El primer gran arrepentido
Váyanse! Ustedes son bandoleros amparados en la oscuridad de la noche. No van a poder mirar en la cara a sus hijos”. El presidente Arturo Illia así les decía al general Julio Alsogaray y al coronel Luis Perlinger. Mañana se cumplen cincuenta años del derrocamiento de un presidente excepcional. Con toda la emoción que siento quería evocarlo con un recuerdo humilde, que destaca a un ejemplo para los argentinos. En tres años de gobierno dejó la impronta de una conducta sin par y de una república que avanzaba con justicia social.
Corría 1974 y yo había sido electo presidente del centro de estudiantes de Humanidades; eran momentos turbulentos en nuestro país. Invité a don Arturo a dar una charla para que muchos jóvenes que no conocían su riqueza intelectual, su humildad y su obra pudieran tener contacto con él. Vino acompañado de un vecino de Cruz del Eje que lo trajo en su camioneta y se alojó en el hotel Cristal de la avenida Olascoaga. Almorzó en el comedor de la Universidad del Comahue, nos pidió que lo lleváramos a la casa de don Gregorio Álvarez, su amigo, y por la noche conmovió a decenas de estudiantes por su simpleza y conocimientos profundos. Así nos enteramos de que, aparte de ser médico que no les cobraba a los pobres en su casa-consultorio de Cruz del Eje, había tenido mucha relevancia su investigación sobre el mal de Chagas. Durante su mandato se anularon los contratos petroleros que se firmaron en forma lesiva para el país por compañías extranjeras y dio impulso a la explotación del petróleo y recursos energéticos por parte del Estado. Cuando en la charla mencionó la plena vigencia de la autonomía universitaria durante su mandato y que llegó a un 24% el presupuesto para la educación, bajando el presupuesto militar, reconocimos que nunca en la historia argentina se registraron esos indicadores, con la ciencia y la técnica en su apogeo. Expresó que logró que se sancionaran leyes como la del salario mínimo vital y móvil y la ley de medicamentos para que no se traficara con la salud de los argentinos. Observábamos a un hombre, que entró pobre a la presidencia y salió más pobre aún, sin jamás haber utilizado fondos reservados. Nos explicó que no autorizó a las Fuerzas Armadas a participar de la invasión a la República Dominicana: no estaba dispuesto a que nuestras Fuerzas Armadas “jueguen a los soldaditos” vulnerando la soberanía de otro país. El primer día de gobierno, dijo, “levanté la proscripción al peronismo, para que jamás se vulnere la voluntad soberana”. El producto bruto industrial creció exponencialmente, la desocupación bajo drásticamente. Los estudiantes coincidieron en que, con esa inmensa tarea de gobierno, molestaba a otros intereses. Los indicadores económicos muestran la mayor equidad en la historia de los gobiernos argentinos entre el capital y el trabajo.
Se despidió y muchos lo acompañamos hasta el hotel. El impacto fue tan grande que, cuando al día siguiente llegué a su alojamiento para desayunar con don Arturo, había una gran cantidad de estudiantes conmovidos que querían seguir conversando con él. Nos demostró a los estudiantes y militantes que un gobierno progresista sólo puede serlo genuinamente sobre la base del decoro y la transparencia, por eso en su gobierno no hubo casos de corrupción. Sería larguísima la lista de obras y actitudes que signaron el gobierno del Dr. Illia en sólo tres años. Durante el resto de su vida anduvo por todos los pueblos de la patria, tratando de seguir sembrando con sus conceptos democráticos, éticos y progresistas. Semanas pasadas me encontré con algunos de los estudiantes que participaron de las conversaciones con don Arturo y el recuerdo nubló nuestros ojos.
Diez años después del derrocamiento del presidente Illia, apareció en la República Argentina el primer gran arrepentido. Sí, el Coronel Luis Perlinger, que hizo un reconocimiento público manifestando: “El presidente Illia me dio una lección democrática y, a diez años del error cometido, me constituyo en admirador del mejor presidente de la democracia”.
A cincuenta años del derrocamiento de Arturo Illia, este recuerdo lugareño y profundo y con una emocionada oración laica para que los argentinos aprendamos de su ejemplo.
* Vicepresidente de la Unión Cívica Radical Neuquén
“Illia me dio una lección democrática y, a diez años del error cometido, me constituyo en admirador del mejor presidente de la democracia”.
Datos
- “Illia me dio una lección democrática y, a diez años del error cometido, me constituyo en admirador del mejor presidente de la democracia”.