Costumbres argentinas

Por Redacción

Ciertos hábitos argentinos afloraron por la geografía sanmartinense, en hechos que nada tienen que ver entre sí, pero conservan el hilo conductor de nuestras peores costumbres. Veamos.

• La pérdida del asombro: Un vecino halló la muerte en medio de la ruta 234, en una noche de martes cerrada y ajena. La ruta ha sido tantas veces escenario de accidentes, que uno podría asumirlos como inevitable fatalidad.

Es que en ocasiones, hasta la desidia se hace tan cotidiana que uno la acepta sin perplejidad. Una tira cómica televisiva de los años 60 idealizaba el país de lo posible-imposible con un remate: «Argentina año verde». El chiste era que en aquella Argentina imaginada todo funcionaba maravillosamente bien.

Era una inocentada con mensaje darwiniano: un país condenado a perecer por su incapacidad de adaptación al elemental consenso de querer hacer las cosas bien.

La ruta 234 es el eje de la ciudad, tanto que se pierde en el damero del casco histórico para reaparecer luego como el camino de los Siete Lagos.

Vaya a saber por qué, la ruta se acomodó entre barrios, o los barrios nacieron a su amparo. Hoy discurre por delante de escuelas y colegios.

Vaya a saber por qué, San Martín se fuga hacia el este, siguiendo el trazo de la ruta, con lo que es de suponer que la presión sobre ella será cada vez mayor.

Pero no crea el lector que las autoridades desconocen semejante fenómeno. Se trabaja en proyectos de señalización -que hará Vialidad Provincial por convenio con Vialidad Nacional- y en la construcción de derivadores y repavimentación.

Claro que cosas bastante parecidas se dijeron el 31 de agosto de 1999; el 16 de mayo del 2000; el 23 de junio del 2000; el 10 de diciembre del 2000; el 10 de mayo del 2001; el 28 de octubre del 2001; el 24 de abril del 2002…

La lista es apenas un repaso de las últimas informaciones publicadas por este diario sobre obras o medidas de seguridad, entre Pío Protto y el centro. Son anuncios de lo que se iba a hacer y aún no se ha hecho. La cronología podría ser abrumadoramente superior si se considerase toda la ruta, con Siete Lagos.

¿Por qué los anuncios son tantos y las obras tan pocas? Se trata tal vez de la «falta de presupuesto», que reaparece como fantasma advenedizo.

Quizá haya que echarle un vistazo a la multiplicidad de jurisdicciones. Quizá haya que preguntarse quién usa la ruta, y a qué distancia está el usuario del escritorio donde se toman decisiones.

Quizá haya que pensar por qué Vialidad Nacional se empecina en mantener la ruta bajo su ejida, y nunca tiene plata para hacer obras. ¿Será por costumbre?

• El movimiento en la sombra: desconocidos se llevaron la computadora de radio Pocahullo, habitualmente crítica a la gestión del gobierno local. Antes, en junio, habían atentado contra sus equipos de transmisión. El automóvil de un directivo fue violentado con el añadido de un mensaje mafioso (palo atravesado sobre el asiento del conductor, de lado a lado).

Días antes aparecieron denuncias de estilos patoteriles y hostigamiento, como las que distintas organizaciones llevaron a la Mesa de Diálogo Social local.

Nada puede afirmarse del costado policial del hecho, cuando la Justicia recién inicia la investigación. No puede esperarse menos que el esclarecimiento total.

Lo que sí puede decirse mientras tanto, es que la Argentina cobarde y de modos oscuros aún perdura. Incluso aquí, en este hermoso pueblo de cuento de hadas.

Fernando Bravo

rionegro(a)smandes.com.ar


Exit mobile version