Javier Malosetti en Neuquén: los motivos que lo llevaron a armar su primer power trío y el tropiezo que fue caída y fractura
El eximio bajista lidera una formación con guitarra por primera vez en cuarenta años de música. Este jueves, se presenta en Mood Live de Neuquén
Un trío poderoso. Bruno Di Lorenzo, Javier Malosetti y Mateo Ottonello.
Por extraño que parezca, Javier Malosetti nunca había tenido un power trío. Había tocado de a tres muchas veces, sí; en formaciones propias ajenas, también. Pero estas nunca habían sido eléctricas y poderosas. Como hijo del gran guitarrista Walter Malosetti, Javier nació y se crió en lo profundo del jazz argentino. Su escuela de música fue su casa, literalmente.
Hizo música con casi toda la escena del jazz de su tiempo. Fue miembro estable de la banda de Luis Alberto Spinetta durante ocho años. Tocó y grabó con Rubén Rada, Dino Saluzzi, Lito Vitale, Pappo, Jaime Ross, Baby López Fürst, Álex Acuña, Larry Coryell, Jim Hall, Herb Ellis, y la lista podría seguir con muchos otros más, incluido su padre por supuesto. Pero un power trío, no.
“Toqué en muchos power tríos pero de otros, con Luisito tocábamos en trío, con mi viejo tocábamos en trío de guitarra, bajo, bata, y con otros violeros con los que he tocado, con Balta (Comotto) tocábamos en trío, con Balta y con el Tuerto Wirtz. Y me encanta escuchar ese formato. Me encanta escuchar tríos, los de Jimi Hendrix , Divididos, y Los socios del desierto, todos los tríos me gustan. Me gusta esa inevitabilidad de terminar sonando poderoso, eléctrico, y yendo para ese lado, no hay vuelta que darle.
Y por extraño que parezca tratándose de un músico como Javier Malosetti, fue porque le tenía miedo. O, en palabras precisas del músico: “Le tenía un miedo al trío terrible”, le confiesa a Diario RÍO NEGRO. “Porque siempre toqué con tecladistas y el tecladista toca un bajo, y yo puedo tocar arriba, y toca un órgano, y unas cuerdas, y unas trompetas”. Pero pasó que se quedó sin tecladista.
Historia de un power trío
Contada por el propio Malosetti, la cosa fue más o menos así: “Yo venía de tocar con La Colonia, que era un cuarteto de teclado, guitarra, bajo y batería. Cuando Milton (Amadeo) se volvió con su familia a su bahía Blanca natal yo me quedé sin tecladista. Toqué con algunos cambios, y después, bueno, empezó… La Colonia se empezó a descajetar un poco (risas). Uno no venía, entonces venía otro, después cambió de violero muchas veces, y me cansé. Me parecía reloco seguir manteniendo el nombre de una asociación, cuando siempre era movible”.
“Y pensé en armar un trío con viola porque no se me ocurría tecladista en ese momento, ¿viste? Pensaba en el parque tecladil, digamos, (risas) y no sabía cuál podía ser, ¿viste? Para armar algo que no sea uno que esté laburando en el mainstream, y que no lo veamos nunca porque tiene cuatro meses de ensayo, 28 horas por día, y todos los días, y después se van de gira cuatro meses. Y dije, bueno, ya está, ya fue, hagamos un trío con guitarra, donde el violero pise el octavador para abajo en algún momento, yo piso para arriba, y nos vamos cambiando los roles, y nos vamos a re divertir, así fue”.
Lo cierto es que, a falta de esa zona de confort musical que era un trío con tecladista, Malosetti se decidió a liderar y trío con guitarrista, por primera vez en cuarenta años de música. No menos curiosa es la historia alrededor de este inédito power trío: al baterista lo consiguió por canje y al guitarrista lo conoció por Instagram.
“Él me llamó”, dice Malosetti sobre el baterista uruguayo Mateo Ottonello. “Justo en esos días me llama porque él estaba armando un trío con un tecladista que se llama Augusto Durañona, que es un gran amigo. Me dice de tocar y de formar parte su trío. Y yo le dije, sí, pero con una condición, que vos toques en el mío. Y así fue”.

“Yo soy el bajista de su banda, que aparte me halaga porque, en Uruguay hay unos bajistas de lujo y estos dos, aparte son dos músicos muy jóvenes, de 30 y 28 años, yo me tomo el buquebus a a tocar con ellos, feliz de la vida”.
En cambio, con el guitarrista n Bruno Di Lorenzo no había tocado nunca. “De hecho, no nos conocíamos personalmente”, remarca Malosetti. “Él vino en el primer ensayo y nos saludamos, ahí lo conocí. Lo que sucedió con Bruno fue lodescubrí en Instagram, en épocas de la cuarentena lo escuché. Y ya me hice fan, viste, de los videítos que colgaba. Sí, me lo levanté por Instagram. (risas) Y resultó, la primera cita funcionó”.
Javier Malosetti: de regreso a Neuquén
Así quedó conformado el power trío, con un bajista porteño, un guitarrista platense y un baterista montevideano. Y con este (ya no tan) inédito power trío será que Javier Malosetti vuelva a Neuquén para un concierto que promete. Será este jueves, a las 21, en Mood Live (Ministro González 40). Entradas disponibles en protickets. com.ar y en boletería de la sala.
