Yesica, David y el boom de su «Casa Galpón»: cómo transformaron un antiguo taller en un hogar de 150 m²

En Ferré, un pequeño pueblo bonaerense de 3.500 habitantes, convirtieron un legado familiar en una vivienda soñada. David Vallaco, quien trabajó años en Neuquén y Vaca Muerta, y Yesica Sequeira cuentan el paso a paso de la obra que construyeron con sus propias manos. La franqueza para mostrar aciertos y errores fue la clave para conquistar a una comunidad que ya supera los 600 mil seguidores.

Por Javier Avena

David y Yesica sonríen durante la construcción de su «Casa Galpón» en Ferré.

¿Cómo convertir un galpón en desuso en una casa de 150 metros cuadrados? ¿Cómo contar el proceso paso a paso en las redes y convertirse en un boom con más de 600 mil seguidores? Yesica Sequeira y David Vallaco encontraron las respuestas a esas dos preguntas mientras construían su sueño en Ferré, un pequeño pueblo de tres mil quinientos habitantes rodeado de campos en el noroeste de la provincia de Buenos Aires, el escenario de la historia que les cambió la vida.

Antes. El galpón que convertirían en su hogar.

Después. Así quedó el frente de la casa.

Un lugar en el mundo: de galpón a casa soñada


Todo empezó el día en que se preguntaron si valía la pena transformar en su hogar ese galpón metalúrgico que había levantado el papá de Yesica, que se dedicaba a construirlos en la zona. Luego de que falleciera, en el 2013, esa enorme estructura de ladrillos y chapa permaneció cerrada por años. El pueblo había crecido y había quedado rodeado de otras viviendas.

La luz natural que viene del patio ilumina el interior.

Living, cocina, comedor y despensa, todo integrado.

Por entonces, ella vivía en la casa que era de sus padres, contigua al galpón. Intentaron venderlo, pero no hubo caso. Para el 2020, la pareja ya llevaba un largo tiempo en la búsqueda de un lugar propio donde vivir como lo que era, una familia ensamblada: Yesica y sus dos hijas, David y su hija. El gran desafío estaba por llegar. Nunca imaginaron todo lo que pasaría después.


De Neuquén y Vaca Muerta a Ferré

David había pasado cuatro años en Neuquén: técnico agrónomo, había trabajado para una empresa agropecuaria en la capital provincial, había recorrido Cipolletti, Allen, Roca y todo el Alto Valle. Y también conoció Añelo justo cuando empezaba el auge de Vaca Muerta, como empleado de una empresa de servicios petroleros.

Traigan desafíos que sobra equipo. David y Yesica en pleno trabajo.

David nunca olvidaría ese norte de la Patagonia que le dejó grandes recuerdos y amigos, que ahora, a mil kilómetros, lo felicitan a la distancia cuando leen notas sobre su historia o ven sus posteos en las redes.
Dos de ellos fueron a visitarlo, a darle un abrazo, a tomarse un vino y charlar. Y a conocer la famosa Casa Galpón, ahora que todo parece un camino de rosas.

No lo fue -dicen ellos una tarde de otoño y se disponen a contar la historia.

“Si tuviera que hacer lo mismo en un galpón de la Patagonia, pondría el tanque de agua entre el cielorraso y el techo de chapa, por el viento. El resto lo haría todo igual. Amo el sur, algún día volveré”.

David Vallaco

El inicio de la obra y el furor en las redes


En el 2020, en plena pandemia, cuando ya llevaban siete años juntos, Yesica y David se animaron a empezar. No fue de un día para otro: invirtieron horas, días, semanas y meses en pensar cada detalle y dibujar el boceto de su proyecto. Hasta que una mañana arrancaron.

-Eso tenemos: vamos para adelante, no damos vueltas– dice él.

Cuando ella publicó el primer video en redes, de un puñado de seguidores pasaron a miles en un abrir y cerrar de ojos. Tardaron en comprender la dimensión: mostraban orgullosos sus aciertos y los avances y se divertían con sus errores, que también mostraban, top five incluido. Y esa franqueza fue una de las claves para que cada vez más gente se sumara.

Esa comunidad que creció tanto, intrigada por cómo hicieron la transformación, cómo armaron el proyecto o detalles de la cocina, la despensa o la galería fue detectada por empresas que se acercaron como patrocinadoras y aportaron materiales que utilizaron para terminar y equipar la primera fase de las obras.


Del boceto a la realidad: cómo es vivir en 150 metros cuadrados


Cuando todo empezó, era ahorrar cada peso, comprar antiguas aberturas, mesadas, bachas y muebles antiguos en los corralones y ponerse a restaurar, medir cuántas bolsas de cemento representaba cada gasto que no tuviera como destino la casa. Dedicarle cada momento libre, los fines de semana, arrancar al alba y terminar al anochecer, tirar un colchón, dormir ahí. Pero al final, hay recompensa.


