¿Cuál es el rumbo?

Por Arnaldo Paganetti

n su última película, donde hace de Robinson moderno, Tom Hanks le encuentra un nuevo sentido a la vida cuando le ocurre una catástrofe y se alteran todas las reglas de su existencia anterior, marcada por una alocada carrera contrarreloj para perfeccionar la entrega de correspondencia privada de una empresa que llegó a nuestro país una vez muerto Alfredo Yabrán.

Son muchos los que en la Argentina discursean sobre los problemas de más de 35 millones de habitantes: los economistas encuentran fórmulas y más fórmulas para salir de la recesión; los gobernantes prometen terminar con las inundaciones, frenar la pobreza, generar empleos y disminuir los crímenes; los legisladores y jueces aseguran que se acabará con la corrupción estructural. Palabras que luego son contradecidas por los hechos y las discrepancias que tanto en el oficialismo como en la oposición no permiten visualizar el rumbo, a pesar de que circunstancialmente parecen soplar vientos favorables.

La furibunda acusación de Fidel Castro contra el presidente Fernando de la Rúa y su canciller Adalberto Rodríguez Giavarini -“lamebotas de los yanquis”, enrostró al anticiparse a un nuevo voto argentino en la ONU, condenatorio de Cuba por violaciones a los derechos humanos- volvió a marcar fisuras en la Alianza. Es que los líderes del sector centroizquierdista o socialdemócrata, y que encarnan el desplazado ex vice Carlos “Chacho” Alvarez y el ex mandatario Raúl Alfonsín, plantearon la abstención, sin una subordinación automática a los Estados Unidos, que continúa la línea gruesa trazada por la gestión de Carlos Menem.

Alejada de esas cuestiones principistas, la gente común percibe que no habrá cambios sustanciales ni metas a buscar con verdadero entusiasmo, si antes no se produce un sacudón capaz de hacer reflexionar a los directores de un naufragio anunciado.

El “blindaje” financiero, para nada desinteresado, que los organismos internacionales de crédito brindaron con el visto bueno de EE. UU., sigue encontrando una gran dificultad: se paga la deuda pero ya se entró en el año electoral y el ministro de Economía, José Luis Machinea, admitió que las mejoras no llegarán a los bolsillos de los ciudadanos antes de los comicios de octubre.

Las cascadas de críticas se suceden y todo termina como comienza: se sigue discutiendo sobre el beneficio del dos por uno para los delincuentes (a propósito del asesinato de una adolescente en Miramar); la reglamentación del lavado de dinero, tras conocerse un informe del Senado norteamericano y del doble asesinato de Cariló, y acerca de la constitución de un nuevo Senado, sospechados de coimeros la mayoría de sus integrantes, aunque el juez federal que investigó dispuso la falta de mérito para procesar a once de ellos. El mismo juez, Carlos Liporaci, también está en la picota pública porque no puede justificar la compra de una casa de más de un millón de dólares.

“Se avanzó poco, un cinco por ciento quizá, pero eso es algo”, trató de calmar el ministro Federico Storani, al ex vice “Chacho” Alvarez, a quien se pretende retener en un “corralito” dentro de la Alianza, ante el temor de una hecatombe en las urnas dentro de nueve meses.

No es aconsejable dejarse ganar por el desaliento. Pero cuando los periodistas tienen oportunidad de hablar con los protagonistas, se dan cuenta de que éstos están “en la luna de Valencia”, ya que a pesar de que reconocen los errores, las prácticas corruptas y el hartazgo de la población por la falta de cauces cristalinos, siempre se ciegan y caen en los reproches cruzados.

Peronistas y radicales por igual se encargaron de denostar el proyecto para bajar los gastos en el Senado presentado la semana pasada por Alvarez. Muchos sólo piensan en ser reelectos.

“Alvarez -afirmó el mendocino radical José Genoud, arquetipo prolijo de la actual composición de la cámara alta- pretende provocar el linchamiento de una institución, suponiendo que obtendrá prestigio sobre el desprestigio ajeno. En esto consiste la condena sin prueba y se trata de una operación totalitaria. Claro, de un totalitarismo progre…”.

Si eso lo dice un socio (enemigo, en realidad), qué puede esperarse de los que están en la vereda opuesta. El entrerriano peronista Augusto Alasino, quien no oculta sus abultados bienes y caballos de carrera, alimenta el diálogo tradicional entre políticos. “Cuando de la Rúa se caía y le daban 30 días de vida -ataca-, Alvarez se fue. Y ahora, cuando sube 12 puntos en las encuestas, vuelve”.

Es curioso observar cómo desde el PJ se apoya la política internacional de De la Rúa y se acosa a Alvarez. Alasino, Humberto Roggero y otros, en sintonía con dirigentes de la UCR, sostienen que el líder frepasista quiere debilitar para desestabilizar al presidente.

“¿Alvarez proponer reformar el Senado, por qué no modificar al Parlamento en su conjunto? ¿Qué es lo que defiende?, dice con suspicacia el rionegrino Remo Costanzo.

El radical Javier Meneghini redobla la apuesta del peronista patagónico. “Chacho no va sólo contra los senadores. Es un descerebrado que ataca al gobierno”, espetó luego de nombrar a su hijo, estudiante de abogacía, con categoría uno, con un sueldo de más de 2.200 pesos.

Mientras se espera que las buenas señales económicas se conviertan en avances productivos, la aliancista rebelde Elisa Carrió esperó el dictamen sobre lavado de dinero difundido en Washington por el senador demócrata Carl Levin, para desatar una ofensiva feroz contra el titular del banco Central, Pedro Pou -quien, a su vez, se atrevió a cuestionar al Citibank-, y rozar con sus dardos al poderoso jefe de gabinete, Chrystian Colombo. “Lilita” Carrió esperará hasta marzo para decidir si se lanza como candidata a senadora por la Capital Federal. En principio, aspira a hacerlo por dentro de la Alianza, pero reclamará internas abiertas, algo que seguramente el radicalismo le vedará, pues sus mensajes son hoy incompatibles con el diseño de Nación para el que trabaja Fernando de Santibañes, el ex titular de la SIDE, que aún sigue asesorando al presidente. Por más que no esté visible.

La irrupción estelar de la fogosa intelectual chaqueña tiene a maltraer a los aliancistas. “Si Alvarez no se presenta, ella arrasa, y a nosotros el Frepaso no nos sirve en la provincia de Buenos Aires”, admitió Leopoldo Moreau. Ella sabe adónde va y es consciente de que la cruzarán fuerte para voltearla. No hay que esperar que su ascenso provoque milagros, pero su sentido común y su lenguaje directo están llamados a servir de ariete para desestabilizar a las viejas y conocidas caras que modifican sus colores según la ocasión.

Arnaldo Paganetti


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