El país del algodón

Redacción

Por Redacción

La hazaña de Atlético Tucumán en Quito ofreció hasta ribetes para la risa. “Si hace falta juego de cinco”, llegó a decir Luis Juez, embajador argentino en Ecuador, cuya gestión ayudó acaso a que fuera una decisión política (“de arriba”) la que decidiera al club El Nacional a esperar el arribo de su rival mucho más allá de lo que fijan los reglamentos.

Pero, se sabe, el tema no da para risas. Huracán casi pierde a buena parte de su plantel cuando un autobús sin frenos se estrelló en plena ruta en Venezuela. Y la tragedia aérea de Chapecoense está todavía fresca. Tan fresca que los familiares de los periodistas que fallecieron en el accidente iniciaron demandas contra el club brasileño. Será un juicio interesante. ¿Acaso deslindará responsabilidades Chapecoense en la Conmebol? ¿Cómo no recordar que, horas antes de la tragedia, un oficial de Lamia decía a la TV que su empresa había sido elegida como “la transportadora oficial de la Copa Sudamericana?”.

Atlético se ganó en buena ley, dentro de la cancha, la posibilidad de jugar ante el colombiano Junior el boleto para ingresar al cuadro final de la Libertadores, un sueño inédito para el equipo tucumano. En medio de tanta emoción fácil, dio gusto leer un texto del colega Alejandro Droznes que, más allá del fútbol, dio un sentido histórico a la hazaña de Quito, “en ese contexto –escribe Droznes- de montañas veneradas por los incas y saqueadas por los españoles”, que marcó “el encuentro de Tucumán con su destino sudamericano”. Porque Tucumán, recuerda Droznes, fue corazón del Quapaq Ñan, nombre quechua de la red de caminos incaicos que abarcó buena parte de América y que luego, vaya ironía, fue usado por los conquistadores para invadir. “Camino del Perú” se llama, por ejemplo, una calle en San Miguel de Tucumán. Los indios lules ofrecieron al Inca Huiracocha “mucha ropa de algodón” (utcú en quechua). Así, nos recuerda Droznes, se formó el nombre de Tucumán: “el país del algodón”.

Así como Atlético sueña hoy con su destino sudamericano, su rival clásico, San Martín, buscará recuperar terreno en el Nacional B. Sucede en una Tucumán que vive en estos días la reapertura del juicio contra uno de sus clanes violentos más célebres de las últimas décadas, el Clan Ale. Es el primer juicio en Tucumán por lavado de dinero. ¿Por qué la referencia? Porque el Clan manejó durante una década al club San Martín, acaso para lavar dinero a través del fútbol, como afirma la denuncia. San Martín de Tucumán, bueno es recordarlo, era un club gerenciado, el modelo que, en estos días, muchos señalan como el ideal para curar los males del fútbol argentino.


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