El fin de la TV
Se puede predecir el futuro de un medio masivo tan solo observando la edad de su público promedio. Los diarios en papel tienen un público mayoritario que supera ampliamente los 45 años (son muchos más los mayores de 60 que los menores de 35). Los diarios en papel están condenados a morir dentro de no demasiado tiempo. Por eso no sorprende que ya varios de los principales diarios del mundo estén anunciando que dejan directamente de publicar en papel (como está haciendo “The Independent” en Inglaterra) o que se centran totalmente en lo digital y que publicarán en papel “mientras se pueda” (como acaba de anunciar este jueves “El País”, el diario español de mayor tirada). En los 80, el diario creía que su enemigo era la TV y que para competir con esta usina de espectáculos estentóreos debía “modernizarse”. En los 80 y en los 90, antes de la masificación de internet, “modernizarse” significaba adoptar la impresión en color, escribir notas más cortas, apostar a temas que apelaran más a la emoción que a la razón, entretener más que informar, narrar más que describir y sobre todo “impactar” (si era necesario recurrir al escándalo, pues bien, cerrar los ojos y escandalizar sin culpa). Pero mientras los diarios temían a la TV (y la TV abierta comenzaba a temerle a los canales de cable) irrumpía la cultura digital e internet, y entre ambas cambiaban todo el panorama. A fines de los 90, cuando la banda ancha era incipiente y la generación de nuevos medios y contenidos apenas era una apuesta vanguardista, ni los diarios ni la radio ni la TV supusieron que estaban amenazados. Es más, muchos de los medios tradicionales pensaban que internet era una gran aliada para difundir más sus propios contenidos. Ninguno imaginó que aparecerían los blogs y las redes sociales, que permiten que cualquiera pueda comunicarse con cualquiera sin pasar por la intermediación de un medio masivo. En el 2000 todavía la televisión abierta se creía inmortal. En la Argentina el año de quiebre en la pérdida de público masivo en la TV fue el 2007. Ese año el programa con más espectadores (el que conducía Marcelo Tinelli) tenía menos público que el quinto programa más visto en 1967 (cuarenta años antes), cuando la población argentina era la mitad. La TV abierta del 2007 aun creía que su gran problema era competir con el cable, pero el drama para ella era que comenzaba a competir seriamente con internet. A los menores de 25 años en el 2007 ya no les interesa ver TV (ni abierta ni por cable). Desde hace años no hay programas infantiles en la TV abierta porque no hay público infantil para ver TV. Incluso los canales infantiles de cable cada vez se ven más en las tablets y en las playstation que en los televisores. Los niños no entienden la idea central de la vieja TV: limitarse a tal horario y a tal día para ver determinado programa. Los que nacieron con internet ya tienen 20 años. Los que se educaron con internet ya tienen 30 años. El acceso a los contenidos televisivos ha cambiado radicalmente. Si esos contenidos no se suben a plataformas de video (como Youtube, por ejemplo) no se obtiene suficiente repercusión. La mayoría de los programas de los principales canales de EE. UU. tiene más público que lo mira por internet, uno o dos días más tarde, que el que está frente al televisor cuando el programa se estrena. Por eso el consumo de series y programas producidos por los canales premium del cable (como HBO o Fox+) se realiza también on-demand o a través de las plataformas Go, que permiten no sujetarse a horarios, días ni frecuencias, pero que todavía exigen que se esté suscripto al cable. El modelo al que buscan adaptarse todos los canales es el que surgió hace ya unos años cuando Netflix dejó de ser una mera red de alquiler de films por internet (el videoclub virtual) para transformarse en la TV que marca el ritmo de la época. Ha sido tan arrollador su éxito que HBO y Amazon lanzaron en el 2014 en EE. UU. sus propias plataformas de contenidos que se pueden ver en la web sin estar asociados a ningún cable. Pero HBO, al igual que Netflix, quiere expandirse a todo el mundo. Anunció esta semana que en los próximos meses se instalará en América Latina, comenzando por Brasil y Argentina. Cuando por bastante menos dinero de lo que cuesta el cable digital puedas ver todos los contenidos premium de HBO+Netflix, ¿vas a pagar el abono del cable? (*) Crítico cultural
Opiniones
Daniel Molina – @rayovirtual