Ciudadanía y empoderamientos

Por Redacción

La introducción del Ministerio de Ciudadanía en el esquema organizacional del nuevo gobierno de Neuquén genera la expectativa de un vínculo más directo entre la comunidad y el gobierno, más aun teniendo en cuenta el eje central anunciado desde la cartera al decir que pretenderá ser “el mayor articulador de las políticas públicas del Estado”. Es a partir de este punto que se tiende la mesa para un debate interesante y necesario en la búsqueda de un Estado que sea realmente el que amortigüe y contenga la creciente inequidad que evidencia el tejido social de nuestra provincia.

Sin tener muy en claro los detalles y pormenores del nuevo ministerio, descuento que los derechos individuales y colectivos de las personas serán el eje central de su accionar, esperando que también lo sean los de tercera generación, los recursos ambientales y su administración sustentable, los derechos de los consumidores y una mayor comprensión y alcance de los derechos que protegen a los sectores más vulnerables.

La importante migración interna que tiene a Neuquén como destino de privilegio, tentada por la supuesta bonanza de la industria petrolera y los destellos de Vaca Muerta, deriva en un indeseable incremento de la pobreza y la marginalidad, fundamentalmente en la ciudad capital y en aquellas localidades que tienen como actividad principal la explotación de yacimientos hidrocarburíferos. Aquí imagino al Ministerio de Ciudadanía generando herramientas para el fortalecimiento de los distintos sectores, articulando políticas e impulsando relaciones estratégicas con el objetivo de generar grupos sociales protagonistas que sean capaces de promover cambios positivos en sus comunidades.

Neuquén padece particularmente las consecuencias de una economía de enclave y todo lo que trae aparejado, tanto lo bueno como lo malo: desigualdad social, precariedad laboral, juego, drogas, trata de personas; una multitudinaria generación de jóvenes que no estudian ni trabajan, mesturado con la pasividad de otros acostumbrados a sobrevivir de la asistencia del Estado sin más expectativas que el subsidio o “la bolsa”.

Debemos robustecer el debate para frenar la creciente desigualdad entre los sectores más favorecidos (que cada vez son menos y concentran mayor poder) y el resto, los más desvalidos, a quienes tenemos la obligación de empoderar en el sentido más abarcativo de este concepto.

El principal reto del empoderamiento es luchar contra la pobreza y transformar las relaciones que han conllevado a que ciertos sectores sociales tengan menos oportunidades que otros. De ahí que no solo resulte importante comprender las causas que explican por qué algunas personas y grupos en la sociedad son más poderosos que otros, sino que es especialmente relevante discutir, debatir y poner en marcha alternativas y estrategias que contribuyan a la igualdad de oportunidades, al fortalecimiento de capacidades y a un reparto más equitativo de los recursos y servicios sociales, prestando especial atención a la expresión y punto de vista de los sectores menos favorecidos en los procesos de toma de decisión.

Las transformaciones de las sociedades son lentas e indudablemente conllevan cambios culturales con repercusión tanto en las cuestiones de fondo como en las formas, y sin lugar a dudas la mejor herramienta para vehiculizar esta transformación cultural es la educación en todos sus niveles, tanto formal como informal. De tal manera el sujeto social podrá llegar a comprenderse como objeto de esas transformaciones, asumirlas en beneficio individual y proyectarlas en toda su dimensión en el colectivo social. Bienvenido sea este debate.

(*) Diputado provincial – UCR

Opiniones

Alejandro Carlos Vidal –

Diputado provincial (UCR)