañera Deuda requiere de permanente saciedad dada la magia del efecto de intereses en dólares, alimento de sustento esencial para ella, que le permite eterna vigencia y lozanía. Hay ciclos históricos, los menos, donde Ajuste y Deuda son confrontados por millones de sacrificados ciudadanos que cuestionan esa relación y los efectos negativos que causan en sus vidas comercios y empresas. Derrotada la pareja, muchos de ellos mejoran su posición relativa, ascendiendo socialmente y olvidando los efectos amatorios de la pareja, ante la cual vuelven a sucumbir, confundidos, engañados o acaso convencidos de sus bondades. Deuda y ajuste mantienen así una relación histórica, un rito sagrado a través de los tiempos, al cual solo la muerte, de ellos, puede separar. (*) Abogado y docente de la Facultad de Economía de la UNC

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