El otro país
opinión
daniel juri
djuri@rionegro.com.ar
Por Daniel Juri | Otro país. Mejor o peor. Dependerá del cristal con que se mire. Lo cierto es que ayer terminó otro ciclo histórico en la Argentina. Remite, por su trascendencia, a la transición de Raúl Alfonsín en 1983 o a la caída del menemismo, en 1999. Todos puntos de inflexión en los que los personalismos, la ambición y el apego desmedido al poder dejaron un país exangüe y de rodillas.
Bastará solo con abrir en los próximos días la caja de Pandora que deja el gobierno de Cristina Kirchner o el del propio Daniel Scioli en la Provincia de Buenos Aires para comprobarlo. O también esperar a que se apaguen los fuegos de artificio que encendió la presidenta en sus cadenas nacionales o el kirchnerismo, con Scioli a la cabeza durante la campaña electoral, para conocer el debe y el haber del país.
No parece casual que ese punto de inflexión se haya respirado en el humor cambiante de la calle: en solo un año, la Argentina tuvo, sucesivamente, tres presidentes imaginarios: primero fue Sergio Massa. Parecía imbatible y con un pie en la Rosada. Pero Massa siguió de largo y al promediar el año Daniel Scioli no pudo disimular un aire triunfal en su rostro. Una soberbia que hasta lo llevó a dejar el atril vacío en el primer debate presidencial. Se lo veía abrazado al bastón de mando como nunca. Pero desde el minuto tres del 26 de octubre el que siguió de largo fue Scioli y Mauricio Macri se vio a sí mismo con la banda presidencial. La que, efectivamente, terminará poniéndole Cristina el 10 de diciembre.
Al flamante presidente electo le espera una luna de miel tormentosa. Esos primeros cien días en los que todos los manuales dicen que hay que tomar las medidas más antipáticas para que queden escondidas bajo la espuma del triunfo, probablemente, van a acortarse. Ya muchos se pusieron el casco.
Y es que todo va más allá de los fantasmas (devaluación, despidos, privatizaciones, quita abrupta de subsidios) que, en su desesperación, intentó agitar torpemente Daniel Scioli en el último tramo de campaña. Una desesperación que, dicho sea de paso, degradó la política.
Ocurre que, más allá de esos fantasmas, la colonización que hizo el kirchnerismo de todos los estamentos del Estado –que, por ejemplo, llevó a la procuradora general de la Nación, Alejandra Gils Carbó a decir casi con impudicia que seguirá en el cargo más allá del cambio de gobierno– es otro “aporte” de esta versión K del peronismo a la política. El 11 de diciembre Macri ya no podrá confiar ni en el camarero que le sirva el café en la Casa de Gobierno.
El peronismo fuera del poder suele transformarse en un león herido. En lo inmediato, vendrán los pases de factura. Y las traiciones. Después, el león deberá reincorporarse a la selva de la política. De cómo lo haga dependerá buena parte del futuro del país. Por lo pronto, este recambio presidencial no sólo implica el pase a retiro de Cristina. Marca, además, el pase a retiro de la tortuosa generación del 70, que ya bordea en promedio los 70 años de edad. Y la llegada de una camada de dirigentes que creció y se formó políticamente en democracia. De Mauricio Macri a Sergio Massa. De María Eugenia Vidal a Juan Urtubey. De Gabriela Michetti a Florencio Randazzo. Una nueva generación que solo supo de la “juventud gloriosa” por los libros de historia o los documentales de tevé. Todo un dato a tener en cuenta.