¿El fin del sueño de la “libre circulación”?

Por Redacción

Análisis

Se considera uno de los mayores logros de Europa: la libre circulación de personas. Poder viajar de un país a otro, cruzar fronteras sin ser sometido a control fue el sueño de muchos europeos que un día se hizo realidad. El acuerdo Schengen de 1985 puso las bases para ello y hoy son 26 los países que forman parte del mismo, sumando un total de 4.000 millones de personas.

Además de 22 países de la Unión Europea, forman parte Noruega, Islandia, Suiza y Liechtenstein. Pero la crisis de refugiados parece estar acabando de repente con la idea y los principios de Schengen. Un país detrás de otro cierran las fronteras provisionalmente y paran trenes: Alemania, Dinamarca y también Austria.

Y esos gestos plantean una pregunta clave: ¿puede mantenerse la libertad de viaje en tiempos en que decenas de miles de refugiados errantes intentan llegar y moverse por territorio europeo?

La Unión Europea se aferra a este principio. El presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, considera que la libre circulación de personas es intocable: “El sistema Schengen no se suspenderá bajo el mandato de esta Comisión”, destacó recientemente .

Pero la crisis ha dejado al descubierto la debilidad del sistema, pues en el acuerdo la libertad de movimiento está estrechamente vinculada al principio de una dura vigilancia de las fronteras Exteriores de la Unión Europea.

Pero Hungría, país de tránsito de miles de refugiados, no está en situación de solucionar los problemas en su frontera exterior de la UE. Deja pasar a muchos inmigrantes sin registrar, lo que viola la Convención de Dublin, que contempla que el primer país de la UE al que llega un solicitante de asilo es el que debe tramitar esa petición. Y contra esa situación Austria y Alemania se defienden interrumpiendo el tráfico ferroviario, una medida con base legal en el acuerdo Schengen. Siempre que se trate de sucesos excepcionales, se le permite a un Estado controlar sus fronteras por 30 días. Alemania ve ahora peligrar su seguridad y orden interno, como asegura en una carta a la Comisión Europea. “Naturalmente es una situación de emergencia cuando en un fin de semana llegan 40.000 refugiados”, señala la Comisión .

Pero incluso cuando Europa comprende la decisión de Alemania, teme un efecto dominó. “Existe el peligro de que olvidemos Schengen, con todas las consecuencias que podría tener para Europa”, advirtió el luxemburgués Asselborn.


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