Citroën: bueno y barato, para armar y desarmar

Modesto pero siempre rendidor, en todas sus versiones antiguas el Citroën se metió en el corazón de los argentinos. Pudo recorrer cada rincón del país y buena parte del mundo. Su historia, en esta cronología.

ÍCONO DE LOS 60’

No encontré mejor definición que la de Mafalda para este auto que pasó de generación en generación rompiendo códigos de la industria automotriz, pero cumpliendo objetivos claves desde la mirada del usuario. Tanto que fue capaz de ser el auto más elegido durante años por una franja de la sociedad que veía en él la ansiada llegada al cero kilómetro y sabía que con el fantástico Citroën llegaría a cualquier lado.

Mafalda dice en una de sus tiras, tal vez de las más recordadas, que el Citroën es uno de los pocos autos donde lo importante sigue siendo la persona.

Bueno y barato. Bajo esa concepción el Citroën, podría decir glorioso Citroën, se instaló en cada país como un ícono de la industria automotriz donde el confort no era la prioridad, sino más bien llegar, a bajo costo, pero llegar.

En minutos se podía armar y desarmar, era el auto al que más rápidamente se le podía cambiar su chasis, puertas desmontables, descapotable, económico, de repuestos muy accesibles. Es decir, reunía en un mismo vehículo muchas cosas que le gente pretendía. No era de los más ágiles, pero tenía muchas cosas que para un sector de la sociedad lo hacían importante.

Claro, del viejo 2CV pasaron luego muchos modelos hasta llegar al 3CV, al Mehari, al Ami 8, todos con la misma concepción pero levemente más confortables.

INFO Citro

El 2CV era el del motor con menos potencia, a tal punto que cuando ya tenían cierto desgaste perdía fuerza y no era tan simple mover una familia.

Una vez me tocó ser espectador ante una situación que lo pintaba de cuerpo y alma. Si subían mis cuatro vecinos el auto se ponía en marcha, pero no partía, de modo que el más ágil de los integrantes, generalmente algún adolescente, se bajaba, el auto salía lentamente y corriendo se subía sobre la marcha. Ahí no había modo de detenerlo, al menos hasta la primera subida de importancia, donde volvían las dificultades. Era un auto para el llano y para pocos usuarios.

En la publicidad del 2CV se decía claramente que ese auto estaba en condiciones de llevar a cuatro personas y una bolsa de papas. Claro que no decía de qué peso tenían que ser las personas. Lo ideal eran dos adultos y dos niños. La versión citroneta de la misma potencia, es decir la citroneta 2CV, venía de fábrica preparada para cargar 250 kilos de peso extra además del conductor.

Eso sí, las ventajas eran muchas más que las dificultades que les iban descubriendo. El propietario se olvidaba del agua, porque no utilizaba radiador, ante algún incidente de tránsito, si el daño no era mayor lo podía reparar uno mismo, se sacaban puertas y guardabarros con tanta facilidad que algunos hasta lo hacían de vez en cuando en momentos de lavado profundo del vehículo.

No eran de los más cómodos, pero andaban, llegaban, eran baratos, gastaban muy poco combustible. Y si alguien se atrevía a un viaje largo, recordaba cada caño del asiento. Porque tenían tapizado básico sobre una estructura de caños que le daba forma.

Argentina fue un buen destino para la gama de Citroën que fue capaz de meterse sin escalas en el corazón de los que se dieron la oportunidad de disfrutarlo.

Jorge Vergara jvergara@rionegro.com.ar


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