Desarrollo, dignidad y participación

por Oscar Virginillo (*)

La reciente realización de las II Jornadas de Economía Social en la localidad de Zapala fue una muestra de la vitalidad de las iniciativas económicas asociativas y solidarias.

Con la presencia de más de 250 personas participando en las diversas comisiones de trabajo se realizaron profundos debates entre representantes de cooperativas, del Estado, de nuevos emprendimientos solidarios y de organizaciones sociales que llegaron desde Aluminé, Cutral Co, Zapala, Centenario, Cipolletti, Plottier, Bajada del Agrio, Chacayco Sur, Plaza Huincul, Loncopué, Senillosa y Neuquén.

Se dieron cita dos generaciones de empresas solidarias: a la economía social tradicional o de primera generación (integrada por cooperativas eléctricas, de servicios, de trabajo, de producción, de consumo) se agregó la economía solidaria de segunda generación, con nuevas formas asociativas y productivas: pequeños emprendimientos, empresas recuperadas, productores autogestionados, cocinas comunitarias y familiares y grupos de trueque, entre muchas otras que expresan actividades económicas que cruzan creativamente lo productivo con lo social y que están integradas mayoritariamente por jóvenes y mujeres. También participaron ongs, redes sociales y diversas asociaciones sin fines de lucro.

Este heterogéneo conglomerado comparte el mismo sentido social y humano de la economía, con una fuerte valoración del trabajo, de lo democrático y de lo solidario; con valores de reciprocidad que no están en la lógica del lucro individual. A todos les favorecen las políticas de desarrollo incluyente y con una más justa distribución del ingreso, coincidencia que permiten augurar lazos más profundos y permanentes, así como la posibilidad de trabajar en un proyecto compartido. En esto último coincidieron las intervenciones del intendente de Zapala, del vicepresidente de Cooperar, del coordinador general del INAES y del presidente de Feconeu, presencias que dieron cuenta del interés despertado por esta convocatoria.

Fue significativo el aporte de docentes, investigadores y estudiantes de la Universidad Nacional del Comahue, destacando la necesidad de que se formen profesionales que piensen la economía con sentido social, superando el modelo del pensamiento único y trabajando para que la solidaridad impregne también a las teorías económicas.

En el intercambio de experiencias de los participantes se evidenció que se enfrentan múltiples obstáculos. La burocratización y distanciamiento entre los asociados y la conducción en las grandes cooperativas, la ausencia del Estado y los inconvenientes para gestionar y acceder al crédito y a la comercialización en los pequeños emprendimientos son algunas de las dificultades que se suman a las tendencias adversas más globales de origen neoliberal a las que se debe hacer frente y que son aún las predominantes.

Sin embargo, la potencialidad de la economía social, muchas veces negada, se hace sentir al revisar los datos, ya que se calcula que en la Argentina el valor de los bienes y servicios producidos por este sector representa el 5,5% del Producto Bruto Interno (PBI), es decir, unos 15.000 millones de pesos anuales.

Como afirmó en las jornadas el Ing. Guillermo Martini, representante del INAES, las organizaciones de la economía social imprimen su sello «renovando las prácticas socioeconómicas desde una acción democratizadora de la economía y de la sociedad».

En efecto, esta economía es social porque produce no sólo utilidades económicas sino que produce una mejor sociedad, no está orientada por la ganancia y la acumulación de capital especulativo, satisfaciendo de manera más directa y mejor las necesidades legítimas de la misma sociedad, cambiando la lógica de desigualdad y concentración del ingreso.

Este encuentro, organizado por la Federación de Cooperativas Neuquinas, la Universidad Nacional del Comahue, la municipalidad de Zapala, CALF y otras organizaciones, finalizó con un pronunciamiento que incluye, entre otras conclusiones:

• Impulsar la concertación de políticas públicas entre las cooperativas, el Estado, las universidades y organizaciones sociales con el fin de estimular el accionar asociativo, promoviendo la autogestión, el acceso a las tecnologías, al crédito, a canales de comercialización y a la capacitación.

• Promover la educación cooperativa en todos los niveles.

• Concertar programas de formación para emprendimientos productivos solidarios

• Defender los intereses y necesidades del movimiento cooperativo en el proceso de reforma de la Constitución provincial.

De esta manera los participantes asumieron el desafío de trabajar para que la economía solidaria sea considerada en serio por los poderes públicos, aprovechando su energía social y su capacidad de contribuir para revertir las condiciones de exclusión y generar riquezas que sean justamente distribuidas.

 

(*) Coordinador del Instituto de Acción Cooperativa de CALF


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