Hoy disfrutan de una casa con tres dormitorios, dos baños, escritorio, un gran espacio integrado (comedor, cocina, living y despensa), un jardín en el frente custodiado por cuatro tilos, con un estanque con peces y una pequeña cascada, un paisaje soñado que disfrutan desde la galería.


Y atrás, donde cortaron seis metros del techo para ganar luz natural, reina un abedul en el patio donde les gusta recibir amigos como los de la Academia Ñi Piuke de Ferré, donde se baila folclore y tango con la pasión de quienes aman la cultura de su tierra.

Compraron antiguas aberturas en corralones y las restauraron.


Casa galpón es para ellos una tradición dentro de la tradición, porque se juntaban a comer después de ensayar mientras avanzaba la obra y ahora, ya terminada, el rito continúa.


-Nos encanta recibir amigos, corremos una mesa, ponemos un tablón, traemos sillas. Y la pasamos bien -cuenta Yesica.


Manos a la obra: el desafío de construir con sus propias manos


David heredó la pasión por construir de su padre, que les dio una mano grande con consejos, el impulso inicial para arrancar y también puso el cuerpo para levantar paredes.

David recibió la invalorable ayuda de su padre, de gran experiencia como constructor, para levantar las paredes.


Todo lo que pasó les da orgullo: imaginarla, hacerla con sus propias manos, inspirar.


-Mucha gente nos escribe para contarnos que les hace acordar a cómo hicieron sus casas ellos o sus padres. Es emocionante eso -dice Yesica.

Así de lindo quedó el patio.

En la primera etapa compraron las aberturas que restauraron, hicieron los muebles de los baños, consiguieron las bachas y los inodoros y todo lo que pudieron hasta sumar nuevos recursos para invertir en nuevas tandas de materiales.

Siempre soñé con tener mi casa. De chica las dibujaba, jugaba con las muñecas y les armaba casitas. Es un sueño cumplido que logramos con nuestras propias manos. Eso me emociona».

Yesica Sequeira

En la segunda se dedicaron a las paredes. Mientras David las revocaba, Yesica las alisaba con el fratacho. Y así todo, por ejemplo, el techo: él ponía el machimbre, ella lo pintaba de aguada de blanco. Pero antes, tuvo que animarse a la altura.


-Tenía miedo, vértigo. Me daba terror dar un paso en falso, pero me animé y se me pasó -recuerda Yesica.

David colocó el machimbre y Yesica lo pintó.

Además del esfuerzo agotador sin francos y de poner cada peso ahí, aquello de que no fue un cuento de rosas, también tiene que ver con los roles y el equipo: no siempre coincidían y al desacuerdo le seguía una discusión.

-Somos así, somos enérgicos. chocamos- dice David.


-Pero en las decisiones clave siempre estuvimos de acuerdo -dice Yesica. El resultado final justificó cada minuto de trabajo y cada discusión dejada atrás.

Mientras David levantaba paredes, Yesica les pasaba el fratacho.

Misión cumplida. La primera fase terminada, un gran motivo para festejar.

Cuando conectaron el agua a veces dormían ahí, en el colchón, entre el polvo y las herramientas. Después, con el gas y la luz, se mudaron, aunque aún había tanto para hacer. Inauguraron la casa en enero del 2025 (con 15 seguidores invitados tras un sorteo) y ahora les falta cerrar el frente, el garage y el taller.

-Nos gusta vivir de recuerdos y no de sueños -dice David.


El que cumplieron, ya es un hermoso recuerdo que viven cada día. Y la inspiración para que muchos otros soñadores se animen a intentarlo.


Mini bío

Yésica Sequeira (44) y David Vallaco (42) viven en Ferré, al noreste de la provincia de Buenos Aires, pueblo de 3.500 habitantes. Son parte de Ñi Piuke, academia de folclore y tango. Él es técnico agrónomo y ella apasionada por el arte: da seminarios y talleres. El boom de los 600 mil seguidores les dio la chance inesperada de sumar ingresos con marcas y empresas. Saben que las claves son Casa galpón y el respaldo de esa comunidad a la que agradecen y responden cada mensaje, incluyendo las «noches de audio» en que las que se dedican a contestar así, una manera que encuentran más cálida y cercana.

Contacto: @casa.galpon


David y Yesica sonríen durante la construcción de su "Casa Galpón" en Ferré.

¿Cómo convertir un galpón en desuso en una casa de 150 metros cuadrados? ¿Cómo contar el proceso paso a paso en las redes y convertirse en un boom con más de 600 mil seguidores? Yesica Sequeira y David Vallaco encontraron las respuestas a esas dos preguntas mientras construían su sueño en Ferré, un pequeño pueblo de tres mil quinientos habitantes rodeado de campos en el noroeste de la provincia de Buenos Aires, el escenario de la historia que les cambió la vida.

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