Después de las PASO

Si bien nuestras instituciones políticas se asemejan a las norteamericanas, de las que son copias modificadas, aquí no existen partidos como el Republicano y Demócrata que dominan por completo el escenario político de Estados Unidos, razón por la cual ha fracasado por completo el intento de importar las elecciones primarias que, en su lugar de origen, además de mantener en vilo a muchos millones de personas que saben que de su desenlace podría depender el futuro nacional, brindan a los participantes oportunidades para hablar acerca de los problemas de su país. Puesto que las pomposamente llamadas Primarias Abiertas, Obligatorias y Simultáneas sólo decidirán la interna del improvisado frente de centroizquierda porteño UNEN, ya que los líderes de las demás agrupaciones se aferran a la modalidad caudillista tradicional según la cual todo depende del dedo del jefe, la consulta del domingo se parecerá más a una encuesta de opinión en gran escala que a elecciones de verdad. Asimismo, aunque es de suponer que los aspirantes a desempeñar funciones legislativas nacionales, provinciales o municipales estarán pendientes de los resultados, ha dominado en la campaña previa la idea de que lo que realmente está en juego es la sucesión presidencial, de ahí la participación muy activa de Cristina Fernández de Kirchner y el gobernador bonaerense Daniel Scioli, que no son candidatos, además, claro está, del intendente de Tigre, Sergio Massa, que sí es un candidato a diputado y, según parece, en esta ocasión por lo menos se ha propuesto ocupar el escaño que con toda seguridad conseguirá, a diferencia de lo que sucedió en el 2009, cuando, al lado de Scioli, figuró en la lista de “testimoniales” con la que el expresidente Néstor Kirchner trataba de engañar al electorado. De acuerdo común, en Estados Unidos las campañas para las primarias más recientes, sobre todo la que culminó con la nominación de Mitt Romney como el candidato presidencial republicano, han sido extraordinariamente chatas, pero así y todo resultaron ser mucho más aleccionadoras que la que está a punto de terminar aquí. Mientras que la presidenta Cristina ha procurado ayudar a su delegado, el intendente de Lomas de Zamora, Martín Insaurralde, formulando un anuncio tras otro, manifestando así su desprecio por las reglas, Scioli ha sorprendido tanto a sus simpatizantes como a sus detractores por su voluntad de protagonizar la campaña oficialista. Por su parte, luego de arrancar bien, Massa ha ido asumiendo una postura cada vez más agresiva, sin duda por entender que no le convendría continuar manteniéndose a media distancia entre el oficialismo kirchnerista y la oposición frontal. Sin embargo, la impresión de que Massa, Scioli y los demás han estado más interesados en congraciarse con distintos sectores del electorado que en informarnos sobre lo que tratarían de hacer en el futuro si les tocara ocupar puestos más importantes que los actuales, de ahí la proliferación de consignas partidarias apenas comprensibles y, con la excepción de los precandidatos de UNEN, la ausencia llamativa de debates acerca de ideas y propuestas, ha hecho aún más confuso el panorama político del país. De todos modos, se prevé que en el distrito más importante, la provincia de Buenos Aires, disputarán el liderazgo las listas de dos peronistas, Insaurralde y Massa, con aproximadamente el 30%, quizás un poco más, de los votos cada una. De triunfar aquél, aunque fuera por un margen muy estrecho, el gobierno nacional se sentiría muy pero muy aliviado, aun cuando, de sumarse los votos de un tercer peronista, Francisco de Narváez, a los del tigrense quedara evidente que ya no cuenta con el apoyo de la mayoría de los leales al movimiento hegemónico. Asimismo, muchos atribuirían tal resultado no a la actuación de Insaurralde o al aporte de la presidenta sino a la intervención vigorosa de Scioli que, tal vez, preferiría que “su” candidato perdiera por un puñado de votos. Sin embargo, de ganar Massa con cierta comodidad, el clima político experimentaría un cambio sustancial al difundirse la impresión de que el ciclo kirchnerista ya se ha agotado y que por lo tanto la ciudadanía tendrá que prepararse para el siguiente. En vista de la combatividad que es una de las características más notables del oficialismo, pues, si triunfa Massa en Buenos Aires se iniciaría una etapa muy agitada.


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