Alfonsina lejos de los estereotipos

Un relevamiento de revistas y documentos de época sirvió a Ana Silvia Galán y Graciela Gliemmo para construir una biografía de Alfonsina Storni diferente.

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Buenos Aires, (Télam).- Una biografía sobre Alfonsina Storni, escrita por Ana Silvia Galán y Graciela Gliemmo, desmitifica una imagen plagada de clichés a través de una contextualización de época que incluye un registro riguroso del material sobre ella, aparecido en diarios y revistas, además del testimonio de quienes la conocieron y el discurso crítico elaborado a partir de sus escritos.

«La idea de la desmitificación de Alfonsina esta presente desde el principio del libro; había una intuición de trabajar el personaje desde las claves históricas y sociales y no con apriorismos», apunta Graciela Gliemmo.

Las autoras, que tomaron la producción de Alfonsina desde su llegada a Buenos Aires, en 1912, hasta su muerte en 1938, hicieron un relevamiento que incluyó diarios y revistas de la época. «Algunas, como «Myriam», que no habían sido trabajadas por otros investigadores».

De ese relevamiento hacían un recorte temporal de lo que surgía como problema. «Por ahí nos pasábamos meses para resolver una cuestión y después se convertía en un párrafo. Pero con la satisfacción de manejar un material de primera mano». Así es como en el curso de la investigación apareció la relación de Alfonsina joven con el teatro, «un aspecto muy tapado». En el libro de Capdevila, de Nalé Roxlo, «se nombra que ella fue de gira como en una nebulosa y su madre niega esta relación de Alfonsina con el teatro de manera rotunda».

Su paso por España también fue una revelación, «porque la idea era que Alfonsina no estaba comunicada con la vanguardia, que era una tardoromántica que hablaba sobre los sentimientos, de un tono más bien alto. Borges la encontró chillona. Pero en España la reciben y la consideran los poetas modernos de ese momento».

Otra gran revelación fueron sus colaboraciones periodísticas: «la rapidez que tenía para formar opinión, para dar opinión desde lugares impensados en relación a situaciones puntuales de la época que ella vivió. Desde una pelea boxística, hasta las elecciones presidenciales del 30. Ahí aparecían sus contradicciones. Porque esa Alfonsina que opinaba no era muy simpática».

«Y después nos interesó entramarla en un sistema de relaciones afectivas que superaran la pregunta de quien era el padre de su hijo. Algo planteado de entrada como un secreto familiar y que no insistimos en develarlo. Formaba parte del personaje. Qué sentido tenía vulnerar un pacto», reflexiona Gliemmo.

Hubo que realizar un trabajo de filigrana, «y ese tipo de trabajo nos sacó de la academia, nos metió en el chisme, en la nota de color, leer toda una época desde cómo iban vestidas las mujeres».

Con respecto a sus libros «tuvimos grandes discusiones. Qué hacemos, cómo los encaramos, porque es una biografía. Fue la zona de mayor reescritura del texto. No queríamos cristalizaciones aunque seguramente alguien encontrará algunos tics».

Para Gliemmo «hay que escribir el sin sentido, la duda, el vacío. Tener la valentía de decirse hasta acá llegué. El objetivo era Alfonsina completa, lograr un equilibrio entre el análisis literario y sacarle el jugo a la obra, porque también la obra es la persona».

De los núcleos nodales que desarrolla el texto, algunos estuvieron planteados para aparecer en determinado momento y otros por decantación. «Había cosas muy puntuales como la relación de Alfonsina con el magisterio. El lugar de la maestra tenía que ser cuando ella se recibía, no después. Y otras cosas -como un bloque sobre su relación con los hombres- que surgió casi al final».

«Este último es uno de los aspectos más cristalizados -subraya Gliemmo- porque mucha gente piensa que ella se suicidó por un desengaño amoroso. Ahí entra el tema de sus amantes, de quién era el padre del hijo».

«Y el único dato nuevo que nos dio el hijo es que el padre la acompañó a Buenos Aires. Alfonsina no viene sola, algo que él mismo había afirmado en un prólogo escrito para Losada; algo que dice Nalé, Capdevila, Josefina Delgado. Esto cambia con lo que él nos cuenta, pero es nada más que una pincelada», desliza.

Uno de los temas recurrentes que aparecen en la biografía es la imposibilidad de no poder verla «desde el lugar de una mujer distinta», tener que leerla siempre desde lo masculino. «Pero tiene una carga de cuerpo femenino impresionante; hay que retorcer un texto para que te de que su escritura es masculina».


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