Elimina la nicotina y limpia el espíritu
Son algunas de las bondades que los chinos le dan al té que cultivan hace 2.000 años.
El té verde Longjing (Pozo del Dragón), que se cultiva en China desde hace dos mil años, ayuda a eliminar la nicotina de los fumadores y favorece la digestión en las personas que consumen carne y grasas, lo cual repercute en la limpieza de su estómago y espíritu.
Esta afirmación de la medicina china, basada en el Ying y el Yang, las fuerzas negativas y positivas de las que se dice en China que depende el equilibrio del universo, es algo aceptado a ciegas por este pueblo, cuna de una civilización con más de cinco mil años de antigüedad.
«El té chino es rico en varios tipos de vitaminas y ayuda a eliminar del organismo la nicotina de los fumadores», según un estudio publicado recientemente por el especialista Du Feibao con el título de «China, la patria del Té».
Du señala que las «hojas de té tienen hasta un 30 por ciento de ácido tánico, utilizado en la medicina china como anti-inflamatorio, y un 5 por ciento de alcaloides, especialmente cafeína, que, combinados, estimulan los centros nerviosos y favorecen la digestión».
El ideal es suave y aromático
El estudio de Du Feibao fue desarrollado a partir de una serie de experimentos de la medicina tradicional, que arranca del legendario Emperador Amarillo.
«Lo ideal y aconsejable es tomar un té suave y aromático, las veces que se quiera al día, porque las infusiones fuertes pueden causar trastornos al organismo», señala el estudio.
«Un té con mucho ácido tánico puede irritar la membrana del estómago y afectar a la secreción del jugo gástrico. Si se bebe con exceso, reducirá la secreción de leche de la madre lactante y puede causar desde alta presión sanguínea, hasta insomnio y problemas intestinales», subraya Du.
Para Du «es muy fácil evitar los males del té, sólo hay que seguir un consejo: hacerlo suave».
Independientemente de sus efectos medicinales, esta infusión está ligada a la cultura china con la misma fuerza que la porcelana o la seda.
El Longjing se considera «una delicadeza espiritual» que, a través de rituales, como la ceremonia del té, copiada en Japón y Corea, es un sedante ideal para calmar la mente y lograr la paz.
El té silvestre apareció en China hace entre cinco o seis mil años y, tras ser una planta casi venerada, empezó a cultivarse de forma selecta hace dos mil años para halagar, con los aromas más selectos, al emperador, señalan los textos más antiguos.
Los chinos distinguen entre dos tipos primordiales de té, el verde (Longjing) y el negro (Hong Cha).
Ambos se plantan, entre otros lugares, a lo largo de las riberas del Río Yangtzé, cuna de la civilización que fue llamada «El Reino Medio», en alusión a que se encontraba, según las viejas creencias, en el centro del universo.
«Actualmente más de cuarenta países cultivan té, pero el 90 por ciento de esta producción viene de Asia. Todos los árboles de té que existen en otros países vienen directa o indirectamente de China», señala el experto Du Feibao.
Du agrega que «la costumbre de beber té comenzó en Japón en el siglo sexto de nuestra era y esta costumbre no se popularizó en Europa y América hasta los siglos XVII y XVIII».
«En verano, cuando aprieta el calor, el té disipa el sofoco dándonos una sensación de frescor y calma. Por esa razón abundan las casas de té en las ciudades y mercados de China», recalca Du.
En China todas las comidas terminan con una taza de té y además, en más del 95 por ciento de los restaurantes de todo el país no se sirve o se desconoce lo que es el café.
«Podemos pasar tres días sin probar la sal, pero ni uno sólo sin tomar té», dice un viejo proverbio chino. (EFE)