Alerta temprana
En el gobierno se evalúan escenarios según los cuales la reactivación no llegará a ser percibida antes de las primarias de agosto. Aunque esos escenarios dan por descontado que la economía va crecer este año, y de hecho ya está dando señales de hacerlo –esta semana el economista Miguel Bein dijo que la actividad está empezando a moverse en un ritmo de crecimiento 4% anual– en algunos despachos oficiales se trabaja sobre la hipótesis de que el repunte podría no alcanzar para garantizar el triunfo en las elecciones de octubre. Resuena allí una extraña predicción de la gobernadora bonaerense María Eugenia Vidal, cuando advirtió al promediar el difícil verano de Cambiemos: “Perder no es el fin del mundo”.
Esa versión surgió de muy encumbrados dirigentes del oficialismo y la filtración da lugar a dos interpretaciones. La primera podría ser que efectivamente el gobierno haya dejado de confiar en una victoria y esté preparándose para lo peor. La segunda, es que la alerta temprana de una derrota electoral actúe como despertador en sectores en los que han caído fuertemente las expectativas sobre la gestión, sectores a los que preocupa por igual la gobernabilidad de los próximos dos años y una eventual resucitación del kirchnerismo. Esta mirada explicaría por sí sola todo el discurso inflamado de Macri, el miércoles 1º, en la apertura de sesiones ordinarias del Congreso de la Nación.
Puede no sorprender, pero el macrismo acentuó el antikirchnerismo con el ejercicio del gobierno. Tal vez se trate de la única receta en la que han perseverado con éxito los radicales, para los que no hay lugar a la especulación cuando se trata de odio. O, contra lo que se cree, esté perdiendo predicamento el asesor Alejandro Rozitchner. Pero la consigna “unir a los argentinos” que lanzó el candidato Mauricio Macri contempló siempre la idea de que la gente está hastiada de los largos años de confrontación y demanda una nueva manera de hacer política. Lo creyera o no, Macri no llegó al poder como antagonista, sino con la oferta de una opción superadora, basada en un compromiso de mantener lo que estaba bien y cambiar lo que estaba mal. Con el lanzamiento del año electoral, ese tiempo definitivamente es parte del pasado.
A pesar de la propuesta motivadora ante el gabinete ampliado en el auditorio del Centro Cultural Kirchner, a Mauricio Macri lo acecha cierto determinismo propio de la concepción económica que encarna. La idea necesariamente contempla una cuota de sufrimiento y de dolor. El presidente pudo verse en ese espejo durante su reciente visita a España. “Mis primeros dos años fueron malos. Siguió aumentando el desempleo y tuvimos crecimiento negativo”, le dijo el presidente del gobierno español, el popular Mariano Rajoy, según consignaron las crónicas del viaje. “Pero después todo cambió como consecuencia de las reformas que impulsamos”, cerró entusiasta Rajoy. Dos cuestiones sensibles diferencian el caso español del de la Argentina: el programa de Rajoy no tuvo que ser sometido a un desafío electoral como el que enfrentará Macri en medio de una transición igual de difícil. Pero peor que eso, el gobierno de Cambiemos subordinó la puesta en marcha de aquellas reformas a lograr un nuevo espaldarazo de confianza en las urnas. No parece cierto que lo más duro de la transición ya haya pasado, a juzgar por los niveles de déficit fiscal, por ejemplo. Podría aventurarse en definitiva que entre las opciones gradualismo o derrota se escogió el gradualismo. ¿Pero si además hay también derrota?
El gobierno administra con preocupación y celo las mediciones sobre la caída en las últimas semanas de los niveles de confianza en la gestión de Cambiemos. El acuerdo entre el ministerio de Comunicaciones y la sociedad Correo Argentino por la deuda de la familia Macri terminó en un cesto. Se trabaja en una nueva normativa para gestionar conflictos de intereses entre ese conglomerado y el estado nacional. No ha tenido ningún destino la corrección a la baja en el cálculo de la movilidad en las jubilaciones, un esfuerzo infeliz de Hacienda con la intención oculta de reducir el gasto. Sin embargo no es seguro que aquí no haya pasado nada. Algo parece haberse roto en el contrato entre Macri y una parte todavía imprecisa de la sociedad. Estas semanas de agitación reclaman la máxima atención del presidente.
El gobierno de Cambiemos subordinó la puesta en marcha de aquellas reformas a lograr un nuevo espaldarazo de confianza en las urnas.
Podría aventurarse que en definitiva entre las opciones de gradualismo o derrota se escogió el gradualismo. ¿Habrá también derrota?
Datos
- El gobierno de Cambiemos subordinó la puesta en marcha de aquellas reformas a lograr un nuevo espaldarazo de confianza en las urnas.
- Podría aventurarse que en definitiva entre las opciones de gradualismo o derrota se escogió el gradualismo. ¿Habrá también derrota?
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