Los Trovarelli, inmigrantes italianos abocados al crecimiento regional
Redundante tarea es recordar la labor inmigratoria a la Argentina y a la región norpatagónica a fines del siglo XIX y principios del XX como consecuencia de las graves dificultades que atravesaba Europa.
Repetimos que la historia patagónica reciente es narrada a través de entrevistas, escritas u orales, a sus protagonistas o descendientes y necesitó de un largo período de tiempo para que fuese aprobada, apreciada, aprovechada y visibilizada.
Nuestra intención se centra en la preocupación por lo vivido en el espacio patagónico de los antiguos sujetos sociales. Esta familia de inmigrantes se inició con don Bartolomé Trovarelli, casado con Ana Dominga Aceto, ambos italianos de Chieti. En la provincia de Pescara nacieron sus cuatro hijos: Luiggi, Antonio, Sante Amelio y Iolanda. En la Primera Guerra Mundial, Bartolomé había emigrado por un tiempo a Norteamérica, donde se desempeñó en oficios varios. De regreso a su tierra, su trabajo fue administrar establecimientos rurales.
Cuando sus hijos eran aún pequeños, toda la familia se mudó a Palazzo Morgana, localidad del sector sur de la metrópoli de Roma. Sante Amelio Trovarelli nació en 1925 y vivió su niñez en épocas mussolinianas. Finalizada la Segunda Guerra Mundial ingresó al servicio militar italiano como chofer de un comandante. Luego estudió en una escuela de artes y oficios: se formó como tornero matricero.
Uno de sus primeros empleos fue en Cinecittá, el famoso complejo de estudios al servicio del cine italiano, en Roma, donde reparaba máquinas y hacía piezas para la industria cinematográfica. En los años posteriores a la finalización de la Gran Guerra, y con los efectos de la devastación de la posguerra, Sante gestó la idea de buscar futuro en el exterior, incentivado también por la propaganda difundida por parte de los gobiernos italiano y argentino, que invitaba a los jóvenes a emigrar.
Él eligió Argentina, la provincia de Río Negro, ya que un tío suyo, Santos Aceto, se había establecido en ese lugar tiempo antes. En 1949 llegó a Cipolletti y comenzó a trabajar en la empresa INDUPA, instalada en Cinco Saltos, donde también conoció a otros italianos e inmigrantes de otros países. A través de su tío conoció a Juana María Briz, hija de eslovenos y nacida en Cipolletti en 1933. Se casaron en 1955 y se establecieron en Cinco Saltos, en la calle Sarmiento.
En aquel momento, el barrio donde comenzaron a construir su casa era una chacra recién desmontada. Con un crédito del banco y un fructífero trabajo, la casa fue construida en poco tiempo. Después de trabajar en INDUPA algunos pocos años, Sante Amelio se asoció con otros compañeros, casi todos italianos, para iniciar un emprendimiento llamado IMCINSA, Industria Mecánica Cinco Saltos. Su actividad estaba vinculada con servicios para la fruticultura.
Una vez que esa sociedad se deshizo por decisión compartida Sante, de espíritu inquieto e ingenioso, se dedicó a crear una máquina para armar y tapar cajones de madera para la fruta, que tanto se requería en el Alto Valle del Río Negro y Neuquén. Construyó su industria en el terreno aledaño. De esta manera, se constituyó la Industria Mecánica Trovarelli que rápidamente, y en el contexto favorable que brindaban la fruticultura, los aserraderos y los galpones de empaque, fue creciendo en empleados y clientes. Sante patentó su invento, lo perfeccionó, y lo fue adaptando a la necesidad de diferentes industrias.
Sus máquinas fueron exportadas inclusive a la industria frutícola de Chile. Juana y Sante tuvieron cuatro hijos: Jorge, Silvia, Carlos y Pablo. Jorge se incorporó a los trabajos de la industria de su padre mientras se dedicaba en paralelo al rubro comercial de herrajes, se casó con Ángela y tuvieron a Diana, Natalia y Gabriel. Silvia realizó estudios universitarios para la docencia, cumplimentando una larga carrera en ese ámbito en Cipolletti, se casó con Alfredo y tuvieron a Javier, Cecilia, Ayelén y Agustina. Carlos tomó los hábitos en la fraternidad Franciscanos Conventuales: hoy es el principal referente a nivel mundial de esa congregación, razón por la que no reside actualmente en la zona.
Por su parte, Pablo estudió ingeniería y desarrolla su actividad en la industria de los hidrocarburos, se casó con Laura y sus hijos son Fabrizio y Luciano. Relatos familiares cargados de emoción y de recuerdos: abuelos y padres como ejemplo de vida en aquellos años iniciales de nuestra región.
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