CAMERATA BARILOCHE: Una historia musical de cuatro décadas

o es del todo posible escribir sobre la Camerata Bariloche sin citar frases como definido y brillante sonido de cuerdas, excepcional calidad, sensibilidad, impecable técnica y musicalidad, modelo en su género, instrumentistas para los que no hay problemas técnicos ni insuficiencias, ovaciones intensas y sostenidas… y ninguna alcanza para definirla.

Ningún grupo de cámara argentino ha tenido una existencia tan regular y sobresaliente como jalonada de éxitos.

Embajadora de nuestro país en América, Europa, Oriente y Medio Oriente, ha tocado en Japón; en los festivales internacionales de Salzburgo, Taormina, Cittá di Castello, Cervo y Alassia; en Montreux y Gstaad-Menuhim; en el New World Festival of the Arts de Miami, en el Centenario del Carnegie Hall; y el Festival de Otoño de Madrid.

Con más de veinticinco tours por treinta y tres países, y una treintena de discos, para celebrar sus cuarenta años de vida, viene cumpliendo desde abril y hasta este mes una gira por las capitales de nuestras veintitrés provincias, que tendrá su punto más alto en la sala de la Biblioteca Popular Sarmiento del Centro Cívico de Bariloche, donde realizara su concierto fundacional el 17 de setiembre del '67, con transmisión a todo el país de Radio Nacional.

Para celebrar entonces, ese mismo día se presentará en el mismo lugar donde debutó. Pero un día antes, el 16, ofrecerá al pueblo de San Carlos de Bariloche un recital libre y gratuito en la Catedral. Esos serán los puntos finales de la gira por la región. Antes, el 14, se presentarán en el Teatro Español, Neuquén, y el 15, en General Roca.

«Hay varias cuestiones vitales y trascendentes en la historia de la Camerata. La primera es haber llegado a los cuarenta años en una querida tierra como la nuestra que no siempre ha sido imagen de la continuidad. En segundo lugar, estas cuatro décadas se han cumplido en campo de la música de cámara; en tercero, los integrantes de la Cámara han producido un cambio significativo en el público argentino dado que terminó siendo el grupo más popular de los clásicos, ha llegado a la gente en forma masiva a través de sus espectáculos al aire libre, de sus participaciones en el cine, de la infinidad de conciertos en las regiones más diversas del país,» cuenta Pedro Pablo García Caffi, director de producción artística de la Camerata.

«Esto tiene razones de fondo. Una de ellas prosigue García Caffi, yo que los conozco por trabajar a su lado y organizar la producción artística, totalmente ligado y admirado por la tarea musical que desarrollan, porque todos los integrantes guardan una veneración por la historia que ha tenido y tiene la Camerata. Y la cuidan. En segundo lugar, porque tienen tal rigor interno que no se permiten tocar por menos de lo que son capaces, y les da lo mismo estar en una pequeña sala o en el camarín de un polideportivo de un pueblo perdido, a tocar en alguna de los grandes teatros europeos. La importancia y el respeto hacia el público son exactamente iguales en uno u otro lugar. Esto es un hecho que quienes lo ven, lo notan. Y por último, es un grupo con total respeto por los compositores y por la música. Entonces, en línea general, se destaca del resto. Han pasado momento difíciles, pero nunca abandonaron estos elementos».

También sos músico. Quienes han seguido la música argentina en sus distintas vertientes, no pueden obviar al cuarteto vocal Zupay y tu participación en él. Te sé con el mismo rigor, el mismo amor por las obras, la exigencia en su tratamiento, el mismo respeto por el público y los autores. Hay en tu historia, afinidades que te condujeron hacia la Camerata.

