El boicot de Chirac

Nicolas Sarkozy pasó mucho tiempo preparando con toda su ambición esta fervorosa ceremonia, que al final consiguió celebrar pese al boicot del hombre al que aspira a suceder: el presidente Jacques Chirac.

En ocho trenes de alta velocidad TGV y 520 autobuses viajaron a París más de 70.000 simpatizantes y miembros del partido para «coronar» al ministro del Interior de 51 años como candidato al Palacio del Elíseo.

El acto, con un costo de 3,5 millones de euros (4,5 millones de dólares), había sido organizado de forma minuciosa. La Unión por un Movimiento Popular (UMP) designó al hasta ahora jefe del partido bajo el lema «Sarkozy presidente». Más de 20 oradores elogiaron en unidad al hombre que se presentaba sin adversario dentro de la UMP.

Pero Chirac, de 74 años, boicoteó lo que en Francia de dio en llamar «la gran misa por Nicolas Sarkozy». Para el mandatario, este disparo de salida de la derecha fue una doble derrota.

Por una parte, Sarkozy tiene el pleno control del partido más importante de Francia por motivos financieros y logísticos (lo apoyó el 98,10% de los asistentes). La UMP se alineó sin fisuras por detrás del ministro famoso por su línea dura, incluso antes de que Chirac expresara sus intenciones de irse o quedarse después de doce años en el cargo.

Pero además, como adversario de la socialista Ségolène Royal, de 53 años, Sarkozy implica un cambio generacional y en un sentido opuesto a los deseos de Chirac, que nunca lo tuvo entre sus favoritos. De hecho, en 1995 «Speedy Sarko» hizo política en contra de Chirac. Tras la «coronación» escenificada para los medios, el candidato tiene menos de 100 días para atraer a los ciudadanos con su «ruptura pacífica» con la política de la vieja guardia. Las encuestas predicen un empate con la popular dirigente socialista. Según los sondeos, los ciudadanos creen que Sarkozy, hijo de un aristócrata húngaro y de la hija de un médico de París es sobre todo valiente y simpático. Y la mayoría considera que haría un buen papel a nivel internacional y que podría reformar el país.

Lo que le falta es saber escuchar más a los franceses y sus problemas. Sus críticos lo acusan de estar demasiado centrado en su propia carrera. Ésta comenzó para quien los socialistas llaman «un neoliberal estadounidense con pasaporte francés» en 1976, con la creación por parte de Chirac del neogaullista RPR (hoy UMP). Ya con 28 años era alcalde de Neuilly, cerca de París, y en 1993 por primera vez ministro. Chirac lo designó a partir del 2002 como ministro de Economía y de Interior. El presidente y su primer ministro, Dominique de Villepin, no consiguieron neutralizar o desgastar desde su propio campo al detestado rival. Una vez, Sarkozy dijo que ya al afeitarse pensaba en el Elíseo. Y no era broma.

Sarkozy tiene en muy alta estima al trabajo duro y la competencia y quiere ganarse a unos ciudadanos que sufren desde hace tiempo una caída en su capacidad de consumo. Royal deja a un lado a menudo el programa de su partido y habla de orden y autoridad. Un «gaullismo» neoliberal contra una «nueva izquierda» a lo Tony Blair, todo mezclado con un toque de populismo. Con este dúo rival Francia se despide de un siglo XX de claros frentes políticos.

 

JOCHEN KAFFSACK

DPA


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