El efecto Lula

Por Aleardo F. Laría

En el Brasil hay comida de sobra, pero uno de cuatro brasileños no tiene suficiente poder adquisitivo para mitigar su hambre. El nuevo presidente brasileño, Luis Inácio Lula da Silva, se ha comprometido a erradicarla mediante el proyecto «Hambre Cero». Es un compromiso político de envergadura, dirigido a que 44 millones de hambrientos coman tres veces por día.

Las políticas públicas que se han diseñado para combatir el hambre operan en tres frentes. Políticas estructurales que incluyen el aumento del salario mínimo, el incentivo a la agricultura familiar mediante programas de crédito, y reforma agraria. Políticas específicas como la distribución de cupones para adquirir alimentos, y finalmente apoyo a las políticas locales que deberán aplicar los municipios, mediante la creación de comedores populares, bancos de alimentos e incentivos a la agricultura para el autoconsumo.

Los primeros gestos políticos del gobierno, cargados de valor simbólico, han querido dejar en claro frente a la opinión pública la voluntad de cumplir con el compromiso adquirido. La gira de los ministros brasileños por las regiones más depauperadas, el aplazamiento de la renovación de una parte de la flota de cazas supersónicos, la petición al Ejército del Brasil de que reparta comida y reconstruya las abandonadas carreteras del país marcan un cambio de actitud y una nueva forma de hacer política, alejada de los gestos teatrales de los Menem y los Fujimori.

En el campo de la cultura, el nuevo ministro Gilberto Gil ha reafirmado la necesidad de incluir en el mundo de la cultura a todos los que hasta ahora han sido excluidos de ella, y el nuevo ministro de Educación ha señalado las tres prioridades de su gestión: erradicación del analfabetismo, construcción de una escuela de calidad y mejora significativa de las universidades. El presidente Lula aseguró en su discurso inaugural su voluntad de mejorar la distribución de la riqueza, mediante la creación de empleo y una reforma agraria «pacífica, planificada y pensada». Se comprometió a combatir la corrupción y defender la cultura de la ética en la función pública y derrotar la cultura de la impunidad.

El ministro de Hacienda, Antonio Palocci, aseguró que todas las medidas de contenido social no impedirían «preservar la responsabilidad fiscal, el control de la inflación y el cambio libre». «La política social se concentrará en erradicar el hambre y combatir la pobreza, pero precisamente para lograr eso -advirtió- Brasil debe recuperar su crecimiento mediante una buena gestión de las cuentas públicas». Por su parte el presidente del PT, José Genoino, ratificó la política de «riguroso control del gasto público».

Todas estas circunstancias configuran una propuesta que se ofrece como alternativa de gobierno al gastado decálogo neoliberal del «Consenso de Washington». Se formula desde un partido bien estructurado, que se ha estrenado con éxito en las políticas municipales y regionales, y que expresa un pensamiento de izquierda moderna, renovada, rigurosa y creíble. Constituye un atractivo ejemplo para todos los que aspiran a una renovación de la clase política argentina y a la creación de un espacio de centro izquierda que canalice las demandas sociales insatisfechas en tantos años de predominio de políticas económicas que sólo atendían los volubles deseos del capital financiero internacional.

Es probable que con la potenciación del Mercosur se produzcan las coincidencias que contribuyan a conformar no sólo una unión aduanera sino un espacio de convergencia de políticas económicas, sociales y exteriores, un frente común para afrontar los desafíos de la globalización. Iniciativas como la creación de un parlamento regional o la propuesta de una moneda común son los pasos audaces en la dirección adecuada para evitar políticas absurdas, como la dolarización, o sencillamente pueriles, como las «relaciones carnales», incomprensibles en países llamados a encontrarse, por su dimensión geográfica y la calidad de sus pueblos, con el resto de estados del mundo, en un plano de estricta igualdad.


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