El regreso de Mauricio Vergauven y Atilio Vásquez, la Regata reabre las puertas del tiempo
La última vez que corrieron juntos fue en el '92, cuando ganaron la Regata. Ese año Atilio se fue a España y ahora regresó para ser parte de la edición dorada de la travesía.
Volver al río nunca es un acto casual. Es una llamada, es el murmullo de la vieja guardia que viaja con la corriente y se convierte en regreso.
Mauricio Vergauven y Atilio Vásquez no volvieron por nostalgia solamente. Regresaron porque los 50 años de la Regata del Río Negro abrieron una puerta en el tiempo. Bastó que se anunciara la edición dorada para que la idea, primero tímida, terminara de tomar forma. Para que la distancia dejara de pesar y el río volviera a ser punto de encuentro.
Atilio se fue en el ‘88 para Estados Unidos, después de ganar dos Regatas consecutivas junto a Juan de la Cruz Labrín. En el ‘90 y el ‘91 Mauricio se unió a la gran figura del canotaje neuquino para ganar esas dos ediciones de la prueba.
En 1992, Atilio volvió a la Regata para correr con Batata y la ganaron. Fue la última que corrieron juntos. Hasta ahora…

Mauricio siguió en la alta competencia hasta el ‘95. Luego enseñó, formó, cambió la pala por la palabra, el bote por el rol de entrenador, pero nunca dejó el río.
Atilio nunca imaginó que la Regata se convertiría en esto: en leyenda. “No imaginábamos que iba a trascender tanto. Desde esa época a la actualidad, los cambios que ha tenido el canotaje argentino son muy grandes. Ver todo este ambiente aquí es increíble…”.
Para Mauricio fue todo expectativa desde que Atilio confirmó su regreso. Se prepararon por separado y sumaron sólo un par de entrenamientos juntos. “Él llegó el lunes a Viedma y el jueves largamos de Plottier, así que imaginate… Nos venimos adaptando de a poco, el desafío es llegar, disfrutar el río y pasarlo lo mejor posible”.

A Batata, Viedma lo adoptó, tuvo hijos que hoy continúan su legado en el río y con Atilio los une el mismo origen: el Club Argentino de Canotaje, Cadeca. El primer club, la semilla. De ahí salieron nombres que hoy son leyenda como estos dos tricampeones de la Regata que comparten amistad y una forma de entender el deporte como camino y no solo como meta.
Pasaron los años, cambió el canotaje, se amplió el mapa, la Regata se volvió gigante, pero hay algo que no cambió: la emoción del reencuentro.
La Regata y el río ha dejado amistades que no se oxidan y siempre están dispuestos a devolvernos a aquellos que los honraron. Mauricio y Atilio, dos leyendas de esta Regata dorada, rememorar la amistad, vuelven a remar juntos y eso, al final, es lo mejor de todo.

Acompañan la cobertura de la Regata 2026:


Volver al río nunca es un acto casual. Es una llamada, es el murmullo de la vieja guardia que viaja con la corriente y se convierte en regreso.
Mauricio Vergauven y Atilio Vásquez no volvieron por nostalgia solamente. Regresaron porque los 50 años de la Regata del Río Negro abrieron una puerta en el tiempo. Bastó que se anunciara la edición dorada para que la idea, primero tímida, terminara de tomar forma. Para que la distancia dejara de pesar y el río volviera a ser punto de encuentro.
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