El canciller de Uruguay, en la mira del Frente

Redacción

Por Redacción

El canciller de Uruguay, Rodolfo Nin Novoa, es un hombre de buen criterio. Reconocido. Y no es fácil decir eso en estos días. Pero está “en la mira” del Frente Amplio. En rigor, en la de sus elementos más radicales. Porque ellos sugieren que la política exterior uruguaya se está apartando de los “lineamientos” del Frente Amplio, a los que atribuyen una suerte de carácter bíblico. E infalibilidad. Pese a que muchos de esos lineamientos son, obviamente, genéricos en su forma de expresarse. Y, por ello, susceptibles de más de una interpretación.

Ellos atacan a Nin Novoa porque le atribuyen presuntos “pecados imperdonables”. Tal como ser partidario de “flexibilizar” al estancado Mercosur. Especialmente con relación a la decisión 32 del año 2000, en función de la cual todo acuerdo comercial de los Estados Miembros del bloque con terceros debe, sí o sí, ser negociado en conjunto, lo que es una receta para el fracaso. O peor aún, le imputan el “sacrilegio” de buscar acuerdos de “libre comercio”, algo imperdonable para la izquierda. Incluyendo la iniciativa “odiosa y pecaminosa” de acercar a Uruguay al Acuerdo Trans-Pacífico, al que algunos asignan categoría de inaceptable.

Además, quieren interpelarlo para “saber” si el acercamiento de la Argentina con los Estados Unidos es “un peligro” para la vigencia (debieron decir: estabilidad) del Mercosur, como si hubiera dudas acerca de ella. Como si no fuera una realidad.

Y preguntarle si ha hecho, o no, un estudio acerca de que es lo que más le conviene a Uruguay: si el libre comercio o el proteccionismo. Si abrirse al mundo o seguir encerrado, entonces. Nuevamente luce increíble, porque al propio tiempo dicen que ellos entienden (obviamente sin contar con el estudio que reclaman a los demás) que “abrir” la economía es, para su país, más perder que ganar. Notable.

Y se rasgan las vestiduras por los reclamos gubernamentales a Venezuela que, fundida y desarticulada por Nicolás Maduro, no paga las compras hechas a algunos exportadores uruguayos. Como lo hiciera Cuba durante décadas, con casi todo el mundo. Para ellos, los negocios hechos con Venezuela son “privados” y, por ende, no merecen protección alguna, pese a que se trata de empresas orientales perjudicadas. Nuevamente, de no creer. Para la historia.

Mientras tanto en paralelo, lo cierto es que ni Unasur, ni Mercosur, han salido en defensa de Dilma Rousseff, como pretendía enfáticamente Venezuela. Defendieron las instituciones de Brasil, lo que es diferente. Ocurre que ya no hay consensos automáticos en Unasur. Ni de Argentina, ni de Paraguay. Y tampoco de Colombia o de Perú.

La era del “discurso regional único” ya pasó. Pero algunos tardan en darse cuenta. Entre ellos no está ciertamente el buen canciller uruguayo.

(*) Exembajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas

Emilio Cárdenas (*)


El canciller de Uruguay, Rodolfo Nin Novoa, es un hombre de buen criterio. Reconocido. Y no es fácil decir eso en estos días. Pero está “en la mira” del Frente Amplio. En rigor, en la de sus elementos más radicales. Porque ellos sugieren que la política exterior uruguaya se está apartando de los “lineamientos” del Frente Amplio, a los que atribuyen una suerte de carácter bíblico. E infalibilidad. Pese a que muchos de esos lineamientos son, obviamente, genéricos en su forma de expresarse. Y, por ello, susceptibles de más de una interpretación.

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