Cátedra de asador

Por Héctor Mauriño

vasco@rionegro.com.ar

Mientras Sobisch y Quiroga agasajaban ayer a la clase obrera con un asado descomunal, casi todo el arco opositor, como pocas veces se ha visto en la provincia, se juntaba en Zapala para condenar al modelo político del sobischismo y sus aliados, y apoyar la gestión de Kirchner.

Es una compleja relación de amor y odio la que une al gobernador y al intendente. Aliados de hecho, se necesitan mutuamente pero no dejan de competir entre sí y no se sabe cuándo la propia subsistencia los terminará por separar. Quiroga quiere llegar al lugar que hoy ocupa el líder del MPN, y para lograrlo no concibe otra alternativa que pegarse al gobernador. Ya vendrá el momento de dar un giro en el aire para asaltar el poder. Sobisch lo sabe y lo observa con desconfianza. Por eso avanza sobre el espacio del radical. Pero se cuida de acorralarlo, no quiere empujarlo a la oposición.

Por ahora ambos se dispensan elogios, pero también pujan por robar cámara para ganar el favor del público. Uno hace el Museo de Bellas Artes y el otro la nueva Legislatura y, de vez en cuando, pelean por el mismo 'chiche', como las tierras del Ejército, el Paseo de la Costa o la nueva terminal.

Esta semana, la pulseada pasó por los asados. Uno y otro dieron cátedra sobre los costillares y de paso hicieron méritos con los muchachos de la UOCRA. «Pechi», en la calle robada al Parque Central; Sobisch en la terminal robada a «Pechi».

Sobisch asegura que en el 2007 se va «para arriba o para afuera». Pero todo el mundo sabe lo difícil que es ir para arriba y lo fácil que es modificar la Constitución para quedarse acá. Seguramente por eso, y porque dejar un heredero es algo bastante improbable entre caudillos como Sobisch, el gobernador no se quiere descuidar con Quiroga.

Pero ésta es una preocupación menor para alguien que apunta a la presidencia de la Nación. Esta semana, Sobisch tuvo la fortuna de que la crisis energética lo colocara en el centro del debate político, algo que ha estado buscando por todos los medios a su alcance.

Desde el gobierno nacional se atribuye la falta de gas al fuerte crecimiento de la economía, sumado a la falta de inversiones por parte de las empresas y al bajo precio del fluido. Sobisch, en cambio, descarta que se debe a la «falta de previsión» de las autoridades nacionales.

Como quiera que sea, la crisis energética le viene como anillo al dedo. Es una fisura por donde se cuela la crítica al gobierno nacional y eso le permite confrontar públicamente con Kirchner, aunque éste no se dé por enterado.

Sin embargo, el intento de capitalizar la crítica en el tema del petróleo y el gas no le está dando a Sobisch los resultados esperados. Una muestra es lo ocurrido esta semana en el seno de la Ofephi (la organización que nuclea a las provincias petroleras), donde el neuquino no obtuvo mayor eco con su prédica. Los otros gobernadores no lo acompañaron en la medida deseada. Ni siquiera el salteño Romero, un amigo que comparte el amor por el oro negro y Carlos Menem, pero que como buen justicialista no quiere terminar de pelearse con el compañero Kirchner.

Tampoco fue un éxito rotundo para Sobisch el lanzamiento de su candidatura en el Club Español, sobre todo si se tiene en cuenta el calibre de los invitados que logró reunir. Con sujetos como Herminio Iglesias o el comisario Luis Patti, es difícil hacer un buen papel, aun ante la derecha civilizada.

El gobernador se movió ágil entre el público micrófono en mano, al estilo Bucay, inclusive supo apuntar a temas sensibles como los piqueteros y la seguridad. Pero con asertos tan pulidos como «Voy a ir a los barrios marginales de la mano de la policía (…) y a los delincuentes los vamos a sacar a patadas en el c…», no sorprende que no logre cautivar al selecto establishment nacional.

Acaso para enmendar un poco su invectiva contra pobres y marginales, Sobisch homenajeó ayer a un puñado de obreros con su mentado «asado al piolín». Pero la distensión no debe haber sido total. Mientras el gobernador empujaba las brasas en la terminal, el más amplio abanico opositor que se haya juntado en los últimos años se daba cita en Zapala para lapidarlo con sus críticas y ensalzar a su principal enemigo: el presidente Kirchner.

Más de 300 dirigentes, entre ellos los intendentes de San Martín, Cutral Co, Villa La Angostura, Aluminé, El Huecú y Zapala; diputados, gremialistas y referentes partidarios del PJ, la UCR, el Frente Grande, el MUN, Patria Libre, el Partido Socialista, el MID y hasta el MPN ortodoxo lanzaron ayer un documento de convocatoria a todos los neuquinos para una política opuesta a la del gobernador. Además de respaldar la gestión de Néstor Kirchner.

Desde luego, la creación de un frente opositor capaz de disputar en pie de igualdad el poder a Sobisch todavía está en pañales. El gobernador está en el pináculo del poder y a pesar de lo mucho que se queja sobre la forma en que le liquidan las regalías, éstas nunca han sido tan suculentas. Y nunca tan alta la prosperidad que rodea al equipo gobernante.

Pero lo ocurrido ayer es una señal importante. Una muestra de que el estilo dilapidador, autoritario y discrecional tiene cansada a la sociedad. Tanto, que es capaz de obrar el milagro de unir a los dirigentes de la oposición.

 


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