El delirio es el núcleo de nuestra cultura




La forma en que se está imponiendo esta guerra de los políticamente correctos contra los supuestos “malos” es muy parecida a la Inquisición. No se admite discusión.


Si pensamos en los momentos de la historia que nos parecen negativos veremos que se caracterizan por una violencia extrema contra los individuos que es ejercida por organizaciones que no admiten cuestionamientos. Esto nos parece obvio, ya que tanto la inquisición medieval como los campos de concentración nazis hoy cuentan con pocos adeptos. Pero lo que no es tan obvio es entender cómo fueron posibles todos esos momentos que hoy valoramos negativamente. Y no es obvio porque todos ellos nacieron como resultado de una militancia por el bien.

La Inquisición no se estableció para mortificar personas sino para combatir al demonio y lograr que no se roben las almas de los fieles, condenándolos eternamente al infierno. Hitler pudo desencadenar una feroz persecución contra los judíos, los homosexuales, los gitanos, los lisiados apoyándose en la creencia masiva que sostenía que todos estos grupos era un atentado a la vida civilizada, ya que “contaminaban” con su “mal” a las sociedades.

Aunque no nos demos cuenta, gran parte de los movimientos militantes con más predicamento piensan muy parecido al nazismo

Creemos que pensamos distinto, pero es solo porque han cambiado los enemigos. Aunque no nos demos cuenta, gran parte de los movimientos militantes con más predicamento piensan muy parecido al nazismo o a la Inquisición: hay una parte “sana” de la sociedad (que es la que apoya las ideas “buenas” de esta época) y una “escoria” (que los critica).

Si uno se toma la molestia de leer los periódicos estudiantiles de las universidades de elite de EE. UU. -en la que se gradúa cada año la futura dirigencia del planeta- creería que está ante publicaciones humorísticas. Pero no: no hay ironía hoy en el mundo universitario. Todo es demasiado cierto y serio.

Luego de chequear que sus referencias -que parecen delirantes- fueran ciertas, copio a continuación varios párrafos de un artículo de Race Hochdorf publicado originalmente en Areo Magazine: en la Universidad de Tennessee, por ejemplo, los administradores están presionando para reemplazar los pronombres “he” (él) y “she” (ella) por pronombres “neutros” como “xe”, “xym” y “xyr” (es una medida más modesta, ya que cambia un par de palabras y no todo un género gramatical, que lo que se está viviendo en la Argentina con el “lenguaje inclusivo”).

En la Universidad de Berkeley los estudiantes protestaron porque en Filosofía Antigua se centran en la enseñanza de Platón y Aristóteles, que eran “hombres blancos económicamente privilegiados”.

La representación anual de la obra “Los monólogos de la vagina” fue cancelada en Mount Holyoke College (una universidad dedicada a la formación en artes) porque “El género es una experiencia amplia y variada que no puede reducirse a distinciones biológicas o anatómicas, y por lo tanto se considera que ese espectáculo teatral es inherentemente sexista”.

Un artículo publicado en el Harvard Crimson argumenta: “Si nuestra comunidad universitaria se opone al racismo, al sexismo y al heterosexismo, ¿por qué deberíamos tolerar una investigación que contradiga nuestros objetivos simplemente porque dice hacerlo en nombre de la ‘libertad académica’?”.

¿Se ha entendido? Dicen que toda investigación que no critique la heterosexualidad, el racismo o cualquier forma de sexismo debería ser prohibida. Ya no extraña que eso se sostenga en el periódico de la Universidad de Harvard. Hace meses se echó allí al director del Departamento de Derecho por asumir la defensa letrada de Harvey Weinstein. Antes se había echado al rector de la propia universidad por preguntar si no debería investigarse si el cerebro de hombres y mujeres no es diferente ya que responden de manera diferente ante el estudio de las matemáticas.

La forma en que se está imponiendo esta guerra contra los “malos” es muy parecida a la Inquisición. No se admite discusión. Cada idea que los partidarios de lo políticamente correcto toma como dogma ya no puede cuestionarse.

Así como el cristianismo tiene el pecado original (por ser descendientes de Adán y Eva, expulsados del Paraíso, ya nacemos con este pecado), lo políticamente correcto tiene como maldad con la que se nace (es decir, sin haber hecho nada) “el privilegio”: si una persona no es negra, pobre, mujer, trans y enferma es un “privilegiado” y su discurso vale nada.

¿Cómo salir de este atolladero que cada día es más poderoso y más masivo? Apostando al coraje intelectual y a la racionalidad. Eso que alguna vez fue el sinónimo de la vida cultural hoy es casi imposible de encontrar.

Contra el delirio de los militantes de las “buenas causas” es cada vez más necesario atreverse a cuestionar los dogmas que sostienen “las buenas causas”.


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El delirio es el núcleo de nuestra cultura