Big bang de final abierto

La colisión entre el camionero y la presidenta no se resolverá mediante guiños o repliegues tácticos sino desdesu genética peronista. Hoy es la única oposición de fuste.

No se trata de una “apretura familiar”, esa caracterización con que el talentoso intelectual mexicano Enrique Krauze identifica las tensiones internas que suelen ganar a la política de su país. “Apreturas” de las que siempre se sale mediante el rasgo más constante de ese sistema político: máscaras, gestos imperceptibles pero firmes, medias palabras, silencios densos y cínicos. Y convencimiento con larga historia: la “apretura” jamás lastimará las reglas de juego del poder permanente y sus intereses.

No, aquí la colisión gobierno- Moyano es un “big bang” que no se disolverá con buenas maneras. Con guiños y gestos paternales que adviertan sobre la necesidad de frenos, repliegues tácticos. Marchar por las colectoras. No, el kirchnerismo, fiel a su genética peronista, no hace de esos estilos su política de construcción de poder. Y Moyano, desde la misma cuna, regula sus pasos. No cede un palmo. Se alienta desde un convencimiento legítimo: hoy es la única oposición de fuste que tiene el planeta K.

Pero ¿qué tiene a su favor y en su contra en su escalada de poder este morocho y fornido marplatense cuyos sueños adolescentes de llegar al ring se reducen hoy a descargar cada noche puñetazos contra la bolsa en su departamento de veterano en el barrio de Barracas? Veamos.

• Moyano tiene a su favor –por caso– la determinación, la voluntad de cruzarse sí o sí en el camino del gobierno a velocidad, al menos hoy, uniformemente acelerada. Esta reflexión queda ajustada a sólo definir un estilo, no a señalar si ese estilo es el apropiado. En el marco de esta voluntad, Moyano encarna el único poder organizado, cohesionado y verticalizado en términos de conducción que enfrenta a la Casa Rosada.

• Moyano tiene en su contra el estar siempre expuesto a prácticas que son consustanciales al sindicalismo peronista. Hacen a su naturaleza desde muy lejos en la historia: la prepotencia, la intemperancia. La violencia que suele ganar al ejército de cuadros medios que lidera. El descarrilamiento verbal. Desde esta perspectiva, Moyano es un clásico de la conducta del poder en la Argentina: perder en un minuto lo que se construye en largo tiempo. Moyano no ignora que es blanco de mala imagen en planos muy amplios de la sociedad. Una opinión que se extiende al conjunto de la dirigencia gremial. No es menos cierto que esta resistencia no es contradictoria con el hecho de que en su entrevero reciba respaldos desde esos mismos planos. Pero sabe que esas palmadas se remiten sólo a que colisiona. Y que en todo caso es –en términos de poder concreto– por blandir banderas legítimas. Derogar el Impuesto a las Ganancias, por caso. Pero esas palmadas no se extienden más allá de respaldos puntuales. No hacen a un proyecto político.

• En relación con seguir construyendo poder desde el sindicalismo, Moyano tiene a su favor algo del estilo de Timoteo Vandor. Lo único, a pesar de la identificación total con “El Lobo” que le acreditó Aníbal Fernández. Se trata de eso que el más riguroso estudioso del movimiento obrero argentino, el sociólogo Juan Carlos Torre, define como un convencimiento “sabio” de aquel líder metalúrgico: mantenerse siempre muy poco interesado en esquemas ideológicos excluyentes. Ante ellos, hacer valer la suerte de la organización gremial. Y desde ahí, cerrarse con cautela pero firmeza a lo que Torres precisa como “solicitaciones provenientes del mundo político” generalmente volátil. Moyano está persuadido –por caso– de que no puede armar alianzas con sectores políticos que, en la dialéctica propia de la política, en momentos de definiciones se le tornen contradictorias.

• Siempre en línea a la construcción de poder político, desde el interior de su espacio sindical Moyano tiene en su contra tener hoy muy reducido el círculo de voces serenas que durante años le sugirieron por dónde ir. Lo contuvieron. Lo alentaron. Lo ayudaron a regular su marcha. No hay día en que no extrañe a “Bocha” Palacios, el desaparecido líder de la UTA. Y también se le estruja el corazón a Moyano cuando reflexiona cómo se infectó aquel estrecho vínculo que durante años mantuvo con Recalde, diputado y abogado de la CGT. Palacios le desbrozó el trayecto a la centralidad de la CGT. Una tarea que no fue mediatizada o condicionada por los intereses de la UTA, a la que Palacios gestionaba con miradas. Recalde, mucho de lo mismo, pero con mayor contenido intelectual. Hoy Moyano mira sobre sus hombros y encuentra dirigentes importantes, con poder. Y quizá con leales al menos hasta nuevo aviso. Piumato, de Judiciales, por caso. Pero muy condicionados por los humores de sus propios gremios.

• Moyano tiene a su favor el hecho de que, debido a las mutaciones del proceso económico de las últimas dos décadas, hoy esté muy recortada la gravitación de sindicatos que históricamente fueron la síntesis del poder gremial más decisivo. Casi dueños de la estabilidad o no de un proceso político. La UOM, Smata, Uocra, Luz y Fuerza. El deterioro de estos poderes facilitó el camino de Moyano hacia el poder, al que llegó poniendo más la mirada en las ramas del sector servicios que en el industrial. Pivoteando en Camioneros, que luego de la conducción del “Petiso” Pérez en una década pasó de 20.000 afiliados a más de 110.000, Moyano sumó un damero interesante de gremios de servicios. Y fragmenta a otros desde la acción misma, como se demostró el martes pasado. “Yo le debo el poder a Menem… liquidó los ferrocarriles y ganamos los camioneros”, suele ironizar. Y en bajo tono para no lastimar a lo que queda del músculo metalúrgico, acota: “Hoy para la UOM y nadie se entera. Pero paran los recolectores de residuos y truena todo”.

• Y, finalmente, en este breve repaso de pros y contras de Moyano en su construcción de poder, tiene otro problema: no sabe por dónde irán los pasos del gobierno sobre los reclamos que le formula. Por ahora los resiste. Mañana no se sabe. Un entrevero que, por estar protagonizado por peronistas, no es una “apretura” mexicana. Es un big bang con final abierto.

Carlos Torrengo

carlostorrengo@hotmail.com

(Viene de la página 23)


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