Desde el ombligo

Entré al quincho y el gordo Boedo se me vino encima con felicitaciones por el Día del Periodista…

-Algo lenteja… ya pasó -dijo- y me descerrajó una de esas preguntas que fastidian a cualquier sentido común.

-¿Qué es el periodismo, Eduardito?

-¡Yo sabía que no tenía que venir! -reflexioné y mirando al gordo saqué mi portadocumentos y desdoblé un gastado recorte que siempre llevo encima…

-¡El periodismo es tener que escuchar estas cosas, Boedo…! Leé -le dije.

-¡Ah, una declaración de Marianito Grondona… ¿De cuándo es? Clarín… 13 de agosto del '95… A ver qué dice Mariano… «El primer peronista que traté fue Antonio Cafiero, en 1962. Y después le comenté a mi mujer «Pero oíme, es un tipo normal»… ¡Joder Mariano, cuánto prejuicio para un tipo que las va de culto! -dijo el gordo y reflexioné:

-¡Bueno, Boedo… así es la historia…! Pero ya que querés una definición de periodismo… hubo un tipo muy talentoso en la prensa americana… Arthur Sulzberger, del «The New York Times»… Más de 20 años atrás publicaba en «Río Negro»… decía que el periodismo «le dice al público de qué lado está saltando el gato… Y el público decide si quiere o no agarrar el gato»…

-¿Y qué requiere ser un buen periodista? – preguntó el gordo.

-No comprarse varias cosas… Si sos crítico de arte, por ejemplo, no tragarte mecánicamente el cuento de que la Gioconda es «la pintura de las pinturas» -respondí.

-¡Eduardito, entonces yo no… podría ser!

-No lo serías por razones que, si te las confieso, perdemos la amistad, gordo… Pero tiene razón Pinti… Leonardo tiene mejores cosas que Gioconda… que, como señala Pinti, tiene mueca oligofrénica y además, sombra de bigotes, un cuello regordete y manos de boxeador… ¡Casi como las del morocho Chávez, el de Venezuela!… ¡Esa es la Gioconda! -señalé.

-¿Y si sos periodista de política, qué no te tenés que comer?

-¡Ah, mi amigo Boedo…! ¡Ciénaga pura la política…! ¡Tierra de acechanzas…! Pero te sintetizo tres peligros entre muchos. Uno: no te creas jamás las declaraciones de bienes de los dirigentes… Dos: ponete en guardia cada vez que asume un funcionario y reúne a los hombres de prensa y les dice que él es un político abierto y «dispuesto a aceptar la crítica constructiva»… ¡Minga, gordo… no hay «crítica constructiva; hay crítica»… ¡Cuando un político dice eso lo que está diciendo es que no le va a gustar ninguna crítica… ninguna será «constructiva» -dije y el gordo preguntó:

-¿Y la tercera precaución que se debe tomar cuando se escribe de política?

-¡Ah… ahí hay que aplicar la célebre sentencia de Albert Camus: «Sospecho de los hombres que no beben»… ¡Mirá Boedo, si tenés un político que te confiesa su amor por el agua mineral, sospechá»… ¡En términos del gordo Churchill, ese tipo de político en el único lugar que es auténtico, es en el baño… o sea cuando está solo…! ¡Y Winston sabía de esta clase de gente… la despreciaba…! ¡Son tipos peligrosísimos! ¡Una vez en el poder no deciden, andan en puntas de pie! «Mañana»… «Vemos»… «Nos reunimos»… «Por supuesto»… «Sí, sí, claro»… Ese es el discurso de esos tipos -dije y el gordo volvió a la carga.

-¿Cuál es el peligro mayor para el periodismo? ¿La censura…?

-No, la autocensura… También es peligrosa la solemnidad… el sentirte que sos el ombligo del planeta… Como nos dijo una noche de hace muchos años en Montevideo Julio Sanguinetti a Norma Morandini, por entonces en «Cambio 16», a Martín Andersen, por entonces en «Newsweek», y a mí, por los brasileños de «O Estado»… ¿Pero sabés gordo lo que es apasionante del periodismo?

-¿Qué?

-Estar en el ombligo del mundo, que es distinto a sentirte el ombligo del mundo… -dije, y abrimos un tinto…

Eduardo Gilimón


Formá parte de nuestra comunidad de lectores

Más de un siglo comprometidos con nuestra comunidad. Elegí la mejor información, análisis y entretenimiento, desde la Patagonia para todo el país.

Quiero mi suscripción

Comentarios