Apuestan por la diversificación y tecnificación para sortear la crisis

Suba de costos, falta de crédito e importaciones chilenas, entre los principales obstáculos.

La industria de la madera en el Alto Valle

Fernando Galassi – fgalassi@rionegro.com.ar

Los aserraderos de la región no resultan inmunes a los efectos de la actual crisis económica. Sin embargo, y como ocurre en muchos otros rubros, no optan por la vía más sencilla de ir a pedir, pedir y pedir. Todo lo contrario: desde el interior mismo reconocen que parte de la situación actual que les toca vivir se debe a no haber emprendido antes el camino del cambio.

En sus inicios la industria maderera surgió como un servicio conexo de la fruticultura. Paradójicamente fue ésta la que le asestó el golpe más duro.

En una charla mantenida con este medio, el presidente de la Cámara de Forestadores, Empresarios Madereros y Afines de la Norpatagonia (Cafema), Nazareno Olivetti, recordó que “la peor crisis fue a partir de los múltiples quebrantos y convocatorias de los galpones de empaque a finales de la década de los 90, donde incluso se desarmaron muchos aserraderos grandes”. Fue entonces que la actividad entró en un decaimiento general. Los pocos buenos años después del 2003 apenas fueron suficientes para que los madereros pudieran “tapar agujeros” (cancelar deudas impositivas y levantar hipotecas) y realizar inversiones mínimas.

Crisis actual

Son muchos los factores que están frenando el desarrollo del sector. Entre otros, el presidente de Cafema destacó:

• La evolución dispar de costos y precios. Por un lado, “el incremento de los costos que sufrimos el último año, de madera, mano de obra, insumos, etcétera, fue muy próximo al 30%. Y, por otro, los precios de venta se han mantenido prácticamente iguales”, dijo Olivetti.

• Las importaciones de envases provenientes de Chile, que condicionan los precios y los volúmenes de venta. (Ver recuadro aparte)

• La tecnología existente actualmente en la zona está muy lejos todavía de lo hay en el norte de nuestro país y más si se compara con la industria de Chile. Para Olivetti resolver este problema es clave dado que “con más tecnología se podría procesar mayor cantidad de madera, con más calidad y rapidez”.

• Falta de financiamiento para la adquisición de bienes de capital. Al respecto, el representante de los aserraderos explicó que la actividad está conceptuada por el sistema bancario como de alto riesgo, baja rentabilidad y fuerte temporalidad en el trabajo. Y agregó que los bancos están muy equivocados porque el rubro de la madera da trabajo los 12 meses del año, dado que en invierno hay que proveerse de la madera que se utilizará en los meses posteriores.

Para dimensionar la importancia que tiene poder acceder a un crédito, basta con mencionar que una planta de debobinado de cierta escala implica una inversión mínima de 1,5 millones de dólares.

• La gran mayoría de los aserraderos presenta un importante grado de subutilización de la capacidad instalada, en parte debido a las menores ventas.

• Un tema que preocupa cada vez más es la creciente informalidad en las condiciones en que operan algunos aserradores.

• Otro punto remarcado por Olivetti es la aparición de varias cooperativas de trabajo que se armaron sobre viejos aserraderos que se vieron obligados a cerrar. Cabe recordar que la legislación argentina otorga significativos beneficios fiscales a las cooperativas. Este trato preferencial genera una ventaja artificial sobre otros tipos de organizaciones que nada tiene que ver con la calidad del producto o la eficiencia en los procesos.

Cambiar para crecer

Pensando hacia adelante, el empresario de la madera delineó rápidamente las cuestiones centrales para impulsar al sector. Lo primero que mencionó fue la necesidad de contar con líneas de créditos blandos, es decir, con condiciones que permitan su cancelación, para destinarlos a la compra de maquinaria y a capital de trabajo. Para cuantificar este ultimo aspecto, vale un ejemplo: un establecimiento típico de la zona necesita adquirir, en un período de cuatro meses, 5.000 toneladas de madera, que a un precio promedio de 250 pesos cada una implican un monto mínimo de 750.000 pesos.

Vinculado con lo anterior, para el representante de Cafema es crucial seguir un proceso de tecnificación que permita cambiar el perfil tecnológico de la industria, para lo cual haría falta financiamiento.

Por último, la diversificación es una manera de escapar al ciclo de la fruticultura. “El álamo tiene muchos mercados para expandirse”, comentó Olivetti. Y detalló algunos de los destinos alternativos: muebles de cocina, tablas para construcción, relleno para puertas placa, interiores de muebles, aberturas (de amplia difusión en Mendoza) y construcción de viviendas.


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