Dicotomía absurda
Si bien López Murphy, a diferencia de Machinea, es un peso pesado, no le será fácil mantener a raya a los "populistas" que desean el fracaso.
Anonadados por su propia futilidad, alfonsinistas y frepasistas han dejado saber que «tolerarán» al nuevo ministro de Economía, Ricardo López Murphy, a pesar de su conocida afición por la disciplina fiscal y su voluntad indisimulada de que el país adquiera la costumbre para muchos exótica de cumplir con sus obligaciones. Dadas las circunstancias, no les quedaba otra opción. Entre otras cosas, la renuncia de José Luis Machinea sirvió para subrayar lo asombrosamente vacío que es el «pensamiento» populista. Hubiera sido lógico prever que los alfonsinistas y sus aliados del Frepaso, luego de haber denunciado durante meses con retórica furiosa el «continuismo» de la política económica del gobierno del presidente Fernando de la Rúa, aprovecharían la oportunidad planteada por la salida de Machinea para proponer como sucesor a un hombre de ideas populistas o izquierdistas, pero, es innecesario decirlo, no se les ocurrió un solo nombre. ¿Por qué? Porque entienden muy bien que las ideas y propuestas con las cuales suelen jugar carecen por completo de valor y que a cualquier gobierno que procurara manejar el país en base a ellas le esperaría un desbarajuste sólo comparable con el producido en el ámbito económico por la gestión de Alfonsín.
A juicio de los autoproclamados progresistas, la designación de López Murphy significa el inicio de un período que se verá signado por «ajustes» y, por lo tanto, de más pobreza para muchos aunque, insinúan, más riqueza para algunos. Se trata de una forma de análisis que está tan arraigada en el país que virtualmente todos dan por descontado que hay una contradicción fundamental entre «el mercado» por un lado y «la gente» por el otro, y que en consecuencia López Murphy es malo porque, víctima de una educación «liberal», siempre privilegiará al primero. De ser así, la mejor estrategia para el país consistiría en rehusar inquietarse por el gasto público para entonces duplicarlo o triplicarlo, negarse a «ajustar» y mofarse de los mercados, o sea, intentar aquel «giro de 180 grados» que fue sugerido por cierto sindicalista despistado.
Puede que como fenómeno cultural la actitud así resumida posea cierto interés, pero no ayuda a nadie a entender lo que está sucediendo en el mundo real. Por el contrario, la convicción difundida de que es reaccionario manejar la economía con sensatez y progresista dejar de preocuparse por los números constituye una de las causas fundamentales del atraso nacional. Lejos de existir una contradicción entre las características de hombres como López Murphy y el bienestar común, éste es claramente imposible a menos que los responsables de los destinos económicos del país actúen siempre con severidad, racionalidad y realismo. Como el propio Raúl Alfonsín se encargó de confirmar en el curso de su gestión, los artífices principales de la extrema pobreza y la inequidad típicamente tercermundista son los populistas que creen que el suponer que sus intenciones son buenas los exime de la necesidad de tomar en cuenta los resultados concretos de aquellas medidas que efectivamente toman o que por motivos presuntamente ideológicos se niegan a tomar.
López Murphy ha comenzado su gestión con la ventaja de ser dueño de una reputación imponente, la de un hombre que no está dispuesto a permitir que los prejuicios «históricos» o las obsesiones electoralistas de sus correligionarios influyan en su manera de pensar. Asimismo, ya ha dicho ser plenamente consciente de la necesidad de que todos los integrantes del gobierno, incluyendo al ministro del Interior, respalden sin fisuras la política oficial, desistiendo de procurar oír misa y andar en la procesión llamando la atención a sus propias discrepancias con las medidas que desde su óptica particular podrían considerarse antipáticas. Con todo, si bien es evidente que a diferencia de Machinea es un peso pesado que no temerá enfrentarse con caciques resueltos a defender las cuotas de poder que, desafortunadamente para el resto del país, han logrado conservar hasta ahora, no le será fácil en absoluto mantener a raya a quienes en el fondo quisieran que el gobierno fracasara, desastre que, imaginan, serviría para convencer al mundo de que el «neoliberalismo» es tan nefasto como siempre nos han dicho.