Caprichos de arena en la costa rionegrina

Los cordones de médanos que se extienden frente al mar tienen mucho que contar. A lo largo del tiempo, proveyeron de agua a San Antonio y mantienen intacta la magia del paisaje.

Ondulantes, esquivos. Yendo y viniendo en distintas direcciones. Brillando al sol con su paleta de oros. Cargando de dinamismo el paisaje…

Así de caprichosos son los médanos que se extienden a lo largo de toda la zona costera.

Sin embargo su naturaleza y funcionalidad no están basadas en ningún capricho. De hecho, tienen misiones bien específicas. ¿La principal? Estabilizar y proteger a los acantilados.

“La arena es producto de una erosión que llega del interior del continente. Los vientos predominantes del sur arrojan ese sedimento hacia el litoral”, explicó el geólogo local Renzo Bonucelli. “Su acumulación produce las dunas”, agrega.

Y en ese juego permanente con las fuerzas naturales, su presencia sirve de defensa a la erosión que impactaría con más intensidad sobre el frente rocoso que enmarca la playa.

Claro que no todo queda ahí. Son muchos los beneficios que encierran.

“Por ejemplo -contó Bonucelli-son acuíferos colgantes. Porque no están relacionados con el agua subterránea, sino que son receptores del agua de lluvia”.

Justamente esa característica fue la que más aprovechó la región en épocas de escasez, cuando el canal hídrico Pomona-San Antonio no existía y la localidad dependía del líquido que llegaba del arroyo Valcheta, en un tren aguatero.

“Por entonces, varios molinos captaban el agua de las dunas”, recordó el experto.

Se viene la arena

Claro que la condición indómita de la arena también les deparó dolores de cabeza a los pobladores.

Es que los médanos son invasores y para que no cierren caminos ni sepulten incipientes poblados hay que recurrir a la labor de ingenieros agrónomos.

Mediante estudios, estos profesionales determinan cuáles de ellos deben fijarse haciendo uso de la vegetación autóctona, para que ésta se arraigue y ceda espacio a la planificación urbana.

“Así pudo nacer, por caso, el Puerto San Antonio Este”, apuntó Bonucelli.

Para que eso suceda los que se fijan no son los médanos vivos. “Esa condición no tiene que ver con que haya dunas más zonzas que otras -bromeó el geólogo-. Se les dice ‘vivas’ a las acumulaciones que siempre se desplazan y van mutando. En ese ir y venir, protegen la costa y alimentan de arena la playa”, finalizó.

“Los médanos pueden fijarse sólo con especies nativas de la zona. Sino, el equilibrio se quiebra y el ciclo vital de las dunas se pierde”.

Renzo Bonucelli, geólogo.

Disfrutar de las dunas

Datos

“Los médanos pueden fijarse sólo con especies nativas de la zona. Sino, el equilibrio se quiebra y el ciclo vital de las dunas se pierde”.
Renzo Bonucelli, geólogo.
Aunque los sistemas de médanos pueden verse en toda la región hay lugares en los que se disfrutan a pleno. Uno de ellos es el Camino de la Costa, que une el Puerto San Antonio Este con el corredor de playas que lleva hacia Viedma. En gran parte de ripio, está escoltado en varios tramos por médanos enormes, que van mudando sus formas y cambiando el paisaje.
Más cerca del área local están las dunas del balneario Piedras Coloradas, ubicado a 5 km al sur de Las Grutas. Allí la actividad turística que se desarrolla degradó en parte su imponencia, aunque su encanto perdura. Lo importante es explorarlos a pie, disfrutando del recorrido y sin alterar la vegetación.

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