De los 90 a hoy

En junio de 1996 en la comarca petrolera de Cutral Co y Plaza Huincul se recrearon de manera autónoma dos repertorios de acción colectiva: el piquete y la asamblea. Su combinación, al mismo tiempo que hizo estallar las pretensiones de una facción del Movimiento Popular Neuquino de dirigir la protesta, hizo nacer un nuevo actor con identidad política propia: los piqueteros. Sin bien el piquete y la asamblea eran viejos métodos de lucha de la clase trabajadora, lo nuevo fue que comenzaron a ser utilizados en otro contexto donde la centralidad la tuvieron los trabajadores desocupados. ¿Qué había pasado en la Argentina para que irrumpiera este nuevo actor social? La reestructuración del capitalismo argentino en la década del noventa había transformado la estructura de los espacios del sistema de producción y realización del capital. Farinetti indica nuevos comportamientos colectivos a partir de esta realidad: a) se desplazó el conflicto laboral del área industrial al sector público, b) disminuyeron los reclamos por aumentos salariales y crecieron las demandas por pago de salarios adeudados y por despidos, c) se redujo el número de huelgas y se extendieron los cortes de ruta, ollas populares y huelgas de hambre como modos de acción colectiva y d) el aumento de la frecuencia de la protesta en las provincias y el creciente protagonismo de los gremios provinciales y municipales como actores centrales del conflicto. En este contexto, la fuerza de trabajo socialmente disponible que fue desplazada del mercado comenzó un proceso de reorganización a mediados de los años noventa. Sus antecedentes son las “puebladas”, entendidas como movilizaciones y manifestaciones populares multisectoriales masivas que cuestionaron la vigencia del modelo económico excluyente que producía la desocupación de amplios sectores de la población. En 1993 el denominado “Santiagazo” puede observarse como un anticipo de rebelión popular con amplia participación del conjunto de los sectores sociales. Sin embargo, serían las puebladas en Neuquén, Salta y Jujuy y las grandes movilizaciones en el conurbano bonaerense las que desatarían un proceso de protesta social entre los trabajadores desocupados desde el interior del país hacia su centro político. Se podría sintetizar entonces que a) el conflicto social que se instala a mediados de los años noventa está estructurado por el colosal proceso de exclusión y desocupación que asume la dinámica capitalista en Argentina; sobre la base de esta situación se estructuraron condiciones políticas e ideológicas que moldearon las prácticas de los sectores subalternos, b) la reorganización de los trabajadores desocupados se forjó en la lucha (cortes de ruta, asambleas, multisectoriales, enfrentamientos con las fuerzas de seguridad, ollas populares, ataques a edificios públicos, etcétera) y c) en este proceso de reorganización múltiples actores –multisectoriales, partidos de izquierda, sindicatos e iglesias– intentan organizar a la misma gente con diferentes intencionalidades: como miembros de una clase (los partidos de izquierda), como miembros de colectividades definidas en otros términos (iglesias, coordinadoras, partidos políticos tradicionales), a veces simplemente como miembros de “la sociedad” (multisectoriales). La acción colectiva de las clases subalternas en la actualidad es bastante diferente. a) Los conflictos por aumentos salariales volvieron a tener centralidad, b) aumentó el número de huelgas y paros en las distintas ramas de la producción y c) la protesta contra el Estado abarca a los que continúan en los márgenes reclamando por vivienda, infraestructura y trabajo, a millones de trabajadores a los cuales se les cobra un impuesto al salario y a crecientes sectores sociales que desde el interior de las provincias vienen reclamando por los bienes comunes. En este escenario hay una novedad política, un número cada vez mayor de clases medias siente amenazada su libertad de elegir sin que ningún referente político capitalice esta forma de protesta. Una renovada cartografía del conflicto social lleva al despliegue de una nueva correlación de fuerzas cuyo resultado estará dado por la capacidad de cada clase, sector y categoría social de encauzar sus energías hacia formas políticas que atiendan sus intereses. (*) Magíster en Sociología por la Universidad Federal de Pernambuco y doctor en Ciencias Sociales por Flacso sede Argentina. Es autor de “Protesta y organización. Los trabajadores desocupados en la provincia de Neuquén”, cuyo prólogo escribió Maristella Svampa. Actualmente Bonifacio es investigador en el Departamento de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional del Comahue.

José Luis Bonifacio (*)

Análisis


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