Confluencias
La alianza macrista surgió agrietada, sin la UCR. Weretilneck observa a Gennuso.
Cambiemos en Río Negro emergió en crisis. Esa alianza se fundó con los socios menores y dirigentes disgregados. Ayer se presentó sin la mayor expresión radical hoy en pie, que se anida en el intendente viedmense José Luis Foulkes, con su alcance en la conducción de la UCR, que lidera Darío Berardi. El macrismo pondera a esa estructura como la peor herencia dejada por el radicalismo que ya no es. Sólo convoca a Foulkes, quien reclama que se incluya al mando partidario. Entre esos extremos, nadie pudo desatar ese nudo.
Foulkes, tal vez, algún día esté, pero la creación tiene una falla de origen. Se abrió una grieta entre ese radicalismo partidario y la representación macrista –que lidera el diputado Sergio Wisky y el referente Juan Martin– lanzada a la búsqueda de un colectivo político “abierto”, pero con sus restricciones. Esa práctica reniega de la estructura partidaria aunque, con lógica organizativa, trabaja en la consolidación de su Pro y, además, formalizó la afiliación del cipoleño Aníbal Tortoriello. Afuera se prioriza a dirigentes nómades del radicalismo o del progresismo.
Esa desorientada composición y estrategia se evidenció en la semana cuando Foulkes sufrió la fractura de su ya minoritario bloque de concejales, a partir de que su presidente Leandro Massaccesi se fue con el relato de la creación de la virtual bancada de Cambiemos. Ese paso personal colisionó con el ahínco de Juan Martin y, entre otros, de Tortoriello –siempre acompañado por su alter ego, el secretario Diego Vázquez– para convencer al jefe viedmense de que participe del lanzamiento. Ocurrió lo imaginable. Foulkes detectó que sus aliados dinamitaban su terruño y, en todo caso, consiguió una razón para explicar su ausencia. Todo esfuerzo posterior fue inútil, tampoco alcanzó la tardía jura de Massaccesi que seguiría acompañando a la administración comunal.
Curiosamente, el gobernador Weretilneck ofrecería mañana un ámbito de acercamiento ya que invitó a un almuerzo a los intendentes de Cambiemos, Foulkes, los otros jefes radicales y Tortoriello. El motivo poco interesa. La dirigencia nacional del macrismo y del radicalismo preparan un plan de recomposición para mayo.
Será un almuerzo de seducción. El asado de instrucción ocurrió en Roca cuando Weretilneck ordenó filas de su fuerza, orientado para conformar el partido de Juntos. Meritúa cada paso porque no quiere incomodar más a Pedro Pesatti, siempre reacio a ese camino. “No está en contra, es una actitud romántica” con el peronismo, lo justifica cuando alguien rezonga por los reparos de su vice.
En cambio, el intendente Gustavo Gennuso sí lo inquieta. “El sábado tenés que estar en Roca”, conminó Weretilneck al barilochense cuando coincidieron en Buenos Aires por la reactivación de las viviendas federales. Pero Gennuso no estuvo, aunque esgrimió un motivo válido: acompañar a la familia de Micaela Bravo, cuyo cuerpo mutilado había aparecido tres días antes.
La asistencia barilochense recayó en el legislador Leandro Lezcano, que Weretilneck sentó a su lado y, aún su ausencia, ubicó a Gennuso en la conducción de la Mesa de Juntos. El intendente ha mejorado los recursos municipales y piensa en su emancipación financiera-política con la Provincia y la Nación. Nunca creyó en los vínculos forzados.
En Casa Rosada recuerdan una anécdota: en una audiencia con el ministro Rogelio Frigerio, el diputado Wisky presentó al bolsonense Bruno Pogliani y a Gennuso como “intendentes del partido del gobernador”. El barilochense se desprendió rápidamente de esa ligadura. “No. Yo soy de un partido vecinal”, corrigió. Frigerio sonrió y tomó nota, a pesar de que en Interior se sabe de esas poses ariscas del ingeniero nuclear, quien escabulló el apoyo al hoy presidente aunque existieron promesas incluso en una reunión con Macri.
Weretilneck no descuidará a Gennuso. Revisó, seguramente, su estado de esa relación en el viaje compartido con Gennuso a Brasil en misión turística, organizado por el Banco do Brasil, dueño del Patagonia. Igual, en esa incursión paulista, la concurrencia de voluntades estuvo en otro lado. Los empresarios se ocuparon de sus ventas mientras banqueros y Weretilneck reparaban vínculos. Atrás está quedando el enlace complicado propuesto por un gobernador molesto por la desmedida ambición del agente financiero de Río Negro, cuyo contrato vencerá a fin de año. El banco aportó a esa mejora, especialmente cuando el grupo brasileño asumió su pleno control en abril del 2014, con el ascenso de Joao Carlos Nóbrega Pecego y el corrimiento de Jorge Milne. Así, el Banco do Brasil ofreció esa ronda turística en San Pablo, descontando –aún la falta de precisión gubernamental– que los gastos de los funcionarios correspondieron al Estado. Lo contrario evidenciaría una clara incompatibilidad.
Entre los tres funcionarios viajó el exministro y actual presidente del bloque, Alejandro Palmieri. El contador fue y es el más sólido lazo con el Patagonia, y el gobernador lo ratificó como diseñador de la futura licitación. El núcleo crítico del banco subsiste en el ministro Isaías Kremer.
Weretilneck conserva fuertes exigencias –como mejores y mayores servicios para los agentes públicos, y una asignación de los préstamos para créditos productivos– pero repasa su inicial propósito de un canon a pagar por el futuro agente financiero por la disponibilidad de los recursos de la provincia. Atesoró ese plan de lo hecho por Santa Fe con su contrato con la entidad de Enrique Esquenazi (Nuevo Banco Santa Fe-Grupo Peterson), iniciado en el 2009 y renovado en el 2014. En contrapartida, Río Negro abonó el año pasado más de 35 millones al Patagonia por “comisiones”. Por ahora, ideas sueltas para un modelo al que aún le falta resolver el contenido.
Opiniones
Adrián Pecollo
adrianpecollo@rionegro.com.ar
“En la Casa Rosada saben de las poses ariscas del intendente de Bariloche, quien escabulló el apoyo al hoy presidente aunque hubo promesas incluso en una reunión con Macri”.
Datos
- “En la Casa Rosada saben de las poses ariscas del intendente de Bariloche, quien escabulló el apoyo al hoy presidente aunque hubo promesas incluso en una reunión con Macri”.
Cambiemos en Río Negro emergió en crisis. Esa alianza se fundó con los socios menores y dirigentes disgregados. Ayer se presentó sin la mayor expresión radical hoy en pie, que se anida en el intendente viedmense José Luis Foulkes, con su alcance en la conducción de la UCR, que lidera Darío Berardi. El macrismo pondera a esa estructura como la peor herencia dejada por el radicalismo que ya no es. Sólo convoca a Foulkes, quien reclama que se incluya al mando partidario. Entre esos extremos, nadie pudo desatar ese nudo.
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