El exilio cubano, los disidentes y Fidel Castro
Por Andrés Oppenheimer
Una de las conclusiones más interesantes de una encuesta del exilio cubano dada a conocer la semana pasada en Miami es que, en contraste con lo que opinaban hace una década, cada vez más exiliados están de acuerdo en que la solución a la tragedia de Cuba deberá venir desde dentro de la isla.
Se trata de una buena noticia, que ayudará a las fuerzas pro-democráticas a destruir uno de los mitos clave de la maquinaria propagandística del gobernante, Fidel Castro: que está luchando contra el exilio cubano de Miami, en lugar de contra su propio pueblo.
La encuesta, realizada por Bendixen & Associates, y financiada por el Grupo de Estudios Cubanos, una organización de una decena de acaudalados hombres de negocios del exilio cubano, muestra un creciente apoyo del exilio a una transición pacífica en Cuba, y una creciente simpatía hacia los disidentes en la isla.
Entre las revelaciones de la encuesta realizada en diciembre del 2000, y que según sus organizadores tiene un margen de error del tres por ciento:
* Una mayoría del 58 por ciento de los exiliados considera que los disidentes en la isla son «patriotas»», mientras que un 19 por ciento considera que son «»fidelistas» disfrazados»». El restante 23 por ciento no sabe, o no quiso opinar.
* Una mayoría del 74 por ciento de los exiliados dijo que había escuchado sobre el documento firmado por disidentes, La Patria es de todos, mientras que un 28 por ciento respondió que el documento «es uno de muchos»».
* Preguntados sobre la política de «perdón y reconciliación»» de la Iglesia Católica de Cuba, que es apoyada por los disidentes, un 53 por ciento de los exiliados cubanos dijo que está «de acuerdo»», mientras que un 37 por ciento está en «desacuerdo»», y el resto no contestó.
«Ha habido un cambio dramático en el exilio cubano»», me señaló Bendixen la semana pasada. «Cuando hace unos diez años hacía la pregunta (en Miami) sobre si los disidentes eran «patriotas»» o «»fidelistas» disfrazados»», sólo un 12 por ciento decía que eran «patriotas»».
¿Por qué son importantes estos datos? Porque ayudan a desplazar el eje de la lucha contra la dictadura cubana desde Miami hacia la isla, donde siempre debería haber estado, y donde Castro menos quiere que esté. Y porque desbaratan los alegatos de Castro de que está luchando contra una «mafia de Miami»» que quiere adueñarse de la isla.
Una de las cosas que recuerdo más vívidamente de mis viajes a Cuba a fines de la década de los «80 y principios de la de los «90 -antes de que el régimen cubano me prohibiera volver a entrar a la isla- era la gran muralla de sospechas que existía entre las fuerzas pro-democráticas en Miami y en Cuba.
Muchos líderes del exilio creían que en su mayor parte los disidentes en la isla eran agentes de Castro, mientras que muchos disidentes creían que la mayoría de los exiliados cubanos era gente sedienta de venganza que quería convertir la isla en un protectorado norteamericano.
Castro logró convencer a gran parte del mundo de que no había una oposición interna en la isla. Recuerdo que los embajadores latinoamericanos y europeos en La Habana me repetían como loros las calumnias propagadas por el régimen sobre los disidentes: decían que este disidente era un borrachín, que tal otro era mentalmente inestable. La conclusión a la que uno llegaba -de creerles- era que a los disidentes no se los podía tomar en serio.
Eso era, y sigue siendo, una tontería. De hecho, en su mayor parte los disidentes son hombres y mujeres admirables, que tal como ocurrió en la ex Unión Soviética y Europa del Este, pasarán a la historia como héroes de la lucha por la democracia.
Es cierto que las fuerzas pro-democráticas de Miami y Cuba siguen teniendo diferencias en temas como el embargo de Estados Unidos a la isla. Mientras que el 55 por ciento de los exiliados cubanos apoya el embargo, según la encuesta de Bendixen, la mayoría de los disidentes que entrevisté en La Habana estaba en contra de las sanciones económicas, o creía que deberían ser usadas como una ficha de negociación.
Sin embargo, las diferencias se están reduciendo. Los disidentes cubanos ya se dieron cuenta de que la mayoría de los exiliados cubanos es gente bienintencionada que quiere la democracia, y la mayoría de los exiliados ya se convenció de que los disidentes en la isla son gente valiente que lucha por lo mismo que ellos.
«Hay un consenso cada vez mayor en que la solución tiene que venir de adentro, con ayuda de afuera»», me señaló Alina Fernández Revuelta, la hija ilegítima de Castro, que describió a éste como «un tirano»» en una entrevista que le hice en La Habana, y ahora vive en Miami. «El au-mento de las llamadas telefónicas entre Miami y La Habana ayudó a que la gente se acercara»».
Ojalá que, a pesar de sus diferencias, ambas partes sigan acercándose en el futuro, y que la creciente simpatía de los exiliados por los disidentes se traduzca en un mayor apoyo a su causa.
La nueva encuesta demuestra más que nunca que el presidente vitalicio de Cuba no está luchando contra una supuesta mafia de exiliados sedientos de venganza, sino contra su propio pueblo.
(The Angeles Times Syndicate)
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