Amerigo, Hegel, Brando



Amerigo Bonasera está emocionalmente destrozado. –Crié a mi hija –dice–, según las costumbres del país. Le di libertad y le enseñé a no deshonrar a su familia. Salía con un muchacho, no era italiano… Amerigo Bonasera sigue su confesión. Su piba iba al cine con el muchacho “no italiano”: –Yo no protestaba. Hace dos meses él y otro la llevaron a pasear en auto. La hicieron beber whisky y luego trataron de abusar de ella. Ella se resistió, conservó su honor. Pero la golpearon como a un animal. Cuando la fui a ver al hospital tenía la nariz rota, la quijada despedazada, cosida con alambre. El dolor no la dejaba ni llorar, pero yo lloré. ¿Por qué lloré? Ella era la luz de mi vida. Ahora, nunca más será bella… El hombre de la nuca sigue escuchando. Amerigo Bonasera fue a la policía “como buen ciudadano”. Los golepadores fueron llevados a juicio. Los condenaron a tres años, pero el juez suspendió la sentencia. –¡Suspendió la sentencia! Ese mismo día quedaron libres. Yo me quedé como un tonto y esos villanos se rieron de mí. Le dije a mi esposa: “Justicia a Don Corleone”. “A Amerigo le falló el Estado –escribe Marangoni en ‘Política ATP’–. “El contrato implícito que había entre él y el leviatán se incumplió. Ese espacio vacío alguien lo tiene que llenar y la mafia es una institución que funciona”. El hombre de la nuca ya sabe lo que tiene que hacer. Le debe un favor a Bonasera. Es hora de que el hombre de la nuca devuelva favores. Bonasera cree que le tiene que pagar al hombre de la nuca. Pero éste no quiere dinero. Amerigo se desorienta. Entonces toma la mano del hombre de la nuca y se la besa el anillo… “¡Padrino!”, le dice. –La gestualidad está cumplida– dice Marangoni a este diario. Y acota: “El Padrino quería sólo reconocimiento… En términos hegelianos, deseo de reconocimiento”. Amerigo Bonasera se retira. Y el hombre de la nuca, o El Padrino, o Marlon Brando, sin inmutarse mira a uno de sus colaboradores: “Ocúpense del caso, pero no los maten...”.


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