“Mama Antula”, una argentina devota, rebelde y santa

Esta laica consagrada resistió la suspensión, expulsión y silenciamiento de la Compañía de Jesús impuesta por España y Portugal, extensiva a sus Virreinatos. Fue perseguida, atacada y apedreada, pero también ensalzada por hechos místicos y sanaciones.


Templo de La Piedad, en Paraná y Mitre (CABA). Declarado Sepulcro Histó rico Nacional en 2014.

El papa Francisco canonizará mañana a una mujer que nació, vivió y murió en nuestro país; María Antonia de Paz y Figueroa. La ceremonia será este 11 de febrero de 2024 en la Basílica de San Pedro, en la Ciudad del Vaticano, prevista para las 9.30 hora de Roma (5.30 hora argentina) y se convertirá en la primera Santa argentina, para gloria y honor de la Compañía de Jesús y alegría y bienaventuranza de los católicos argentinos.

Hecho trascendente que no se puede minimizar, ya que conjuga lo místico y sagrado con la vida, obra, personalidad y el derrotero ejemplar y heroico de esta laica consagrada que resistió a la suspensión, expulsión y silenciamiento de la Compañía de Jesús impuesta por los Reinos de España y Portugal, extensiva a sus Virreinatos.

Venerable primero y Beata después, María Antonia de San José para la Iglesia y “Mama Antula” en una fusión de castellano y quichua santiagueño para los pueblos originarios del norte, Mama Antonia. Ella vindicó por la restitución de la Orden Jesuita y los derechos debidos a los nativos, concretamente los indios, los negros y las mujeres. En su tiempo, principios del Siglo XVIII y hoy también, su prédica sigue vigente a la luz de tantas diferencias, injusticias, atropellos, parcialidades y abusos…

Distintos y variados escritos laicos y religiosos refieren a la Beata, pero es el trabajo de Nunzia Locatelli y Cintia Suarez con prólogo del Dr. Facundo Manes el que profundiza en detalles su vida y obra siendo entre otras, la fuente en que abreva este escrito. (“Mama Antula. La Mujer más Rebelde de su Tiempo”, Ed.Planeta, 2019)

Había nacido en Villa Silipica, Santiago del Estero en 1730, renunció a los honores y privilegios de su clase y “al buen pasar “de su familia. Hija de un reconocido encomendero decidió una madrugada oscura, extender la mirada de sus ojos celestes cual el Manto de la Virgen, envuelta en aromas de mistol y la sola compañía de un indio fiel, emprender lo que para su acompañante sería el camino de la libertad y para ella el Camino de la Santidad…

Atrás quedaron el Río Dulce, el Camino Real, las Capillas donde se predicaba “que todos somos Siervos de Dios” y María Paz a discernir entre prédica y realidad. Rodeada de indios y esclavos trasplantados de África, sujetos a cadenas y azotes, Antonia siente angustia y pesar ante las injusticias de la “histórica encomienda heredada de su tatarabuelo, Don Sancho Paz”.

Caminó y caminó hasta llegar a la Iglesia y el Convento de Santo Domingo en Santiago del Estero, la piedra basal de la Iglesia Católica en Argentina, Diócesis fundada y reconocida en 1570, para manifestar allí que dedicará su vida al Beaterio Jesuita. Con solo 15 años e impregnada de la vida de San Ignacio de Loyola, aprenderá ella misma a organizar los Ejercicios.

En agosto de 1767 la “orden de Don Carlos III se cumple a rajatabla, la Compañía de Jesús es expulsada de los territorios virreinales, sus miembros parten al exilio, ella recibe la capa de un jesuita, se encomienda a San Francisco Solano imponiéndose reiniciar los “Ejercicios Espirituales Ignacianos”…

Ataviada con su capa, descalza y blandiendo en alto su Cruz de madera cual coraza de Salvación, acompañada de otras mujeres va por caminos de tierra y rancherías, realiza los ejercicios en poblados santiagueños, en Tucumán, Jujuy, Salta, Catamarca, La Rioja y San Luis.

El retrato de Mamá Antula ya está colocado para el domingo en Basílica San Pedro

Perseguida, atacada, apedreada pero también ensalzada por hechos místicos relevantes y sanaciones que testimonian varias personas y fieles. En Córdoba las Estancias, la Manzana depositaria de tanta Fe y Sabiduría Jesuítica la sorprende. Nada la detiene, permanece un tiempo y en 1771 se traslada con sus beatas (así llamadas) a Buenos Aires. El templo de La Piedad ubicado en Paraná y Mitre, será lugar de arribo y cobijo y postrada ante la Dolorosa, pide ayuda para completar su obra.

Creará la Santa Casa de Ejercicios (barrio de Constitución) y casa de penitencia para niñas rebeldes, Mariquita Sánchez estuvo ahí por no aceptar el arreglo matrimonial impuesto por su madre. Su novio y luego esposo; Martín Jacobo Thompson, era su “amor prohibido” y la visitará junto al aljibe. También fue banco de sangre cuando las Invasiones Inglesas y se atendió a heridos sin distinción.

La Agencia Informativa Católica expresa que su figura tuvo un peso histórico importante aunque se encuentre olvidado, considerada una Madre de la Patria: de los ejercicios espirituales en la Santa Casa, participaron entre otros Belgrano, Azcuénaga y el Virrey Liniers”.

Dictó su Testamento el 6 de marzo de 1799 un día antes de su muerte, expresando que “esa casa no tendrá otro fin que el de los Ejercicios Espirituales a perpetuidad (se estima que más de setenta mil personas participaron de ellos) y que sus restos descansen en el Templo de La Piedad.”

La historiadora, Graciela Ojeda de Río expresó que “la curación de la religiosa Vanina Rosa en 1905 fue el primer milagro atribuido a Mama Antula y recuperación de un hombre de un accidente cerebrovascular a comienzos del siglo XIX su segundo milagro por el cual será canonizada, destacó.

“En Roma, sus cartas a los jesuitas, traducidas al latín, francés, inglés y alemán, eran enviadas a distintas naciones, en particular a Rusia, único país que no había acatado el destierro de los jesuitas. Conventos franceses se reformaron al leerlas.” (Alero Quichua Santiagueño)

* Diplomada en Preservación del Patrimonio Natural y Cultural (UBP)


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