Después de Cuba y Venezuela, ¿Bolivia?

Por ANDRES OPPENHEIMER

Especial para «Río Negro»

La peor pesadilla de Estados Unidos en América Latina pronto podría convertirse en realidad: la llegada al poder en Bolivia de un régimen izquierdista apoyado por Cuba y por Venezuela, que aboga por la nacionalización de las empresas petroleras extranjeras y la legalización de la coca.

Evo Morales, el líder de los indígenas cocaleros y diputado de la izquierda pro-cubana, encabeza las encuestas para las elecciones presidenciales del 18 de diciembre con cerca del 33 por ciento de los votos, seguido por el ex ejecutivo de IBM, Jorge «Tuto» Quiroga, con el 27 por ciento, y por el magnate del cemento, Samuel Doria Medina, con el 14 por ciento.

En los círculos diplomáticos estadounidenses hay una creencia muy difundida de que, incluso en el caso de que Morales pierda las elecciones, es muy probable que llegue al poder en un futuro próximo. Según esta línea de pensamiento, Morales sacaría su gente a la calle y Quiroga tendría que renunciar, así como fueron obligados a hacerlo por sucesivos «golpes de calle» los recientes presidentes bolivianos Gonzalo Sánchez de Losada y Carlos Mesa.

La semana pasada, el senador Román Loayza, un líder indígena del movimiento de Morales, llegó a decir públicamente que si éste no resulta democráticamente electo, asumirá por la fuerza. La campaña de Morales tomó distancia de tal declaración, pero muchos bolivianos piensan que representa el verdadero sentir de los partidarios del cocalero.

La ley electoral boliviana hace relativamente fácil influenciar las elecciones presidenciales mediante disturbios callejeros. Bajo esa norma, un candidato debe obtener el 50 por ciento más un voto para ser electo. Si ninguno alcanza esa cifra, la elección es decidida en el Congreso, donde los legisladores son libres de apoyar a quien quieran. En esa situación, si un grupo saca su gente a la calle y amenaza con paralizar el país, puede intimidar al Congreso a que nombre a su candidato.

Hay varios escenarios muy probables, y ninguno de ellos es bueno para Washington ni para los bolivianos que creen que su país, al igual que su vecino Chile, necesita insertarse en la economía global para reducir la pobreza. Figuran entre los escenarios que más se escuchan:

• Quiroga ganaría por un pequeño margen, gracias a una campaña publicitaria centrada en el argumento de que una victoria de la izquierda radical provocaría una enorme fuga de capitales, el cierre de miles de empresas y despidos masivos. La elección iría al Congreso, donde los seguidores de Doria Medina le darían su apoyo a Quiroga. Sin embargo, los partidarios de Morales tomarían las calles y Quiroga sería forzado a renunciar.

• Morales ganaría por un pequeño margen y la elección iría al Congreso. Los legisladores partidarios de Quiroga y de Doria Medina no se unirían en contra de Morales, temiendo que tal postura desemboque en la violencia. Asimismo, podría ser que Doria Medina espontáneamente apoyara a Morales, a cambio de protección para sus intereses cementeros.

• Morales ganaría por un margen mayor que el esperado. Caso cerrado. Aun si Morales no llegara al 50 por ciento de los votos, el Congreso se sentiría forzado a nombrarlo presidente de inmediato.

Manuel Rocha, un ex embajador de Estados Unidos en Bolivia a quien los críticos acusan de haber pedido a los bolivianos en el 2002 que no votaran por Morales y de haber propiciado de esa manera involuntariamente la elección del líder cocalero al Congreso, está entre quienes creen que éste llegará al poder muy pronto (por cierto, Rocha dice que sus palabras fueron tergiversadas por la prensa boliviana, porque nunca se refirió a Morales por su nombre en sus declaraciones).

«El escenario más probable es que Morales llegará al poder dentro de los próximos doce meses –me dijo Rocha en una entrevista telefónica desde Pekín–. El que el dúo cada vez más beligerante de Cuba y Venezuela se convierta en un trío no sería una noticia que caería muy bien en Washington».

¿Cómo va a reaccionar Estados Unidos? Charles Shapiro, un alto funcionario del Departamento de Estado, me dijo en un correo electrónico el 21 de octubre que «la naturaleza y el alcance de nuestra cooperación con el próximo gobierno boliviano dependerá de nuestros intereses comunes: el fortalecimiento de la democracia, el fomento del desarrollo económico y el combate a las drogas ilegales, además del compromiso de ese gobierno con sus obligaciones internaciones».

Mi conclusión: Bolivia, que tiene un 65 por ciento de población indígena, deberá tener –tarde o temprano– un gobierno de mayoría indígena. La gran pregunta es si esto se va a dar con apego a la ley o a través de un «golpe de calle». Si Morales gana las elecciones limpiamente, todos –incluyendo al presidente Bush– deberán aceptar su victoria, aunque su discurso a favor de la dictadura cubana no suene muy democrático. Si gana por la presión callejera o por la fuerza, en cambio, sentaría un terrible precedente, no sólo para Bolivia sino para el resto de América Latina.


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