¿Cómo llega el trío al show de Neuquén? “En su esplendor”, dice Malosetti sin dudarlo. “En el prime de la relación entre los músicos, artísticamente hablando, ¿no? O sea, nos encontramos ahí como cohesionados, y con un sonido logrado que me enorgullece mucho”.
“Siento que estamos en el prime de la relación entre los músicos, artísticamente hablando. Nos encontramos cohesionados y con un sonido logrado que me enorgullece mucho”.
“Al principio me sonaba extraño”, confiesa sobre aquel temor de salir al ruedo con un power trío y (se) explica por qué: “Es muy loco que me pase eso, lo sé, porque es un formato clásico, ¿no? Un trío de guitarra, bajo, bata, pero mis temas interpretados así me sonaban raros. Ahora estoy recopado, porque el violero es como un tecladista, o sea, puede tocar la melodía y los acordes, escucha todo, no sé cómo hace. Es un genio. Podemos tocar mucha música, reversionar música que me guste, que no sabía que podía tocar en trío, que podía funcionar tan bien”.
Un disco, tropiezo y después
Hace poco más de un año, el trío había comenzado a trabajar en el material para un primer disco, pero pasaron cosas. En rigor de verdad, fue a Malosetti que le pasaron. Lo cierto es que ahora retomaron el trabajo y están tocando buena parte de ese material como parte del repertorio que sonará próximamente en Neuquén. “Estamos adelantando material de eso, tocando temas de otras épocas mías, de otros discos que me gusta seguir tocando, un mix de músicas de distintos discos, y también siempre hay lugar para la música de alguien, de algún homenaje que me gusta meter, o de la música que me gusta del mundo. Siempre metemos alguna reversión de algo, no cover, sino una nueva mirada a algo, no sé, Luisito, Ray Charles, Jimi Hendrix”.
Lo que le pasó a Malosetti, le pasó en mayo pasado mientras paseaba por Los Ángeles. Resulta que había comprado un bajo, que no era un bajo cualquiera, sino un Fender del 65, la misma edad del música. “Es ajo antiguo. Realmente un instrumento de colección”, lo describe. Con el instrumento debidamente guardado en su estuche colgando del hombro derecho, Malosetti dio unos pasos hacia atrás, pero tropezó y cayó.
Pudo ser un tropiezo cualquiera si no fuera la caída le produjo varias fracturas en la mano izquierda. “Por salvar el instrumento, me rompí la mano con la que tenía pensado tocarlo”, dice entre risas, ahora que sabe que puede seguir tocando porque, en un principio, Malosetti pensó lo peor. “No estoy cien puntos pero está bien, está bien, puedo tocar lo que quiero por ahora”.
“Tiene un nombre muy gracioso esa parte”, dice sobre el lugar de la mano que se rompió. “Yo estaba muy deprimido pero me gustaba el nombre y me hacía reír: el ganchoso metacarpiano. Y después, bueno, dos clavitos y mucha rehabilitación. Todavía me tironean los huesos, no puedo formar un puño, no puedo cerrar la mano como para hacer un puño y no puedo hacer diferentes movimientos del todo, pero estoy logrando bastante. Al principio no podía ni vestirme. Fue muy duro, loco”.
Bancate tres meses y volvés, le decían los médico. Pero en realidad era bancate tres meses y vemos. “Muy buena onda Nico Irigoytía, que es el traumatólogo que todo el tiempo me inyectó una fe tremenda, una gran voluntad porque considero que el médico si no la ve no se juega. Y él me decía, vas a estar tocando el bajo aguantate, ¿podés aguantarte dos meses?, me decía. Y después fueron tres”.
El primer show luego de la intervención fue seis de agosto pasado: “Recontra duro, todo nervioso porque todavía los huesos, como te digo, no puedo hacer un puño, me siguen tironeando al tocar un poco, la inmovilidad te saca la tonicidad muy rápidamente. Entonces cuando me sacaron todo, la mano no era de bajista, se me fue el callito y tenía la mano blandita, y aparte tenía un hormigueo al tocar, una sensación horrible”.
En cuanto al disco, aun no retomaron los trabajos porque el bajista quiere estar mejor de la mano y porque, por el momento, por cuestiones de agenda del trío, no están dando los tiempos para volver al estudio. “Yo ahora podría grabarlo tranquilamente, lo que pasa es que también es difícil combinar los tres. Porque no es solamente se trata de ir a la sesión, sino que me encantaría que nos juntemos y toquemos en privado varias veces.
¿En qué instancia quedó el disco? “Está por la mitad”, revela. “La guitarra y la batería están, hay cuatro temas que ya están grabados, y los teclados, porque también tocó Augusto Durañona como invitado en algunos temas. Hay cuatro temas terminados.
– Falta lo suyo, Malosetti.
–Algo así (risas)
Por extraño que parezca, Javier Malosetti nunca había tenido un power trío. Había tocado de a tres muchas veces, sí; en formaciones propias ajenas, también. Pero estas nunca habían sido eléctricas y poderosas. Como hijo del gran guitarrista Walter Malosetti, Javier nació y se crió en lo profundo del jazz argentino. Su escuela de música fue su casa, literalmente.
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