Buenos modales

Héctor Mauriño vasco@rionegro.com.ar

Redacción

Por Redacción

No se sabe si es un verdadero cambio de rumbo o tan sólo una forma de salvar las apariencias, pero lo cierto es que Sobisch desembarcó el miércoles en la Legislatura con un discurso contemporizador, que contrasta con la escasa disposición observada hasta ahora por el oficialismo para convivir con el equilibrio de poderes.

El gobernador anunció que impulsará la autarquía del Poder Legislativo, lo que desde ya constituye un aporte, e inclusive fue más lejos, al hacer público su «íntimo convencimiento» de que los problemas de la democracia «se solucionan abrevando más en su espíritu y naturaleza».

Lejos del tono admonitorio observado en otras ocasiones, el gobernador parece haber logrado de este modo mejores resultados. De hecho hubo diputados de la oposición, como Villar y Radonich, que encomiaron su «tono moderado» y aun los más ácidos, como el justicialista Duzdevich, admitieron que, «al menos en el recinto», el gobernador se mostró amplio.

Con todo lo que esto tiene de saludable, es bueno recordar que los «problemas para funcionar» que ha tenido la Cámara, invocados por el gobernador para presentar la autarquía, guardan relación con la escasa disposición exhibida hasta ahora por el oficialismo para poner en marcha la Legislatura.

No es un secreto para nadie que han sido precisamente los diputados del MPN quienes han restado presencia en las comisiones -anunciaron públicamente esa determinación- con el argumento de que la oposición no se allana a tratar los proyectos que el gobierno considera importantes.

Esta conducta guarda relación con una cuestión ideológica: pareciera que para el MPN sólo debe gobernar la mayoría. Y también con una cuestión de hecho: en esta gestión el oficialismo carece, precisamente, de esa mayoría.

En ese contexto, favorecido por la escasa flexibilidad de la oposición para ofrecer alternativas en temas que no comparte, el «gobierno» terminó por poner a la Legislatura en la congeladora. Esto le ha permitido esquivarla en decisiones tan importantes como el acuerdo con Nación por la deuda; la renovación de la concesión de Loma de la Lata y el tema Lecop.

Por todo esto, la cuestión que se plantea ahora es si, más allá de los buenos modales, el Ejecutivo está realmente dispuesto a caminar junto a la oposición o en realidad lo que se ha visto esta semana es sólo eso: buenos modales. Y también un dejo de ironía, porque a nadie escapa que uno de los principales «problemas para funcionar» de la Cámara, invocados por Sobisch para ofrecer la autarquía, fue justamente la decisión oficial de patear la pelota afuera.

Resulta que si bien la autarquía no es una propuesta menor, no puede ser confundida con la independencia de poderes, como también plantea Sobisch. Mañana puede haber autarquía pero si el gobierno sigue ignorando al Poder Legislativo, éste seguirá, en la práctica, anulado.

Además del tono, otro aspecto rescatable del discurso del gobernador fue la propuesta de regionalizar la Patagonia uniendo a dos o más provincias en un Estado con una sola Legislatura, Justicia y poder administrador.

Aunque el tema no es nuevo, es oportuno ponerlo sobre la mesa en medio de una crisis tan profunda como la actual. No se trata sólo de ajustar, sino de llevar mayor racionalidad a divisiones que en muchos caso carecen de sustento en la actualidad y sólo sirven para dilapidar el esfuerzo colectivo. ¿Cómo no pensar en unir a Cipolletti con Neuquén, Plottier y Centenario, o Cutral Co y Plaza Huincul en un solo municipio? O atreverse a pensar en una unidad que abarque la Nordpatagonia. Si esto no se ha planteado antes es porque existe una multitud de intereses creados. En este caso podría verificarse aquello de que la crisis es también una oportunidad.

Sin embargo, un tema como éste no puede convertirse en mera plataforma política para «exportar» el «modelo exitoso» que agita el sobischismo. Tampoco debería subordinarse este asunto vital a la diatriba fácil contra la Nación que agita el gobierno desde un federalismo tan hueco como desaprensivo, teniendo en cuenta las actuales circunstancias del país.

Esto se conecta con un discurso que agitan privadamente hombres importantes del gobierno, acerca de que ante un eventual colapso institucional se produzca una secesión de la provincia o la región, que pasaría a ser así una suerte de próspero emirato criollo.

Hace unos años, el ingeniero Salvador San Martín abordó el tema desde la ficción, en «Cuando la Argentina perdió la Patagonia». Lo hizo para llamar la atención sobre las miserias reales del centralismo. Pero agitar el tema desde el poder político, como algo tangible, en medio de una crisis nacional tan grave como la actual, es otra cosa. ¿Cómo calificarla?


No se sabe si es un verdadero cambio de rumbo o tan sólo una forma de salvar las apariencias, pero lo cierto es que Sobisch desembarcó el miércoles en la Legislatura con un discurso contemporizador, que contrasta con la escasa disposición observada hasta ahora por el oficialismo para convivir con el equilibrio de poderes.

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