El discurso más esperado

Redacción

Por Redacción

Mirando al sur

El esperado discurso que Mauricio Macri pronunciará mañana a mediodía cuando inaugure el nuevo período de sesiones ordinarias del Congreso está rodeado de expectativas políticas y económicas sólo atenuadas por el habitual laconismo presidencial a la hora de disertar en público. La reinserción de la Argentina en el mundo seguramente formará parte de su mensaje tras su encuentro del sábado con el papa Francisco para acortar diferencias entre ambos, después de haber recibido sucesivamente el respaldo del primer ministro italiano Mateo Renzi y del presidente francés François Hollande, a quienes se sumará en poco más de tres semanas su par estadounidense Barack Obama. El giro en la política exterior ha sido indudablemente una de las señales más claras que produjo el gobierno en sus diez semanas de gestión. Así pudo palparlo también el ministro Alfonso Prat Gay en la reunión del G20 en Shanghai. También es probable que el presidente exalte la resurrección del diálogo político con la oposición no cristinista y en especial con los gobernadores, que ha permitido negociar -no sin marchas y contramarchas- acuerdos para apuntalar la gobernabilidad de la Nación y las provincias a cambio de la transferencia de fondos por 20.000 millones de pesos. Una mitad corresponde a la compensación para garantizar el nuevo piso salarial docente (que se elevará hasta 8.500 pesos mensuales en julio) en las provincias donde quedó por debajo, aunque en varias no comenzarán las clases porque no está claro en qué situación queda el resto de las categorías. La otra, a completar en dos semanas las transferencias pendientes a las provincias por obras públicas, a cambio de que la Casa Rosada reintegre gradualmente, en un plazo de cinco años, el 15% de coparticipación federal de impuestos que Cristina Kirchner extendió por decreto de necesidad y urgencia a todas las jurisdicciones y Macri derogó luego con otro DNU. Este acuerdo permitió que la Comisión Bicameral del Congreso convalidara este último instrumento, después de la presión del massismo para fijar plazos concretos. Así se creó un cuerpo con denominación ampulosa (Consejo Argentino para el Nuevo Federalismo), integrado por el ministro del Interior y las provincias, cuya primera misión será presentar un cronograma en el tercer trimestre. En la Casa Rosada hay optimismo respecto de que estos entendimientos facilitarán en marzo la derogación en el Congreso de las leyes “cerrojo” y de Pago Soberano, una de las dos condiciones incluidas en la oferta argentina para cancelar en efectivo la deuda con los holdouts (6.500 millones de dólares) que ganaron el juicio en Nueva York y poner fin al default parcial que impide el acceso del país al financiamiento externo a tasas más bajas. La restante es que el juez Griesa reponga la medida cautelar (stay) que permitirá a los bonistas que aceptaron los canjes del 2005 y el 2010 recibir los fondos bloqueados por el tribunal desde mediados del 2014. Esta combinación reducirá el margen de presión de los fondos buitre más duros (NML y Aurelius), al igual que la decisión del tribunal de no postergar la audiencia entre partes fijada para mañana. Tanto la derogación del DNU de Cristina como la proximidad del fin del conflicto con los holdouts reflotaron otro debate en el seno de la coalición gobernante. Allí las opiniones están divididas sobre la conveniencia de que el presidente incluya o no referencias explícitas a la herencia económica recibida en su mensaje al Congreso. Según el politólogo Rosendo Fraga, será la última oportunidad que tenga Macri para no cargar como propios los costos de corregir los serios problemas heredados. A su juicio, un sinceramiento le significaría más ventajas que desventajas. Nadie espera un discurso kilométrico ni una catarata de números. El eje pasaría por los objetivos a futuro antes que por un inventario detallado del pasado. Sin embargo, en algunos despachos oficiales ha comenzado a admitirse como un error estratégico que el presidente haya dado por sobreentendido el peso de las hipotecas heredadas del último tramo de la era K en su mensaje del 10 de diciembre a la Asamblea Legislativa. Un principio básico de la comunicación establece que el nivel de sobreentendido es directamente proporcional al grado de información del receptor de los mensajes. Según este razonamiento, la Casa Rosada dejó entonces de lado que el relato populista de CFK (con las 45 cadenas nacionales sólo en el 2015) mantuvo deliberadamente desinformada a buena parte de la sociedad sobre el deterioro macroeconómico y social en que dejaba al país. No toda la población tenía conciencia del fenomenal atraso cambiario y tarifario para mantener la inflación artificialmente reprimida ni que los subsidios indiscriminados y sesgados hacia el Área Metropolitana de Buenos Aires eran financiados con emisión de pesos sin respaldo, al igual que el virtual seguro de desempleo que significó la explosión de contratos y designaciones en el sector público. Y mucho menos quienes se ilusionaron de buena fe con un “modelo” que hace tiempo que no era sostenible, ni aun con una presión tributaria récord, y que en los últimos años fue maquillado con ventas de dólares baratos para ahorrar, especular o viajar al exterior, mientras el superávit comercial se transformaba en déficit, como ya había ocurrido con el sector energético, y se esfumaban las reservas del Banco Central. Por cierto que todas estas cuestiones han aparecido fraccionadas en distintas declaraciones de los ministros del área, especialmente al anunciar medidas. Pero no con la intensidad suficiente para que la relación entre causas y efectos quede instalada entre la opinión pública más proclive a juzgar por su bolsillo y que se habituó en los últimos años no a demandar menos inflación sino más pesos para enfrentarla. Entre quienes impulsan el sinceramiento de la herencia K se anotó días atrás el titular de la UCR, José Corral, junto con los titulares de los bloques partidarios en el Congreso. Pero, paradójicamente, muchas de las decisiones adoptadas hasta ahora por Macri recibieron menos apoyo explícito por parte de sus aliados en Cambiemos, que el que significó la convalidación implícita de dirigentes del PJ no cristinista. Después de los primeros e intensos 80 días de gestión, la realidad está relegando a los asesores que sólo proponían transmitir “buena onda” para mejorar las expectativas económicas. El sinceramiento de la herencia puede servir para mejorar la comprensión de los problemas de arrastre. Pero no para sustituir el esfuerzo didáctico que deberá encarar el gobierno para explicar la actual suba de la inflación y del dólar, la postergación hasta el 2017 de la actualización de las escalas de Ganancias tras la suba del piso salarial para los trabajadores alcanzados y las políticas para cumplir este año con las metas decrecientes de déficit fiscal, emisión monetaria e inflación. También para detallar el alcance de varios instrumentos destinados a atenuar el deterioro de ingresos de los jubilados con haberes mínimos y otros sectores vulnerables, como la tarifa social en electricidad y gas; la ampliación de las asignaciones familiares con actualización automática o la proyectada devolución del IVA reducido (10,5%) a los productos de la canasta alimentaria básica. Para Macri el desafío es mayor: definir cómo prevé el tránsito entre la actual corrección de los desajustes heredados y el impulso a nuevas inversiones para retomar el crecimiento y la creación de empleos.

Néstor Scibona nestorscibona@gmail.com Especial para “Río Negro”


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