Es absolutamente verdad. El nacimiento de Zupay fue en mayo del 67 y el de la Camerata, en setiembre. Hemos estado muy ligados porque cuando andábamos en los primeros pasos con el cuarteto, fuimos a conocer el Camping Musical y a la gente que estaba formando el programa de música de la Fundación Bariloche, que generó la Camerata. Y luego, estas cosas que encuentro en ellos me satisfacen porque se relacionan mucho con el modo en que nosotros trabajábamos. Yo recuerdo haber cantado en un determinado local de Buenos Aires, y en la hora y media que tenía entre una entrada y otra, me iba corriendo para ver a los solistas de la Camerata que estaban en los teatros en San Telmo, quienes eran muy buenos amigos y siempre resultaba un placer escucharlos. Hay un afecto especial de años, y cuando empecé a trabajar con la Camerata, se redobló porque son profesionales que no es fácil hallar en nuestra tierra, desafortunadamente. Lo son desde las mínimas cosas: sale el micro a las cinco de la tarde y a las cuatro y media están todos esperando la partida. Hay un rigor interno,un cumplimiento con cuestiones básicas de respeto y de organización. Eso hace que lo que muestran en el campo musical, tenga el brillo que tiene.

En cuarenta años, inevitablemente hubo miembros que perdieron familiares o pasaron por momentos dolorosos, tuvieron hijos, se les casaron…

Toda mi vida, por alguna razón extraña, la pasé entre grupos, porque cuando dejé de cantar con Zupay, fui a dirigir la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires. Como Joan Manuel Serrat me dijo alguna vez: «se agrandó la familia!» (risas). Pasamos de ser cuatro a ciento dieciocho… Y luego, con la Camerata… donde hay humanos, hay conflictos inevitables porque nadie puede estar con el mismo ánimo cuando tiene un problema grave. Y en un grupo se comparten esas cosas. La Camerata ha tenido, además, períodos muy tristes porque gente trascendente en su fundación, en su organización, que fueron líderes musicales, ya no están. Como Tomás Tichauer, un centro de los más importantes por su espíritu y capacidad de llevar el grupo adelante, por sus conocimientos, por las clases maestras que daba… Oleg Kotzarew, otro integrante también fundador… Güelfo Nalli, un cornista al que convocaban de todas partes del mundo. Pero, justamente, esas vivencias los han hecho madurar. Hoy, tenemos una renovación importante. Hay mucha gente joven y todos ellos fueron becarios y estudiaron con los maestros anteriores. Por lo tanto, heredaron el rigor que significa que para tocar en la Camerata hay que poner todo o mejor no estar en ella. Por eso, todos están orgullosos. Acá, la edad no existe ni se conoce, puede servir para hacer chistes, pero no cuenta a la hora de interpretar porque los más jóvenes como los que no lo son tanto, mantienen el ritmo de excelencia necesario. Si uno no lo alcanza, tiene que cambiar, porque sabe que ya no está para tocar con la Camerata. Dichas, parecen cosas fáciles, pero no lo son porque no hay ser humano que resigne con facilidad una cuestión de este tipo.

Afectivamente, ¿qué es para vos este trabajo?

Lo vengo expresando hace un tiempo, me han ofrecido hacer otras cosas y digo no, porque alcancé la felicidad. Y me expreso así porque trabajo con un grupo de profesionales que no se permiten tocar menos de sus posibilidades, que respeta la tarea que hace. Yo hago programas, giras y agendas muy estrictas porque de lo contrario no salen bien, y las cumplen a las maravillas. Siento orgullo de trabajar con ellos. Y como no encuentro algo que me provoque disgusto, y me da felicidad seguir con la carpa al hombro, vivir yendo de un lado a otro todo el tiempo. Eso todavía me da placer, no me cansa, no me fatiga viajar, volver a lugares que quiero entrañablemente en los distintos puntos del país.

En la enorme lista de solistas nacionales y extranjeros que tocaron con la Camerata , están Astor Piazzolla, Gerardo Gandini, Manuel Rego, Ernesto Bitteti, Eduardo Falú, Jaime Torres, Ljerko Spiller, Yehudi Menuhin, Janos Starker, Karl Richter, Vadin Repin, Jean Ives Thibaudet, Mstislav Rostropovich y Martha Argerich.

EDUARDO ROUILLET


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