El “fast track” está bien, pero sólo un poco

Por Carlos Lamiral

Cuando George Bush (h) reciba de manos de Clinton las llaves del salón Oval de la Casa Blanca el 20 de enero, se reabrirá la expectativa para el Mercosur sobre la posibilidad de que el nuevo mandatario de Estados Unidos consiga el “fast track” del Congreso para avanzar en la constitución del Area de Libre Comercio para las Américas.

Ari Fleischer, portavoz del presidente electo estadounidense, dijo en Washington que para Bush “la vía rápida (fast track) es la clave de la expansión de nuestras oportunidades comerciales en América Latina”.

Sin embargo, el camino no parece ser sencillo para el ALCA si se toman en cuenta las declaraciones del designado secretario de Comercio, Don Evans. Tan sólo 24 horas después de que Fleisher planteara un panorama mas o menos venturoso, salió a poner límites.

En sus primeras declaraciones, el designado funcionario salió a recoger el reclamo de los empresarios norteamericanos en contra del ingreso de mercaderías desde el extranjero, quejas que en la mayoría de los casos no se detienen a distinguir claramente entre lo que es un producto auténticamente competitivo, y otro subsidiado. Precisamente, Argentina y Brasil, dos de los países más importantes de Latinoamérica, enfrentan varios cuestionamientos de dumping por parte de las empresas estadounidenses y Evans parece querer levantar esas banderas.

La vía rápida es un instrumento mediante el cual el Congreso norteamericano le otorga un cierto poder al presidente para negociar acuerdos comerciales con otros países, sobre la base de que en el tratamiento parlamentario los convenios no podrán ser modificados.

En otros términos, con el “fast track”, un tratado comercial rubricado por el jefe de Estado, puede ser aprobado o rechazado en su integridad, pero no puede ser alterado o sancionado parcialmente.

Para Latinoamérica, y más específicamente para el Mercosur, la atención se centrará entonces en saber qué tipo de “fast track” obtendrá Bush.

De esa condición dependerá el grado de agilidad que podrían tener las negociaciones con el Mercosur en relación al ALCA durante los próximos cuatro años. En otras palabras, de acuerdo con el tipo de “fast track” que pedirá Bush al Congreso se sabrá hasta qué punto Estados Unidos está dispuesto a abrir sus puertas al comercio con América Latina.

Si se toman en cuenta las declaraciones de Evans antes de llegar a su despacho en Washington, parecería que para los republicanos el “fast track” está bien, pero sólo un poquito. (DyN)


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